viernes, 27 de mayo de 2022

"WOZZECK" (Alban Berg) - Palau de les Arts - 26/05/22

Los aficionados de Les Arts hemos ya de desengañarnos de una vez. Ha pasado ya suficiente tiempo desde la inauguración de nuestro teatro de ópera para que todavía no nos hayamos dado cuenta de que no hay temporada, y si me apuráis ni función, en la que todo fluya con normalidad y sin sobresaltos. Es verdad que luego hemos seguido sobreviviendo a inundaciones, pandemias, desplomes de plataformas, estrafalarias detenciones policiales, desprendimientos del trencadís, huelgas, dimisiones y ceses varios, y hasta a la Voulgaridou; pero, caramba, es que no hay ni un momento de respiro... para seguir leyendo pincha AQUÍ

 

viernes, 1 de abril de 2022

"MACBETH" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 31/03/22

Ne3jdol elwkfw kefoo mlqindññ efnii, kefofn… perdón, pero es que estoy recuperándome del doble desprendimiento de retina sufrido ayer en Les Arts con los deslumbramientos de los focos de la producción asesina que nos ofrecieron… pero de eso hablaré después…

Se inicia a telón bajado el tercer cuadro del cuarto acto de Macbeth. La orquesta comienza a sonar. A los pocos compases, el director de orquesta se pone a hablar con los músicos gesticulando, la música se detiene y el director abandona el foso. Perplejidad y desconcierto en la sala. Por la megafonía se anuncia enseguida que se pide al público que permanezca en sus asientos. Se desatan los murmullos y comentarios entre el respetable: “se ha enfadado el director y se ha ido”, “no, igual le ha entrado un apretón”, “aquí ha pasado algo gordo”… Los mejores que yo escuché vinieron de dos señoras de detrás que inmediatamente dijeron: “aquí huele a quemado, vámonos ya”, y así lo hicieron, supongo que pensando ... para seguir leyendo pincha AQUÍ

miércoles, 2 de marzo de 2022

"ARIODANTE" (G.F. Händel) - Palau de les Arts - 01/03/22

Que la vasta creación operística de una figura tan esencial en la historia de la música como Georg Friedrich Händel lleve ausente catorce años de la sala principal de un teatro de la categoría del Palau de Les Arts, no tiene justificación alguna y dice bastante poco a favor de los sucesivos responsables de la programación en este terreno. Desde aquel Orlando, casi ya mítico, representado en 2008, hasta el estreno ayer de Ariodante, la ópera barroca no visitaba con la relevancia merecida el coliseo valenciano. Algo realmente incomprensible... (para seguir leyendo pincha AQUÍ)

jueves, 27 de enero de 2022

"LOS CUENTOS DE HOFFMANN" (Jacques Offenbach) - Palau de les Arts - 26/01/22

El pasado jueves 20 de enero debería haber tenido lugar en el Palau de les Arts el estreno de la célebre ópera Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach, y yo debería haber estado allí para haberos contado después, en este blog, mi impresión de lo visto y oído. Pero, apenas tres días antes de ese esperado estreno, saltaba la noticia de que la primera función quedaba cancelada, postergándose el estreno al domingo 23 “ante la necesidad de reajustar el calendario de ensayos, que se ha visto afectado por la situación pandémica”. Así que, dado que yo no pude ir al estreno del día 23, ya advierto que la crónica que traigo hoy se corresponde con la función de ayer, día 26 de enero... Para seguir leyendo pincha AQUÍ


sábado, 11 de diciembre de 2021

"MADAMA BUTTERFLY" (Giacomo Puccini) - Palau de les Arts - 10/12/21

Por fin, casi tres meses después de iniciada la temporada valenciana, la ópera escenificada llegaba ayer a la sala principal de Les Arts, con uno de los grandes títulos del repertorio, como es la Madama Butterfly de Giacomo Puccini, en lo que constituye la cuarta ocasión en la corta historia de este teatro en la que el drama de Cio-Cio-San se representa en el coliseo de Calatrava. Algo que sinceramente me parece un poco excesivo... Para seguir leyendo pincha AQUÍ


jueves, 4 de noviembre de 2021

"DOÑA FRANCISQUITA" (Amadeo Vives) - Palau de les Arts - 031121

Tras haber inaugurado Les Arts su temporada operística con una obra que no es una ópera, como fue ese peculiar Réquiem de Mozart convertido escénicamente por el ingenio de Romeo Castellucci en no se sabe muy bien qué; ayer se ofreció otro título del abono que, cáspita, resulta que tampoco es una ópera. En este caso se trata de la cuota anual zarzuelera, servida para la ocasión, eso sí, con una obra cumbre del repertorio como es Doña Francisquita, de Amadeo Vives, que en su vertiente musical tiene mucha más enjundia que la que tradicionalmente los prejuicios y la ignorancia pretenden atribuirle al género. Aunque, lo cierto es que, como luego veremos, también se ha ofrecido adaptada de forma no poco peculiar en su apartado escénico... (para seguir leyendo pincha AQUÍ)

viernes, 1 de octubre de 2021

"REQUIEM" (W.A.Mozart) - Palau de les Arts - 30/09/21


El Palau de les Arts inauguró ayer oficialmente su nueva temporada 2021-2022, que esperemos que pueda desarrollarse sin incidencias en su programación ni tanto sobresalto pandémico como las dos anteriores, y ojalá dentro de muy poco podamos volver a recuperar en nuestros teatros aquella “normalidad” que tan lejana nos parece.

Esta apertura de temporada... (para seguir leyendo pincha AQUÍ)

martes, 29 de junio de 2021

TEMPORADA OPERÍSTICA 2021/2022 EN EL PALAU DE LES ARTS

 

Esta mañana han comparecido en rueda de prensa en el Palau de les Arts, la secretaria autonómica de Cultura y Deporte de la Generalitat, Raquel Tamarit, el presidente del Patronato de Les Arts, Pablo Font de Mora y el director artístico, Jesús Iglesias Noriega, para hacer público el anuncio de los espectáculos que, con el permiso de pandemias, huelgas o incidencias varias, están destinados a componer la temporada operística valenciana 2021/2022. De paso, se ha hecho público lo que ya venía rumoreándose insistentemente desde hace meses, como es la designación del norteamericano James Gaffigan como nuevo director titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana para los próximos cuatro años, algo que, como ya he comentado numerosas veces en este blog, no me alegra especialmente, pero de esto ya habrá tiempo de hablar.

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sábado, 12 de junio de 2021

LA NOVENA DE LES ARTS. EL TIMO DE LA ESTAMPITA

Quienes seguís habitualmente este blog sabéis que he venido defendiendo públicamente la gestión que en los últimos meses, desde la dirección artística y órganos de gobierno del Palau de les Arts, se ha venido realizando en el emblemático teatro valenciano pese a las enormes dificultades derivadas de la pandemia de COVID-19 y de una normativa errática y confusa que dificultaba enormemente mantener la programación de un recinto cultural de este nivel. Todo lo dicho lo mantengo.

Pero eso no quita para que cuando se hacen las cosas mal o muy mal, como es el caso ahora, también me sienta obligado a comentarlo aquí, con la esperanza de que se rectifiquen los errores y que, entre todos, coadyuvemos a mejorar la siempre compleja gestión de un recinto cultural de esta envergadura.

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miércoles, 9 de junio de 2021

EL COR DE LA GENERALITAT EN HUELGA

Esta mañana se ha confirmado oficialmente la noticia que en los últimos días circulaba como un insistente rumor en el ambiente musical valenciano: el Cor de la Generalitat ha convocado huelga para los próximos días 19 de junio y 1, 2, 16, 21 y 29 de julio, en protesta ante la falta de respuesta, por parte del Instituto Valenciano de Cultura y la Generalitat, a sus reivindicaciones, con las que únicamente pretenden garantizar su supervivencia y asegurar la estabilidad de toda la plantilla, poniendo fin a la situación de temporalidad, impuesta por la administración, que viven desde hace treinta años. Estos paros se unen al ya anunciado para el 18 de junio, día en el que secundarán la convocatoria de huelga general de los trabajadores públicos del Estado contra el abuso de la temporalidad por las administraciones públicas.

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lunes, 24 de mayo de 2021

"CAVALLERIA RUSTICANA" (P. Mascagni) y "PAGLIACCI" (R. Leoncavallo) - Palau de les Arts - 23/05/21

Los aficionados a la ópera que hemos tenido la fortuna de disfrutar de la programación del Palau de les Arts desde su inauguración, tenemos en la memoria veladas absolutamente irrepetibles. Obviamente cada uno tendrá sus preferencias. Yo, por ejemplo, no dejaría de incluir SaloméOtello o dos Britten para chuparse los dedos como fueron El sueño de una noche de verano y Peter Grimes; y, por supuesto, añadiría otros títulos sobre los que seguro que habría una mayor coincidencia, como los dos ciclos de El Anillo de 2009, el primer FidelioParsifal o la Cavalleria Rusticana de Maazel en 2010.

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sábado, 17 de abril de 2021

"EL BARBERILLO DE LAVAPIÉS" (Francisco Asenjo Barbieri) - Palau de les Arts - 16/04/21

Permitidme que, aunque me repita, empiece esta crónica agradeciendo una vez más el esfuerzo que siguen llevando a cabo cada día los trabajadores y equipo técnico y artístico de Les Arts para que podamos disfrutar de cultura con seguridad. Y es que el teatro valenciano continúa adelante con su programación, resistiendo las adversidades externas cual irreductible galo, aunque, como Obelix, sin poder chupar de la marmita de poción mágica. Ayer le tocó el turno al estreno del cupo zarzuelero de la temporada con uno de sus títulos más celebrados, El barberillo de Lavapiés, de Francisco Asenjo Barbieri... Para seguir leyendo pincha AQUÍ

miércoles, 3 de marzo de 2021

"FALSTAFF" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 02/03/21


Ayer tuvo lugar en el Palau de les Arts de Valencia uno de los acontecimientos más esperados de la presente temporada operística con el estreno de la maravillosa ópera de Giuseppe Verdi, Falstaff. Era, como digo, uno de los eventos que se aguardaban con una mayor expectación, tanto por la calidad de la obra presentada, como también por todas las vicisitudes que se han ido sucediendo en los últimos meses afectando a la programación de este espectáculo.

Apenas 48 horas antes del estreno... (para seguir leyendo pincha AQUÍ)

viernes, 11 de diciembre de 2020

"LA CENERENTOLA" (Gioachino Rossini) - Palau de les Arts - 10/12/20

Con el estreno anoche de la ópera La Cenerentola, de Gioachino Rossini, el Palau de les Arts de Valencia dio otro paso adelante más en el normal desarrollo de su temporada 2020/2021. Y me parece importante empezar esta crónica destacando esto.

En primer lugar, para ver si así se enteran esas personas que andan por ahí diciendo en medios de comunicación y redes sociales varias, esa majadería de que el Teatro Real es el único recinto operístico activo en España. Es verdad que algunas de ellas no merecen la más mínima consideración, pues no son más que miserables chupatintas y juntaletras provinciano-capitalinos sin oficio ni beneficio; pero, incomprensiblemente, también ha caído en la falsedad otra gente que me merece tanto respeto profesional y tan vinculadas a Les Arts como Gonzalo Alonso.

Y, en segundo lugar, sobre todo, quiero reflejar ese hecho para significar el mérito que tiene en las circunstancias actuales, en plena nueva efervescencia de la pandemia, con mayores restricciones de aforo, aumento de las medidas preventivas y con el pánico instalado en muchas personas, el seguir manteniendo la actividad de Les Arts cueste lo que cueste, apostando por salvaguardar la cultura, y conseguir hacerlo además con un nivel de calidad en sus espectáculos que ya quisiera poder ofrecer hoy en día cualquier recinto operístico de los de primera fila mundial, muchos de los cuales han optado por cerrar, otros han limitado su programación a retransmisiones en streaming y algunos más han recortado sus previsiones u ofrecen espectáculos o repartos de circunstancias.

Por ello, vaya de nuevo mi incondicional aplauso y agradecimiento al director artístico Jesús Iglesias, al director general José Carlos Monforte y a todos los trabajadores del Palau de les Arts por su labor, por seguir haciendo posible que se siga representando ópera en Valencia, manteniendo viva esa pequeña llama de esperanza en medio de la oscuridad que nos rodea. Sabéis que cuando considero que debo dar caña no me corto en hacerlo, pero cuando las cosas se hacen bien, o al menos lo mejor posible, creo que lo justo es valorarlo también. Pero bueno, vamos al lío.

Rossini es un compositor que tiene sus fieles adeptos (ahí permanece sobreviviendo con salud de hierro, año tras año, el prestigioso Festival de Pésaro) y que igualmente también hay muchos aficionados que no lo soportan. Yo no me considero encuadrado en ninguna de las dos categorías. Posiblemente me acerque más a los segundos que a los primeros, pero reconozco los valores que tiene su música y, sobre todo, cuando los espectáculos están bien servidos, pienso que se puede disfrutar mucho con ellos, como ocurrió anoche en Les Arts. Confieso que La Cenerentola no es precisamente una de las obras que prefiero del compositor de Pésaro. Me parece bastante pestiño, tontuna y cansina, aunque reconozca que el segundo acto tiene poco desperdicio.

No es esta la primera ocasión en que se representaba La Cenerentola rossiniana en Les Arts. Ya en 2011 pudimos ver una producción del Festival de Pésaro, con dirección escénica de Luca Ronconi y musical de Michele Mariotti, con algunas voces para olvidar y de irregulares resultados. Esta vez se ha optado por presentar una nueva coproducción del teatro valenciano con la Dutch National Opera y el Grand Théâtre de Genève que cuenta con la dirección escénica de Laurent Pelly, otro ilustre nombre de la regia operística que todavía no había debutado en Valencia y que lo ha hecho con un resultado estupendo. Al director parisino se deben algunas joyas que han quedado ya como referentes del buen hacer escénico, como sus conocidas creaciones para La fille du régiment o Cendrillon.

Laurent Pelly se encarga también en esta producción, junto a Jean-Jacques Delmotte, del diseño del colorido vestuario, y se cuenta también con las inestimables aportaciones de la cuidada escenografía de Chantal Thomas y el diseño de iluminación de Duane Schuler. El atractivo visual de la propuesta es innegable, y la frescura y agilidad del planteamiento escénico se adaptan como un guante al espíritu rossiniano que brilla aquí en todo su esplendor, potenciado por una divertida y muy inteligente dirección escénica.

La versión ofrecida por Pelly parece concebir toda la historia como un sueño de Angelina, la protagonista. La acción se desarrolla así en dos planos: el de la realidad deprimente de la joven que se pasa el día trabajando en las tareas del hogar del barón y sus hijas, explotada por estos; y el onírico, que tiene lugar en la mente de Angelina, donde sus ilusiones pugnan por hacerse realidad y en el que todo se irá volviendo de un intenso color rosa. La ópera comenzará y finalizará con la imagen de la protagonista sumida en su realidad de fregona a escenario vacío mirando al público con cara de boba. Eso nos indica que todo lo que acontece entre medias, sus deseos y coloridas fantasías, no ha sido más que un sueño, el cual parecerá irse materializando en escena mediante los incesantes cambios y movimientos del decorado, pasando del sillón con flecos o la formica de la cocina de Don Magnífico, al suntuoso mobiliario del palacio rosa. Ese permanente tránsito de la realidad a los sueños se verá reflejado también en la iluminación y el vestuario, consiguiéndose con todo ello mantener un muy ágil ritmo dramático y un fluir narrativo visualmente impactante y muy adecuado al devenir de la trama. Nada que ver con la propuesta de Ronconi presentada en 2011, donde los cambios de escenografía entre cuadro y cuadro se hacían eternos.
Una de las cosas que más me gustaron ayer fue que esos movimientos en escena de los cantantes constituyen por sí mismos una auténtica coreografía, estando plagados de mil gestos y detalles, siempre acoplados a las notas musicales que surgen del foso. Como digo, es como una permanente coreografía que acompaña todo el desarrollo de la trama. Y es que hay en esta versión un importante y muy exigente trabajo de dirección de actores que, además, no sólo requerirá de los cantantes de unas sólidas facultades interpretativas, sino también de una buena forma física, pues no son pocas las subidas y bajadas de escaleras o a los elementos móviles que modifican el decorado, el corretear por el escenario o mil ocurrencias más planteadas por la regia para que se lleven a cabo mientras se canta (inolvidables, por ejemplo, los saltos en el sofá de Angelina).

Sé que ayer en algunos corrillos surgió el perpetuo debate acerca de hasta qué punto pueden llegar esas exigencias escénicas si pueden acabar afectando al mantenimiento de unas condiciones óptimas para que el canto no se vea alterado. Todos tenemos en el recuerdo, por hablar de otro Rossini, aquel mareante Barbiere de Michieletto, ejemplo de cómo, si estiras la cuerda demasiado, te arriesgas a que al final se rompa y se desmorone el conjunto de un trabajo que como planteamiento estaba bien concebido. Conseguir ese justo equilibrio es la clave, y aquí, desde mi punto de vista, Pelly sí ha logrado mantenerlo, fundamentalmente también gracias a contar en este reparto con un conjunto de cantantes que han respondido extraordinariamente bien a las exigencias actorales.

A mi juicio, el mayor hándicap de la propuesta estriba en otro elemento que pienso que sí perjudica a las voces bastante más que los movimientos de los cantantes, como es que el escenario se encuentre abierto por los laterales y con un campo de acción bastante profundo y abierto, lo que perjudica la sonoridad de las voces menos caudalosas cuando los solistas se encuentran demasiado retrasados del proscenio. Y otro detalle que, aunque no me molestó no acabé de entender, fue el  por qué Alidoro sale caracterizado de director de orquesta, con batuta incluida. Pero bueno, a pesar de estos detalles menores, creo que ha sido una de las propuestas escénicas con las que más he disfrutado últimamente y que he encontrado más adecuadas a la obra representada.

Tras haberse cancelado la presencia en estas funciones, como director musical, del inicialmente anunciado Maurizio Benini, ha sido finalmente Carlo Rizzi quien se ha situado en el foso al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. El director italiano ya pasó por Les Arts en 2013, dirigiendo el Réquiem de Verdi, también por cierto en sustitución del titular entonces previsto, nada menos que Riccardo Chailly. Igual que ocurriera en aquella ocasión, Rizzi llevó a cabo una correcta labor de batuta, sin que tampoco haya nada muy relevante que reseñar, ni hubiera ninguna genialidad que brillase especialmente, pero creo que su trabajo fue cumplidor y resultón en una partitura que tampoco es el recopetín y en la que pienso que lo más importante es saber acompañar las voces y ofrecer un marco adecuado para que los solistas destaquen y exhiban sus cualidades, cuidando especialmente, sobre todo, la concertación en los complicados y abundantes números de conjunto que concibió el genio rossiniano. En esa faceta de cuidado de las voces y la concertación, creo que Rizzi sí consiguió cumplir el objetivo.

Es verdad que yo eché en falta un pelín más de nervio e intensidad en algunos momentos donde los tiempos me parecieron algo lentos, como en la obertura (que por cierto fue interpretada, afortunadamente, a telón bajado), pero en general creo que su trabajo fue positivo. Sí me pareció que brilló mucho más la orquesta en otro instante proclive al lucimiento orquestal, como es el del temporal, donde los músicos de nuestra orquesta hicieron gala de su valía. Entre ellos, me pareció destacable el trabajo durante toda la noche de toda la sección de vientos, con trompas y flautas en especial, así como la labor al clave de Simone Ori.

Los componentes masculinos del Cor de la Generalitat estuvieron en su línea habitual, esto es, excelentes en lo vocal y en lo interpretativo, sabiendo adaptarse también con profesionalidad y sentido de la comedia a los requerimientos del director escénico. Cantaron con mascarilla todo el tiempo, lo que en su primera intervención es cierto que da la impresión de una sonoridad más opaca, pero conforme avanza la representación consiguen que uno se olvide del enmascaramiento. Me parecieron estupendos en la escena con Don Magnifico, así como en el acompañamiento a Don Ramiro en Noi voleremo, domanderemo y en el coro Della fortuna istabile la revolubil.

En el apartado de los solistas vocales, en lo que se está convirtiendo en una afortunada costumbre de la etapa Iglesias, ha vuelto a presentarse en Les Arts un reparto muy homogéneo y de calidad.

En la mezzosoprano Anna Goryachova, quien ya cantase en esta producción a su paso por el Grand Théâtre de Genève el pasado mes de septiembre, recayó la responsabilidad de asumir el complicado papel de Angelina. Quizás no sea la rusa una contralto de reglamento, pero sí alcanza las exigencias en los graves con sonoridades acontraltadas. El timbre y el color oscuro de su voz son ciertamente atractivos, y se aleja de esas emisiones entubadas y retrasadas tan comunes en este tipo de voces. Conoce además el género y se ajusta al estilo rossiniano con ductilidad, brillando en los momentos de euforia lírica, con unos agudos amplios y brillantes, aunque hubiera alguno con un punto chillado. Al mismo tiempo, sabe ofrecer con sensibilidad todo el aroma melancólico que desprende el personaje. Mostró una voz homogénea, que maneja con un cuidado legato y fraseo, afrontando con seguridad la coloratura, adornos y mil requerimientos que tiene Angelina, especialmente en esa traca final que es el Nacqui all’ affanno… Non piú mesta que resolvió más que dignamente. En el aspecto interpretativo, aunque no ofrezca un derroche de expresividad, no puede negársele una entrega absoluta, y en este punto no me resisto a volver a reseñar aquí sus saltos sobre el sillón de flecos.

Siempre he tenido una debilidad especial por el tenor norteamericano Lawrence Brownlee. Desde que empecé a escucharle en videos y grabaciones, me interesó mucho su voz ligera y ya le dediqué una entrada en este blog en 2010. Su Don Ramiro presenta una línea de canto magnífica, plena de sutileza y elegancia, con un dominio insultante del canto ligado, gracias a un fiato espectacular. También sorprende por la naturalidad y facilidad con la que se mueve en el registro agudo sin pestañear. Una vez escuchado en directo, he de decir, no obstante, que, efectivamente, tal y como sospechaba, el único reparo que se le puede poner a Brownlee es su volumen limitado, pero, al igual que ocurre con otros tantos ilustres cantantes con voces pequeñas (Flórez, Bartoli…), ello no puede desmerecer sus múltiples virtudes canoras.

Uno de los principales alicientes de esta Cenerentola era el debut en nuestro teatro, por fin, del grandísimo bajo-barítono Carlos Chausson, una de las voces más relevantes que ha dado nuestro país en los últimos años y cuya ausencia en el teatro de Calatrava era una deuda imperdonable que finalmente se ha visto satisfecha. Y lo ha hecho por la puerta grande, convirtiéndose, a mi juicio, en lo más sobresaliente de una función muy relevante El cantante zaragozano, pese a su veteranía, sigue manteniendo una frescura de instrumento y una presencia vocal y escénica imponentes. El rol de Don Magnifico, barón de Montefiascone, es uno de sus papeles fetiche, con el que ha dado muestra de su inmenso arte en los principales teatros de ópera del mundo, y ayer, como no podía ser menos, se metió en el bolsillo al público de Les Arts nada más abrir la boca con el Miei rampolli femminini. Es un auténtico lujazo poder disfrutar de las enormes dotes escénicas de Chausson que sabe bien lo que es un bajo bufo rossiniano y borda la interpretación actoral de la comedia con un dominio sin parangón del gesto y del texto, sin caer en la ridiculización y la fácil payasada, al tiempo que ofrece toda una lección de estilo y de canto belcantista. Su dicción y la intención de su fraseo son impecables, sus recitativos deberían ser asignatura obligada en los conservatorios y su dominio del canto silabato dejó a la platea con la boca abierta (bajo las mascarillas, que no cunda el pánico) en la exhibición que hizo en este apartado durante toda la velada, especialmente en el Sia qualunque delle figlie del segundo acto.

Para mí fue una muy grata sorpresa el Dandini del joven cantante catalán Carles Pachón que lució una bella voz de auténtico timbre baritonal que corría liberada y fresca por la sala, luciendo una emisión natural, de amplio volumen, que brillaba especialmente en su registro central. Aunque no rebosase de matices, sí que mostró un fraseo cuidado e intencionado, con muy buena dicción y cuidando además los recitativos con pulcritud. Interpretativamente estuvo espléndido, con gracia y desparpajo en los muchos momentos cómicos que tiene el personaje, y consiguió aguantar el tipo y dar justa réplica a Chausson en el dúo Un segreto d'importanza, lo cual no es moco de pavo.

El papel del filósofo Alidoro recayó en el joven bajo italiano Riccardo Fassi, quien presentó un instrumento de innegables cualidades que todavía debe pulir un poco más en cuanto a finura del fraseo y técnica vocal, a fin de liberar más la emisión. No obstante, cumplió con corrección en su aria Là del ciel nell'arcano profondo y estuvo también voluntarioso en el apartado escénico.

Los papeles de las odiosas hermanastras Clorinda y Tisbe fueron interpretados, con  buenas prestaciones vocales y, sobre todo, con un magnífico derroche de expresividad actoral, por Larisa Stefan y Evgeniya Khomutova, ambas alumnas del Centre de Perfeccionament ese que ya no lleva el nombre de un cantante cuyo nombre empieza por Placi y acaba por Mingo, que venía todos los años a Valencia y fue muy famoso, pero que ahora parece que no haya existido nunca.

Como ya pasara en la reciente representación del 26 de noviembre del extraordinario Mitridate que ofrecieron Marc Minkowski y Les Musiciens du Louvre, ayer volvió a haber pausa entre los actos primero y segundo. No entiendo muy bien que al final de la representación se sea tan estricto en cuanto al orden de salida e itinerario a emplear y en el descanso salga la gente al foyer cuándo y cómo le sale del clarinete. Pero bueno, no critico la pausa, de la cual se alegran mucho las próstatas añosas y las abstinencias nicotínicas, ninguna de las cuales es mi caso; pero la paradinha origina que la función se alargue más allá de las tres horas, haciendo muy difícil poder llegar a casa antes del toque de queda de las 00.00 horas, lo cual, por cierto, resulta muy apropiado para ambientar esta Cenicienta.

La sala principal de Les Arts, como era de esperar, presentó una mayor ocupación que en la anterior ópera de temporada, Fin de partie, y, dentro de las limitaciones obligadas de aforo, puede considerarse que había una buena entrada. Entre las personalidades asistentes sólo pude identificar al alcalde de Valencia, Joan Ribó. Al final de la representación se ovacionó con fuerza a todos los participantes, siendo especialmente braveados, Carlos Chausson, Anna Goryachova y el Cor de la Generalitat. No entiendo por qué no salió a saludar ninguna persona del equipo escénico, cuando en esta ocasión pienso que tenían garantizado el reconocimiento de un público que disfrutó enormemente con la propuesta planteada. Yo me quedé en un bravus interruptus porque estaba dispuesto a bravearles sin tapujos en cuanto aparecieran en escena,

Así que ya sabéis cómo voy a terminar, recomendando a todos los que quieran pasar un buen rato que acudan a Les Arts alguno de los días que quedan programadas funciones de esta Cenerentola, para disfrutar del genio de Rossini, de una puesta en escena vistosa y divertida y de un elenco vocal muy solvente.

Pero no, no voy a acabar así. Lamentablemente, hoy he leído en la prensa local que los fantasmas que parecían desterrados sobre el futuro del Cor de la Generalitat han resucitado, ya que parece ser que la administración autonómica valenciana está dispuesta a incumplir los acuerdos a los que llegó con los representantes de la agrupación en 2019, al pretender sacar el IVC a oposición todas las plazas actuales, dejando de lado lo pactado el pasado año cuando se alcanzó un acuerdo para paralizar la anunciada convocatoria de huelga de sus miembros. La oferta pública de empleo que se ha propuesto ahora y que se tendría que aprobar antes de fin de año según el citado acuerdo, tenía que ser decidida por la Comisión de Diálogo Social que aún no ha tomado una decisión. Estas canalladas y puñaladas por la espalda son características de estos mequetrefes y mequetrefas con carguito que ignoran la responsabilidad que asumen hacia la sociedad que los ha colocado ahí y que hoy dicen culo y mañana teta sin rubor alguno ante sus propias contradicciones  y engaños. Sinvergüenzas se les llamaba cuando yo iba al cole, hoy se les tilda de Molt Honorable y de Excelentísimo/a señor/a.

Yo sólo sigo reiterando lo que he dicho en mil ocasiones. No hay más solución que garantizar la estabilidad y consolidación de todos los componentes del Cor de la Generalitat, con las medidas que sean necesarias, ordinarias o extraordinarias, para preservar este irrenunciable activo cultural de toda la Comunitat Valenciana. Cuando se quieren solucionar situaciones extraordinarias, se encuentran soluciones. Encuéntrenlas. Cualquier decisión que se adopte en contra de esto es un absurdo e injustificado suicidio cultural.

 

viernes, 30 de octubre de 2020

"FIN DE PARTIE" (György Kurtág) - Palau de les Arts - 29/10/20

 

Ayer pudimos vivir en el Palau de les Arts de Valencia el estreno en nuestro país de la ópera Fin de partie del compositor húngaro György Kurtág, una obra cuyo estreno absoluto tuvo lugar en Milán hace apenas dos años y que recientemente obtuvo el reconocimiento del International Opera Award 2019 al mejor estreno mundial. Y estimo justo considerar que los que estuvimos presentes anoche vivimos uno de los momentos más importantes de la relativamente corta historia de este teatro.

Lo digo de corazón porque así lo pienso. Espero que no se tome como la falsa afirmación de un snob que pretende hacerse el interesante o mirar por encima del hombro a quien no sepa apreciar este tipo de música. A mí también me cuesta un poco más esfuerzo dejarme llevar por estas composiciones y hay cosas que me gustan más y que me gustan menos. Esta me gustó mucho cuando la vi en youtube a finales de 2018 y ayer me gustó aún más.

Pero más allá de lo mucho o poco que a algunas personas les haya podido convencer el espectáculo ofrecido, me parece un enorme acierto que la actual dirección artística de Les Arts apueste claramente por abrir también un hueco en la programación a nuevas creaciones operísticas; sobre todo si, como es el caso, vienen con el aval de tratarse de una partitura escrita por un personaje tan relevante en el poco frecuentado ámbito de la música contemporánea como es György Kurtág, y con el muy sólido sustento dramático de la obra del mismo título de una figura fundamental del teatro del siglo XX como Samuel Beckett. Ya manifesté mi apoyo a este tipo de iniciativas en otras ocasiones, como, por ejemplo, cuando en 2016, todavía en plena era Livermore, se decidió estrenar en este teatro por primera vez en España la ópera Café Kafka, de Francisco Coll.

Creo que a los aficionados valencianos sólo nos cabe felicitarnos y sentirnos muy orgullosos de que nuestro teatro tenga el honor de ser el primero en España y el tercero en el mundo en el que se haya representado esta obra, tras su estreno en Milán en 2018 y en Ámsterdam en 2019, estando previsto que, si todavía queda alguien vivo para entonces, próximamente se represente en Nueva York y París. Y pienso también que dice mucho a favor de los gestores actuales del teatro y de su sincero compromiso por la cultura que, especialmente en unos momentos tan difíciles como los que vivimos actualmente en todos los ámbitos, pero muy singularmente en el mundo cultural, se apueste por abrir la programación operística a nuevas creaciones, aunque ello suponga la renuncia al taquillazo garantizado de los afamados títulos de repertorio de siempre.

Me parece mucho más lógico que en el abono anual de la temporada valenciana de ópera haya un hueco permanente para la ópera contemporánea que, por ejemplo, para el ballet. Sí, ya sé que soy un cansino con los tutús y las puntas… Ojo, no digo que el ballet, como el flamenco, el jazz, la música pop, las bandas o los campeonatos de petanca sobre patines, no puedan tener su hueco en la programación de este excesivo contenedor cultural, por supuesto que sí; simplemente hablo de la inclusión de los espectáculos en los abonos anuales, donde sigo proponiendo, aunque nadie me escuche, que debería diferenciarse un abono de ópera y, como mucho, conciertos, y otro para el ballet, que también tiene sus buenos y numerosos adeptos y seguro que tendría éxito. Pero bueno, lo dejo ya que me repito más que los chistes de Gila.

Imagino que la inclusión en la programación de esta obra se produjo antes de que ni siquiera se sospechara el caos generalizado derivado del querido COVID-19, supongo que sí, pero el caso es que parece elegida a propósito para estos tiempos apocalípticos. Por una parte, por el reducido número de intérpretes en escena que requiere, únicamente cuatro y tres de ellos no se mueven de su posición, Hamm que no puede levantarse de su silla de ruedas y Nell y Nagg que viven sin piernas en sendos cubos de basura, con lo que no hay mucho problema para que se respete la distancia social sobre el escenario. Y por otro lado, su aparentemente surrealista pero interesante argumento, que no deja de contener una profunda reflexión sobre la misma condición humana, presentando cuatro seres confinados (eso sí, sin estado de alarma) en su propia situación vital desesperada, limitados en la comunicación con el resto de personajes por las propias carencias de cada uno de ellos, estando ya todos hartos unos de los otros, y a los que sólo les queda aguardar el final liberador, el fin de la partida. Es verdad que hay en la obra momentos que destilan  humor, negro obviamente, pero no nos engañemos, pese a esos toques y a un sutil mensaje esperanzador, si estás de bajón tampoco te vas a partir la caja. Fin de la partida lo llamó Beckett y el propio Kurtág califica la obra como un adiós a la vida. Alegría.

El libreto es obra del propio compositor que ha respetado escrupulosamente el texto original de Beckett aunque no reproduciéndolo íntegramente, sino que se ha efectuado una selección de pasajes y de ahí que la ópera lleve el subtítulo de “escenas y monólogos”. Se desarrolla en un solo acto en el que a su vez pueden diferenciarse doce partes, más un prólogo, en el que la contralto canta el poema Roundelay escrito por Beckett en 1976, y un maravilloso epílogo orquestal.

La producción presentada cuenta con el mismo equipo escénico y la misma dirección musical y solistas vocales que los que protagonizaron su estreno mundial en 2018. La dirección de escena corre a cargo de otro reputado nombre, como es el de Pierre Audi, de quien, aunque algún medio publicaba que era este su primer trabajo en Les Arts, hay que recordar que ya pudo verse anteriormente su creación para aquella Bohème de 2006 con rotura del escenario incluida. El director franco libanés cuenta para la ocasión con la inestimable colaboración de la escenografía y vestuario de Christof Hetzer y, sobre todo, de una iluminación, firmada por Urs Schönebaum, por momentos sobrecogedora, con unos juegos de luces y sombras subyugantes que potencian el desaforado tono expresionista de la obra y rebosan belleza visual.

El escenario está dominado por el refugio, una cabaña en la que se encuentran esos seres desgraciados que posiblemente constituyan el último vestigio de una humanidad que toca a su fin. Ese será el único espacio en el que se desarrolle toda la acción, aunque las perspectivas de la casa irán cambiando, así como los ambientes sugeridos por la iluminación. Si decía antes que Kurtág ha respetado el texto de Beckett, Audi hará lo propio con ambos, honrando a dramaturgo y compositor con una puesta en escena sabia en su concepción, hechizante visualmente y que envuelve con mimo la acción y la engrandece, eludiendo ser protagonista ni molestar. Una creación construida al servicio exclusivo de la música y el texto. Todo un ejemplo de trabajo bien hecho con eficacia y sencillez.

La partitura de György Kurtág, además de las virtudes estrictamente musicales que contenga, constituye un ejemplo de amor y respeto al teatro y representa la perfecta comunión entre texto y música, entre el lenguaje utilizado por Beckett, con un estudio profundo y detallado por el compositor de cada una de sus palabras, de cada uno de sus fonemas, y una música que se ajusta a esos sonidos y se recrea en ellos, potenciando sus significados y emociones con filigrana artesanal a lo largo de unos pentagramas que desbordan color, personalidad y expresividad. Pese a que el foso lo ocupa una orquesta bastante numerosa, la mayoría de los pasajes rezuman un tono íntimo, casi camerístico, con un especial protagonismo de metales y percusión y de instrumentos de sonido grave como tuba o fagot. Los silencios serán otro elemento fundamental y tan importante como los sonidos, pudiendo casi escucharse y guardando un mágico equilibrio con estos.

A los mandos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana ha estado esta vez el mismo director que tuvo el privilegio de protagonizar el estreno mundial milanés, el alemán Markus Stenz que estimo que realizó un trabajo espléndido. Lo primero que quiero reseñar es que dirigió con mascarilla, lo que considero una muestra de respeto hacia los músicos que también iban enmascarados. No siendo yo un entendido en este tipo de música, ni conociendo la partitura más que de un par de escuchas, no osaré opinar demasiado al respecto de su labor, aunque sí debe dejarse constancia de la claridad de gesto y de cómo marcaba todas y cada una de las entradas y detalles de la partitura, atentísimo a cuanto ocurría en el foso y sobre la escena. Las prestaciones orquestales obtenidas fueron más que sobresalientes ante una partitura increíblemente exigente, consiguiendo exhalar una enorme fuerza expresiva, riqueza tímbrica, de colores, matices y de texturas, manteniendo al tiempo un cuidado equilibrio del conjunto. Todo el epílogo musical final fue electrizante y de poner los vellos de punta. Creo que ha sido una de las noches más inspiradas de los últimos años de nuestra Orquestra de la Comunitat Valenciana y en un repertorio muy complicado y que no suelen frecuentar, lo que tiene mucho más mérito.

Como decía antes, los solistas vocales son también los mismos que estrenaron la obra en Milán. Parece ser que antes de ese estreno estuvieron tres años trabajando directamente con Kurtág con exhaustivos ensayos en casa de este. No se trata de cantantes especialmente conocidos, aunque algunos de ellos son habituales en el repertorio de la música contemporánea, y si algo puede destacarse de los cuatro es su adecuación al estilo y, sobre todo, su excelente rendimiento en el apartado actoral y en el lenguaje gestual, algo fundamental en una obra como esta en la que la vertiente teatral es tan importante o más que la musical. Es curioso que, pese a que se trate de una obra escrita en francés donde se da tanta importancia a la palabra, ninguno de los cantantes sea francés, aunque los resultados no se resintieron por ello.

El bajo barítono noruego Frode  Olsen interpreta a Hamm, hijo de Nelly Nagg, que es ciego y permanece permanentemente sentado en una silla de ruedas de la que no puede levantarse. Esto hace que la voz sea el único recurso expresivo de este personaje que además tiene el papel más extenso, de ahí que el cantante tenga el importante reto de intentar ser capaz de trasladar todas sus emociones mediante una amplia variedad de matices en su canto. Olsen cumple la prueba en la faceta interpretativa, gestual y expresiva con nota. Cosa distinta es la calidad de una voz áspera y ajada que en la zona más grave queda falta de consistencia y reducida a un remedo de eructo, lo que originó que la orquesta le sobrepasase cada vez que se internaba en ese registro más bajo; pero bueno esto tampoco es una ópera belcantista y aquí es mucho más importante la expresividad que la belleza vocal y en ese aspecto no se le puede reprochar nada.

El barítono Leigh Melrose fue el encargado de encarnar a Clov, el criado cojo de Hamm que, a diferencia de este, permanece siempre de pie y no puede sentarse. El cantante australiano frecuenta el repertorio contemporáneo y del siglo XX, siendo habituales en su agenda nombres como Berg, Zimmermann, Britten, Fujikura o Wigglesworth. Tiene Melrose una voz con volumen, pero no especialmente bonita ni su canto resulta refinado, aunque tampoco aquí le hace falta porque ciertamente no creo que fueran esos los valores que buscara el compositor en este personaje que, además, se mueve en muchos momentos en el parlato. La labor llevada a cabo en escena por Melrose brilla especialmente en el apartado interpretativo, pecando posiblemente de una cierta sobreactuación que, en cualquier caso, tampoco le va nada mal al personaje, aunque a mí me hiciera verle todo el tiempo como una mezcla entre Wozzeck y Pepe Viyuela, pero el resultado acaba siendo magnífico.

La contralto Hilary Summers asumió el papel de Nell, la madre sin piernas habitante del cubo de basura izquierdo. La veterana cantante galesa es una habitual de la ópera barroca, siendo conocidas sus colaboraciones con agrupaciones del nivel de The King’s Consort o Les Arts Florissants, teniendo también un amplio bagaje en música contemporánea, con colaboraciones con nombres como los de Pierre Boulez o Michael Nyman. Posiblemente su voz no sea la de antaño, pero la zona grave y media siguen presentando todavía una calidad notable aunque algo falta de volumen y cuerpo. A su personaje reserva Kurtág los momentos que podrían denominarse, con bastantes comillas, más líricos, resultando especialmente emocionante el momento de su muerte.

El tenor Leonardo Cortellazzi completaba el más que cumplidor cuarteto interviniente interpretando el rol de Nagg, habitante del cubo de basura derecho. Posee el italiano un incisivo timbre lírico en una voz no excesivamente amplia que quizás en otros ámbitos resultase un tanto corta, pero que, como la de sus compañeros, se adaptaba perfectamente a los requerimientos de la parte, mostrando además, como aquellos, un impecable comportamiento actoral, así como un expresivo fraseo y una muy buena dicción. Es la suya una intervención que aporta un interesante contraste de luminosidad en medio de una atmósfera vocal y musical en la que dominan los tonos graves.

La importancia cultural internacional del acontecimiento vivido anoche en Les Arts merecía que aquellos que ostentan responsabilidades públicas en materia de cultura hiciesen acto de presencia mostrando su reconocimiento y apoyo a la iniciativa. Así lo hicieron, y eso les honra, el conseller de Cultura, Vicent Marzà, y la secretaria autonómica de Cultura y Deporte, Raquel Tamarit. No cumplió, sin embargo, el tarugo del ministro del ramo, José Manuel Rodríguez Uribes, quien había anunciado previamente su presencia en la sala pero finalmente no acudió “por problemas de agenda” (igual es que se le había clavado la agenda en la huevera y le hacía pupita), demostrando así una vez más su desprecio al esfuerzo que está haciendo el sector cultural en estos momentos, y confirmando las sospechas de que, muy probablemente, para adjudicarle la cartera le dieran la vuelta a la ruleta de la paella rusa de Monleón y le tocó cultura como le podría haber tocado percebes… Bueno esto sí le hubiera ido mucho mejor…

La sala principal de Les Arts presentaba bastantes huecos, además de los impuestos por la reducción de aforo sanitaria, lo que más o menos se esperaba. A lo que hubo que añadir las deserciones en masa que se produjeron en cada bajada de telón y, lo que es peor e incomprensible, fuera de ellas, lo que motivó que, hasta bien avanzada la representación, fuese continuo el ruido de abrirse y cerrarse la puerta. Yo entiendo que haya gente a la que se le pueda hacer demasiado cuesta arriba este tipo de música, pero, hombre, a poco que te informes antes de ir ya puedes imaginarte lo que te espera. Aunque también digo que prefiero a estos que se fueron en cuanto pudieron que a las dos parejas de gaznápiros que me tocaron en las filas de delante y que no pararon, hasta bien pasada la mitad de la representación en que decidieron marcharse, de cuchichear, mirar el móvil, guasapear y comentar todo cuanto veían en sus pantallas luminosas. A punto estuve de lanzarle un caramelo chupado a la cresta a uno de ellos, pero desistí ante la poca confianza en mi puntería, temiendo que al final pudiese caramelizar al director de orquesta.

Es verdad que desde que es obligatorio el uso de mascarillas el número de toses y ruidos vocales varios ha descendido muchísimo en las salas de concierto, pero ayer, hasta la segunda estampida de cobardes desertores, se escucharon algunas más que de costumbre. La última parte de la representación sí transcurrió con mucha más calma en la platea, y las ovaciones y bravos nada más finalizar fue de las más intensas y unánimes que se han vivido últimamente. Especial intensidad tuvieron los aplausos a Markus Stenz y a la orquesta y también fue justamente braveada la salida a escena de Pierre Audi y su equipo de colaboradores.

Una noche sin duda para recordar. Sabéis que normalmente finalizo estas crónicas intentando animar a que acudáis a vivir la experiencia por vosotros mismos. Esta vez no lo voy a hacer. Por supuesto que lo aconsejo a todo aquel que vaya sabiendo el tipo de música que va a escuchar y que decida darle una oportunidad, porque seguro que si se deja llevar lo disfrutará más de lo que se imagina. Vale muchísimo la pena, pero no voy a intentar convencer a nadie de los que dicen que no soporta la música contemporánea. Todo es cuestión de gustos. Yo no soporto el ballet (y dale…) y lo he intentado reiteradamente.

Ya acabo. Ojalá este Fin de partie no sea también el fin de esta temporada y puedan llevarse a cabo todas las funciones previstas y los espectáculos que están programados después. Pero la verdad es que la cosa se está poniendo otra vez muy malita y me da mucha tristeza y mucho coraje ver cómo se están cerrando teatros en Italia, Francia, Barcelona... Además, me parece profundamente injusto. Soy el primero que defenderá cualquier medida, por dura que sea, que garantice la salud de las personas, pero no es normal que si en los teatros no se está contagiando nadie con las medidas que se aplican, tengan que llegar a cerrarse por si acaso, mientras otro tipo de locales, donde sí hay contagios todos los días, siguen abiertos y, como mucho, con restricciones horarias o de aforo. La cultura no es algo prescindible, aunque el señor ministro no se lo crea, y deberíamos ser mucho más cuidadosos con ella si no queremos tener al final, si sobrevivimos, un país de ministros de cultura.