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jueves, 6 de agosto de 2009

HUGH JACKMAN Y EL MUSICAL.


El año 2008 la revista “People” otorgó a Hugh Jackman el título de “hombre más sexy del mundo”. En 2009 ha sido el presentador de la ceremonia de entrega de los Oscar de la Academia de Hollywood, y se le ha concedido una estrella en el Paseo de la Fama. Todos ellos son claros indicadores de que el actor australiano ha llegado a la cima de la popularidad, tras una larga y exitosa carrera.

Hugh Jackman nació en Sydney (Australia) el 12 de octubre de 1968. Tras acabar los estudios de periodismo, y no sintiéndose demasiado inclinado a adentrarse en un ámbito que consideraba falto de ética, entró en el Actor’s Centre de su ciudad natal. Muy poco después le ofrecieron un papel en un drama televisivo australiano de gran éxito, “Neighbours”, pero Jackman rechazó el ofrecimiento por considerar que aún no estaba suficientemente preparado, prefiriendo estudiar arte dramático en la prestigiosa “Western Australian Academy of Performing Arts” de Perth, consiguiendo inmediatamente algunos trabajos teatrales y televisivos en su país de origen que le hicieron adquirir una cierta popularidad, especialmente tras su participación en la serie “Correlli”, donde conoció a su esposa, la actriz y directora Deborah-Lee Furness, protagonista de la misma.

En el año 2000 fue llamado a última hora para incorporarse al equipo de la película "X-Men", sustituyendo a Dougray Scout, para interpretar el papel de Lobezno. El éxito de la cinta catapultó la carrera internacional de Jackman, quien, a partir de ahí, participó en filmes de gran impacto comercial como “Kate & Leopold”, “Swordfish”, “Van Helsing”, “The Prestige”, “Scoop”, “Australia” y las sucesivas entregas de “X-Men”; e incluso fue uno de los más firmes candidatos a ser el James Bond que sucediese a Pierce Brosnan, aunque finalmente fue Daniel Craig el elegido.

No obstante, hoy he traído aquí al actor australiano para destacar una faceta suya poco conocida por estos lares y que, sin embargo, fue posiblemente el germen de su actual éxito mediático, y es su participación en el teatro en diversos musicales, tanto en Australia, como en el West End Londinense o en el mismo Broadway.

Con tan sólo 17 años, el joven Jackman ya apuntaba maneras y protagonizó en su escuela “My Fair Lady”, confesando poco después que su sueño sería poder llegar algún día a pisar los escenarios del West End. Posiblemente no fuera consciente entonces de lo cerca que estaba su sueño de cumplirse.

Su primera interpretación en el género tuvo lugar nada más terminar en la “Western Australian Academy of Performing Arts”, y fue en 1995 en Melbourne, como Gaston, en la versión local del musical de Alan Menken “La Bella y la Bestia”. Su facilidad para el baile y el canto, su desenvoltura en las tablas y un indudable atractivo físico, le posibilitaron participar poco después, también en Melbourne, en “Sunset Boulevard”, el famoso musical de Andrew Lloyd Webber basado en la película del mismo título del genial Billy Wilder. Allí Jackman dio vida al protagonista masculino, Joe Gillis, un guionista venido a menos y lleno de deudas que cae en las garras de la ex estrella de cine mudo Norma Desmond. Por esa interpretación obtendría Hugh Jackman el premio Mo, equivalente al Tony norteamericano, al mejor actor en un musical.

Aquí podemos ver a Jackman en un show de la televisión australiana cantando el tema principal de “Sunset Boulevard”:

video de doolstube En 1998, el sueño de subirse a las tablas del West End londinense, se cumplió con su participación en el musical de Rodgers y HammersteinOklahoma”, por el cual obtuvo una nominación al premio Lawrence Olivier al mejor actor de musical. Aquí tenemos a Jackman en el papel de Curly McLain, cantando el famoso tema “Oh What a Beautiful Morning” en el DVD grabado a raíz de la reposición londinense de la obra: En 2002, siendo ya un famoso actor reconocido internacionalmente, participó en el Carnegie Hall de Nueva York en la versión en concierto de otro musical de Rodgers y Hammerstein, “Carousel”, interpretando el papel de Billy Bigelow. De 2003 a 2005 fue el encargado de presentar la ceremonia de entrega de los premios Tony, logrando un unánime reconocimiento que le llevó incluso a estar nominado para el Emmy por su trabajo en la gala de 2004. Precisamente en 2004, Hugh Jackman obtuvo su mayor éxito en el campo del musical, al conseguir ganar el premio Tony al mejor actor, por su interpretación en Broadway de la figura del compositor y bailarín australiano Peter Allen, primer esposo de Liza Minelli, en el musical “The Boy from Oz”, que narra la vida del propio Allen con el fondo de las canciones compuestas por él. Aquí os dejo, para finalizar, a Hugh en la gala de los Tony de 2004, interpretando el tema "Not the boy next door", perteneciente a "The Boy from Oz", convertido en auténtico showman ruborizando a la misma Sarah Jessica Parker:   video de garotabluejeans

sábado, 21 de febrero de 2009

BANDAS SONORAS CANDIDATAS AL OSCAR


Mañana, 22 de febrero, se celebrará en el Kodak Theatre de Los Angeles la gala de entrega de los premios Oscar, parece ser que presentada por nuestro australiano más guaperas Hugh Jackman.


En el apartado de mejor banda sonora encontramos a cuatro auténticos pesos pesados del panorama actual de la composición de música para películas: Danny Elfman, habitual de las películas de Tim Burton; James Newton Howard, una de mis debilidades; Thomas Newman, eterno candidato sin premio, en la que es su novena nominación; y el parisino Alexandre Desplat.
Junto a ellos está nominado el indio A.R.Rahman, por su trabajo en el film "Slumdog Millionaire".

Ninguno de ellos ha ganado anteriomente la dorada estatuilla. Veremos que pasa mañana.

De momento os dejo aquí unos breves fragmentos de las bandas nominadas para que os hagáis una idea.


Danny Elfman: Por "Milk (Mi nombre es Harvey Milk)".






James Newton Howard: Por "Defiance (Resistencia)".






Thomas Newman: Por "Wall-e".






A. R. Rahman: Por "Slumdog millionaire".






Alexandre Desplat: Por "The Curious Case of Benjamin Button".




viernes, 9 de enero de 2009

AUSTRALIA (Baz Luhrmann)




Australia, pese a ser el sexto país más grande del mundo, el tercero en índice de desarrollo humano y el sexto en calidad de vida, también es posiblemente la nación desarrollada más desconocida fuera de sus fronteras. Como dice Bill Bryson en su magnífico libro "En las Antípodas": “cuando estas fuera de Australia, deja de existir”.
Quizás por eso, la industria cinematográfica australiana, con el apoyo del gobierno del país, ha decidido promocionar su tierra con una costosísima superproducción que nace destinada a convertirse en un taquillazo a nivel mundial, sea como sea. Elementos para ello no le faltan: presupuesto mastodóntico, actores con tirón mediático y argumento épico que mezcla aventura, romanticismo, melodrama y hechos históricos. Se ha reunido para ello a un elenco técnico y artístico, compuesto exclusivamente por australianos, dirigidos por Baz Luhrmann ("Moulin Rouge", "Romeo + Julieta de William Shakespeare").

La película, pese a su excesiva duración, resulta francamente entretenida. Cumple con su papel de película familiar para pasar un buen (y largo) rato. Ahora bien, defrauda muchas de las expectativas que se pusieron en ella.
Se ha pretendido componer una especie de “Lo que el viento se llevó” a la australiana, con un manojo de “La reina de África”, un puñado de “Río Rojo” y una pizca de “Memorias de África”, ingredientes que son todos ellos, en principio, garantía de éxito. Pero claro, Luhrmann no es John Huston, ni Sydney Pollack, ni Howard Hawks. Realmente al australiano se le apodera el guión, y posiblemente los cortes del montaje final en postproducción, y construye una obra tan irregular como previsible, con una primera mitad de buen nivel, en la que se explota la excepcional vis cómica que vuelve a derrochar Nicole Kidman, pero al final se quieren contar demasiadas cosas y algunas situaciones se acaban resolviendo a trompicones. Así, la relación de la pareja protagonista, personajes antagónicos que ven surgir la mutua atracción (con referencias nada veladas a la obra de Huston) se traza de forma desmañada, sin que se narre adecuadamente la evolución de los mismos, quienes pasan del “te odio” al “te quiero” en un par de planos sin la más mínima sutileza.
La historia se narra desde el punto de vista del niño mestizo, hijo de blanco y aborigen, apuntándose en el film una denuncia de los lamentables hechos ocurridos en la isla entre 1910 y ¡1970!, conocidos como "la generación robada". Una limpieza étnica en toda regla que el gobierno australiano llevó a cabo robando los hijos de los aborígenes para educarlos como blancos, acabando en la mayoría de las ocasiones explotados en granjas o en el servicio doméstico. Hay que recordar que hasta el año pasado el gobierno australiano no pidió públicamente disculpas por estos hechos, por lo cual se entiende que en la película tampoco se ahonde demasiado en la raíz y consecuencias de los mismos, los cuales, por otra parte, ya fueron espléndidamente plasmados en 2002 en la película "Generación robada" (Rabbit-Proof Fence) del también australiano Phillip Noyce.
También hay alusiones a la cultura y mitología aborigen, con el personaje de Rey Jorge, pero nuevamente de refilón, como nota exótica, sin un planteamiento sólido. Nada que ver con otras estupendas películas sobre el tema como La última ola de Peter Weir (1977).

En su segunda parte la cinta se enfanga en terrenos bélicos y excesivamente melosos, dando la impresión en cuatro o cinco ocasiones que ya podría finalizar, pero continúa adelante, introduciendo nuevos temas y situaciones que se dan por concluidos con tanta rapidez como se plantean.
Luhrmann intenta la incursión en terrenos del cine clásico pero sin poder evitar dejar su sello personal. Se abusa de movimientos de cámara y efectos digitales, logrando algunas secuencias realmente espectaculares, como las de la estampida o el bombardeo, aunque se añora la cámara del Maestro John Ford filmando escenas de acción en grandes paisajes de forma reposada pero eficaz, sin necesidad de artificios mecánico-digitales, sino echando mano del oficio de buen cineasta.
La cuidada fotografía de Mandy Walker resalta los atardeceres rojizos y los impresionantes paisajes, adoptando unas gamas más oscuras y descoloridas en la parte bélica.
La banda sonora del también australiano David Hirschfelder posee matices épicos de gran superproducción, ampulosamente orquestados, e incluye una canción de Elton John en los créditos finales en su búsqueda por colarse en la gala de los Oscar por cualquier resquicio.
Nicole Kidman realiza un excelente trabajo, eso si, cada vez más deformada por la silicona y el botox.
Hugh Jackman resulta un tanto forzado e inexpresivo, pero luce bíceps y abdominales con generosidad y explota su reciente y discutible nombramiento como hombre más sexy del mundo.
David Wenham y Bryan Brown componen con solvencia unos malos malísimos que por momentos resultan ridículos.
Brandon Walters, el niño aborigen, es el gran descubrimiento de la película y llena la pantalla con sus grandes ojos negros, llevando a cabo una interpretación extraordinaria.
En definitiva, a pesar de sus carencias, una entretenida cinta para toda la familia, que no ayuda a que entendamos mejor ese país donde la gente se apunta a cursos de cazadores de serpientes, igual que aquí lo hace a punto de cruz, pero que sirve para que el que quiera pasar un rato agradable y despreocupado pueda ver cumplido su objetivo.
Eso sí, si lo que se pretende es descubrir una obra maestra, que se olvide, este año Sydney Lumet no ha estrenado película.