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domingo, 19 de enero de 2014

"COME AWAY, DEATH"

Muerte y Vida – Gustav Klimt – 1916 – Colección del Dr. Rudolph Leopold - Viena

La incertidumbre sigue envolviendo el futuro del Palau de les Arts (además de la red de protección con la que están cubriendo el edificio) y todos los días surgen nuevas noticias en este tétrico sainete que está viviendo la ópera en Valencia estos últimos meses.

Algunas informaciones aparecen rebosantes de falsa euforia propagandística, como la venta que está haciendo la Generalitat del hecho de que Pepe Gotera Calatrava y sus boys hayan accedido a correr con los gastos de la reparación de la millonaria chapuza; otras rezuman populismo pueblerino y barato, como esa voluntad manifestada por la Consellera Catalá de que el próximo director musical de Les Arts y titular de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, tenga que ser necesariamente valenciano y joven (sólo le ha faltado añadir: y buen mozo y de Torrent); y alguna otra, que posiblemente sea más responsabilidad de Plácido Domingo que de la tropa culturartsista, pero que alcanza tal nivel de surrealismo que, o uno se lo toma a broma, o se deprime para siempre, como el anuncio de que la Manon Lescaut que no va a poder representarse en la fecha prevista, será grabada en CD con Domingo dirigiendo la orquesta y Andrea Bocelli como Des Grieux… En cuanto se entere Francisco, se apunta a estrenarla en otoño, con María Abradelo de protagonista.

Respecto a la reapertura del teatro y la reanudación de la temporada, todo indica que podría normalizarse la situación para el estreno de L’Italiana in Algeri, el 23 de febrero, pero, tal y como están las cosas, aquí seguro no hay nada. Y en cuanto a las perspectivas de futuro, si Bocelli y los directores jóvenes valencianos impuestos por decreto ley son una pista, apañados vamos.

De todas formas, con el poco tiempo del que dispongo últimamente para alimentar algo el blog, me apetece muy poco dedicar este espacio a tener que comentar las desgracias que nos asolan, y casi prefiero compartir un poco de música.

La última entrada que hice estaba dedicada a la noche de reyes, y hoy voy a volver a hablar de una Noche de Reyes, aunque en este caso se trata de la comedia del mismo título (bueno, en realidad el título original es Twelfth Night) escrita por William Shakespeare. Y es que, precisamente a esa obra, en concreto a la escena 4 del acto II, pertenecen los versos de la canción Come away, death, que canta el personaje de Feste y es la que quería que protagonizase hoy el blog.

Ya en alguna ocasión he comentado las versiones que diferentes compositores han hecho de un mismo texto. Y de eso va también hoy la cosa. Estos versos de Shakespeare no es que sean precisamente la alegría de la huerta, pero las adaptaciones musicales que se han hecho de los mismos me parecen realmente interesantes.

Aléjate, aléjate, muerte,
y bajo un lúgubre ciprés déjame yacer;
vuela lejos, vuela lejos, aliento;
una cruel dama me está asesinando.
Mi mortaja blanca, clavada con tejo
¡Oh, prepararla!
Mi sentido de la muerte, nadie lo compartía
con tanta verdad.
Ni una flor, ni una sola delicada flor,
se esparza en mi oscuro féretro;
ni un solo amigo, que ningún amigo acoja
mi mísero cadáver, en dónde mis huesos serán arrojados.
Mil, mil suspiros que ahorrarse.
Dejadme, oh donde
ningún triste amante pueda encontrar mi sepultura,
¡para sollozar sobre ella!

Han sido numerosos los músicos, especialmente ingleses, que se han inspirado en estos versos para componer una canción. Hoy os propongo escuchar a tres de ellos.

A algunas canciones del inglés Roger Quilter (1877-1953), interpretadas por Kathleen Ferrier, ya les dediqué en su día un post. Quilter es hoy conocido fundamentalmente por su repertorio de canciones, de las que llegó a escribir más de un centenar, alcanzando gran popularidad entre el público gracias a las emisiones radiofónicas. La crítica y algunos colegas no fueron tan amables con él, pues su música fue tildada de folklórica y sujeta a cánones pasados de moda, en unos años en los que las vanguardias caminaban claramente por derroteros mucho más innovadores.

Come away, death es la primera de las canciones que integran su opus 6, Three Shakespeare Songs (1905), constituyendo la primera composición que hizo Quilter basada en textos de William Shakespeare, aunque luego vendrían muchas más. Podemos escuchar esta hermosa canción de Quilter en la, siempre elegante, versión del tenor Ian Bostridge, acompañado al piano por Julius Drake:



Tampoco es la primera vez que visita el blog Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), un compositor por el que tengo debilidad, tanto en el campo de las bandas sonoras, como de la creación operística o en sus incursiones en el terreno del lied. Al igual que Quilter, Korngold también fue cuestionado por componer siguiendo unos cánones melódicos que se consideraban demasiado clásicos en la Viena de comienzos del siglo XX.

En 1929 trabó amistad con el escenógrafo Max Reinhardt quien le convenció para que, cinco años después, se trasladase a Hollywood, donde se encargaría de la banda sonora de El sueño de una noche de verano, película que dirigió Reinhardt junto a William Dieterle. En los años siguientes realizó esporádicas visitas a Europa, pero, ante la convulsa situación política que se vivía en Austria tras la anexión alemana, y dada su condición de judío, decidió permanecer trabajando en Estados Unidos, donde se centró en la composición de música para el cine, a excepción de alguna colección de lieder. Entre ellas está el ciclo Songs of the clown, su opus 29, integrado por cinco lieder que recogen los textos que canta el personaje de Feste en la Noche de Reyes de Shakespeare, siendo el primero de ellos Come away, death.

Aquí podemos escuchar la lectura que hace Korngold de Come away, death, en la voz de la mezzosoprano Angelika Kirchschlager acompañada al piano por Helmut Deutsch:


video de MrRobuso

Yo conocí al compositor inglés Gerald Finzi (1901-1956) gracias a una entrada que le dedicó Titus en su blog y a un CD que me hizo llegar con una grabación de varias de sus obras y que desde entonces escuchó con asiduidad. Como no podía ser de otro modo, también a Finzi le reprocharon que su obra se moviera dentro de unas líneas clásicas que se consideraban anticuadas. Comenzó a despuntar en el panorama musical de su país a raíz de la composición de una pequeña obra orquestal, A Severn Rhapsody (1923), demostrando que prefería seguir la estela de compositores como Parry, Elgar o Vaughan Williams, con partituras de carácter pastoril y amablemente melódicas, que aventurándose en propuestas más innovadoras y arriesgadas.

Su maestría en la composición de canciones hoy no se discute y la belleza de sus creaciones le ha colocado en el lugar que siempre mereció. Entre sus piezas más conocidas se encuentra el ciclo Let us garlands bring, en el que reúne cinco canciones sobre textos de William Shakespeare que compuso entre 1929 y 1942. La primera de ellas es Come away, death, posiblemente la más popular de todas, y con la que finalizo esta entrada de hoy animándoos a que dediquéis cuatro minutejos a escuchar esta exquisita muestra del buen hacer de Finzi, con la voz del barítono galés Bryn Terfel acompañado por el piano de Malcolm Martineau:


video de Paula Swafford

miércoles, 18 de julio de 2012

QUE DESPIERTE LA BELLEZA

"Sol ardiente de Junio" - Lord Frederic Leighton - 1895 - Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico)

En los primeros años del siglo XX el compositor inglés Ralph Vaughan Williams (1872-1958) escribe el ciclo de nueve canciones “Songs of Travel” (Canciones de Viaje), si bien la última de ellas, "I Have Trod the Upward and the Downward Slope", fue publicada y añadida al ciclo en 1960, tras la muerte del compositor, cuando la viuda de éste encontró el manuscrito entre los papeles de su esposo.

Los textos están tomados de una serie de poemas escogidos de la colección del mismo título escrita por Robert Louis Stevenson (1850-1894) y publicada poco tiempo después del fallecimiento en Samoa de éste. Que Vaughan Williams decidiese mantener para su ciclo el mismo nombre del de la obra de Stevenson y que el primero de los poemas, “The Vagabond” fuese el que abriese también dicho ciclo, se atribuye a la popularidad que gozaba la obra del escritor escocés por entonces, mientras que Vaughan Williams era todavía un compositor poco conocido, por lo que probablemente quisiese aprovechar el tirón que pudiera proporcionarle la fama de Stevenson.

Sea como fuere, lo cierto es que las canciones de Vaughan Williams obtuvieron un importante éxito y le otorgaron gran reputación ante la crítica y entre sus colegas. Así, por ejemplo, otro compositor ingles, Sir Arthur Bliss, del que ya he hablado también en alguna ocasión, cuenta en su autobiografía que, en la época en que estudiaba música en Cambridge, el ciclo “Songs of Travel” estaba presente en todos los pianos y el nombre de Vaughan Williams era “mágico” y objeto casi de “idolatría” como declaró el tenor Steuart Wilson.

Algunos han comparado este ciclo con el “Winterreise” de Schubert. Es verdad que Vaughan Williams era un gran admirador de la obra liederistica del compositor vienés y que en ambos ciclos la figura del caminante nos introduce en un recorrido vital descrito a través de la música y la poesía de sus canciones, pero más que la calidad intrínseca de “Songs of Travel”, donde todavía no aparece el Vaughan Williams más personal, maduro y deslumbrante, la importancia del ciclo radica en la consolidación de un género de canción puramente inglesa que hasta entonces prácticamente no era relevante.

El viaje reflejado en el ciclo es la propia trayectoria de la existencia humana, vinculada a la naturaleza y a la búsqueda de la belleza a lo largo de la misma. Yo quería traer hoy al blog precisamente la segunda de las canciones de “Songs of Travel”, “Let Beauty awake” (Que despierte la belleza), sin duda una de las composiciones de tono más romántico y de mayor intensidad lírica de todo el ciclo, y probablemente la más conocida. Fue compuesta originariamente para barítono y piano, aunque posteriormente se adaptaron versiones orquestales, así como una versión para tenor.

La canción es todo un canto a la esperanza, al optimismo, a la búsqueda de la belleza a lo largo de cada una de las fases de la vida y la necesidad de conseguir al final de la misma poder estar en paz con uno mismo y los demás. Ojalá fuéramos capaces en estos momentos tan complicados que vivimos, de lograr que despertase la belleza allí donde parece imposible.

La versión que he escogido de "Let Beauty Awake" es la que grabó al comienzo de su carrera el barítono galés Bryn Terfel dentro de un álbum titulado precisamente como la primera de las canciones de "Songs of Travel", "The Vagabond", donde, además del ciclo completo compuesto por Vaughan Williams, se incluyen temas de Butterworth, Finzi o Ireland. Está acompañado al piano por el magnífico Malcolm Martineau:




Let Beauty awake
Let Beauty awake in the morn from beautiful dreams,
Beauty awake from rest!
Let Beauty awake For Beauty’s sake
In the hour when the birds awake in the brake
And the stars are bright in the west!
Let Beauty awake in the eve from the slumber of day,
Awake in the crimson eve!
In the day’s dusk end when the shades ascend,
Let her wake to the kiss of a tender friend,
To render again and receive!
-----------------------
¡Que despierte la belleza
en la mañana de sus bellos sueños!
¡Que despierte de su descanso, que despierte la belleza
en la hora en que los pájaros despiertan en el zarzal
y las estrellas brillan en el oeste!
¡Que despierte la belleza de la pereza del día,
que despierte en el rojizo atardecer!
¡Cuando llega el crepúsculo y las sombras ascienden,
que despierte al beso de un tierno amigo
para de nuevo hacerlo y recibir!



domingo, 30 de octubre de 2011

PREMIOS "HELGA DE ORO 2011". LOS GANADORES


A menos de una semana para que “Boris Godunov” inaugure en el Palau de les Arts la temporada operística 2011-2012 (que algunos parece que estén empeñados en conseguir que sea la última), los votos de los lectores del Blog de Atticus ya han elegido destinatarios para los premios “Helga de Oro” correspondientes a la pasada temporada 2010-2011.

Antes de nada, como siempre, quisiera agradeceros vuestra participación en esta tontería que un día me dio por promover. No sé si los resultados obtenidos serán o no representativos de lo que pueda ser la opinión mayoritaria del público que acude habitualmente al Palau de les Arts, aunque creo que no diferirá mucho, pero desde luego lo son respecto de las personas que se pasan por aquí.

Soy consciente de que premiar “lo mejor” o “lo peor” es una tarea que no suele ser fácil, implica demasiada simplificación y muchas veces es injusta, pero siempre he pensado que, aunque sea dentro de los reducidísimos límites de este blog, es positivo conocer qué opina el aficionado respecto a la programación operística que se le ofrece. No se trata tanto de resaltar lo mal o lo bien que lo puedan haber hecho determinados artistas, potenciando filias y fobias, cuanto de que se sepa aquello que gusta o no gusta al público, aunque luego los responsables artísticos de Les Arts se pasen la opinión por allí mismo y sus alrededores.

Yo, como de costumbre, me había reservado mi opción de votar por si hubiese habido que desempatar en alguna de las categorías, pero no ha hecho falta mi intervención y, aunque en apartados como el de mejor tenor ha habido mucha igualdad entre algunos candidatos, en la mayoría de categorías, desde el principio mismo de la votación, se han destacado claramente los finalmente ganadores.

Como resumen, se podría decir que la indiscutible triunfadora de la temporada 2010-2011 en Les Arts ha sido la reposición de la producción propia del teatro valenciano de la ópera “Fidelio” de Beethoven, que inaugurase en 2006 el recinto valenciano y que se pudo ver el pasado mes de junio dentro del IV Festival del Mediterrani, la cual ha obtenido cuatro de las siete “Helga de Oro” que se repartían, incluyendo la correspondiente a Mejor Espectáculo de la temporada. Los otros tres premios dorados se los han repartido “Tosca”, “Aida” y “Mefistofele”, con lo que se han ido de vacío dos producciones como “Yevgueni Oneguin” y “L’Elisir d’amore” que yo pienso que hubieran merecido algo más.

En la tradicional gala* virtual celebrada esta misma noche en el Palau de les Arts, y a la que pertenecen algunas de las imágenes que ilustran este post, se ha procedido a la entrega de los premios a los galardonados. La Intendente Schmidt ha presidido el acto luciendo el nuevo look que puede verse en la fotografía de la derecha y con el que se apunta como posible nueva chica Bond. Este año la crisis ha vuelto a hacer mella en el evento y los tristes bocadillos de chóped de la última edición han sido sustituidos por Boca Bits, y sándwiches de margarina de tres colores, todo ello regado con abundante Champín de fresa.

Los galardonados han sido:

Helga de Oro a la mejor Dirección Escénica: Pier’Alli por “Fidelio”.

Pocas dudas parecen haber existido entre los votantes sobre cuál era la mejor puesta en escena que había pasado por Les Arts la pasada temporada. Desde el primer minuto de votación, la propuesta concebida por el italiano Pier’Alli en 2006 para inaugurar el teatro valenciano con la ópera “Fidelio”, comenzó a destacarse claramente, habiendo obtenido el 50 por cien de los votos en este apartado. También era esta mi opción preferida, aunque he de reconocer que pensaba que el original trabajo de Damiano Michieletto para “L’Elisir d’Amore”, iba a obtener un mejor resultado que los escasos 11 votos que ha recibido, pese a haber quedado en segunda posición.
Pier’Alli: 25 votos
Damiano Michieletto: 11 votos
Robert Lepage: 7 votos
Vincent Paterson: 5 votos
Mariusz Trelinski: 2 votos

Helga de Oro a la mejor Dirección Musical: Zubin Mehta por “Fidelio”.

Este ha sido otro de los galardones donde ha habido una holgada diferencia de votos desde el principio, teniendo muy claro los votantes, y yo también, que había que recompensar el excelente trabajo de Zubin Mehta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en “Fidelio”, con lo que el director indio consigue este premio por segundo año consecutivo. Pero, pese a la justicia de este galardón, nos queda cierto sabor agridulce viendo como el magistral trabajo de batuta de Nicola Luisotti en “Mefistofele” queda sin premio, al igual que la genialidad (esta ya más discutida) de Lorin Maazel en “Aida”. Más preocupante es que el sucesor de éste, Omer Wellber, no haya obtenido ni uno solo de los votos emitidos en este apartado, quedando en último lugar.
Zubin Mehta (Fidelio): 29 votos
Lorin Maazel: 9 votos
Nicola Luisotti: 8 votos
Zubin Mehta (Tosca): 3 votos
Omer Wellber: 0 votos

Helga de Oro al mejor tenor: Jonas Kaufmann.

Si de sabor agridulce hablaba en el apartado anterior, otro tanto se podría decir de este premio al mejor tenor de la temporada. Aquí sí que ha existido una reñida pugna, desde el principio al fin de la votación, entre Jonas Kaufmann y Dmitri Korchak. Al final, por tan solo 3 votos de diferencia, el premio ha ido a manos del alemán, que nos enamoró con el impresionante Florestan que se marcó el 22 de junio pasado, en aquella visita inesperada para cantar una sola noche este breve (y exigente) papel. Pero no hubiera sido más injusto que se hubiera llevado el premio Korchak, por un Lensky lleno de lirismo y sensibilidad, con detalles de un gusto exquisito; o Seiffert, por un Florestan pletórico por entrega y con una voz que dejó momentos bellísimos pese a acusar el paso de los años; o Jorge de León, por su espectacular debut como Cavaradossi; o Ramón Vargas, por la elegancia y delicadeza de su canto… En fin, afortunadamente este año en este apartado ha habido mucho y bueno donde elegir.
Jonas Kaufmann: 19 votos
Dmitri Korchak: 16 votos
Jorge de León: 8 votos
Ramón Vargas: 8 votos
Peter Seiffert: 5 votos

Helga de Oro al mejor Bajo/Barítono: Bryn Terfel.

La verdad es que este premio no ha sido una sorpresa para nadie. Desde la designación de los candidatos se veía venir que Terfel iba a arrasar en las votaciones. Su Scarpia ha sido uno de los mejores acontecimientos que ha pasado por el escenario de Les Arts, tanto por calidad vocal como por personalidad escénica y fuerza interpretativa, y el galardón llevaba su nombre puesto, pese a la calidad y meritorio trabajo llevado a cabo por sus rivales en esta categoría, que, de no haber competido con Scarpia, nos hubiesen proporcionado una emocionante y reñida votación. A la salida del acto pude conversar brevemente con el cantante galés, quien manifestó: “la estatuilla es fea de narices, pero muchas gracias. A ver si tenéis cocos de premiar el año que viene también al Scarpia de Marco Vratogna, jajaja…”.
Bryn Terfel: 34 votos
Erwin Schrott: 10 votos
Ildar Abdrazakov: 4 votos
Stephen Milling: 4 votos
Artur Rucinski: 1 voto

Helga de Oro a la mejor cantante femenina: Daniela Barcellona.

La escasez este año de candidatas al premio y la calidad de la interpretación que llevó a cabo la mezzosoprano Daniela Barcellona del personaje de Amneris en “Aida”, también parecían garantizar la victoria de la cantante triestina con holgada mayoría de votos, como así ha ocurrido, ya que ha obtenido el mayor número de votos y porcentaje de todas las categorías. Es significativo que haya estado acompañada en la candidatura por dos cantantes que venían de segundos repartos (Hui He y Kristine Opolais) y por dos sopranos cuya actuación había generado controversia (Oksana Dyka y Jennifer Wilson), pero es que no había más nombres para elegir en papeles femeninos protagonistas (para el olvido quedan gente como Indra Thomas, Irina Mataeva, Aleksandra Kurzak, Rocío Ignacio o Ailyn Pérez).
Daniela Barcellona: 35 votos
Kristine Opolais: 8 votos
Jennifer Wilson: 6 votos
Oksana Dyka: 4 votos
Hui He: 3 votos

Helga de Oro al cantante revelación: Fabio María Capitanucci.

Ya sé que el concepto “cantante revelación” es relativo, sobre todo cuando se trata de artistas que, pese a actuar por primera vez en Les Arts, llevan ya unos años de carrera a sus espaldas, o porque algunos de los nombres propuestos tuvieron poca ocasión de dejar apreciar su auténtica valía por lo breve de sus papeles; pero el jurado ha procurado incluir aquí a cantantes que combinen el hecho de haber actuado por vez primera en Les Arts y que, sin estar propuestos en ninguna de las restantes categorías, hayan dejado detalles interesantes que sean merecedores de reconocimiento y que nos hayan motivado a desear volver a verles actuar en papeles de mayor enjundia. Finalmente, tras una gran igualdad inicial entre la soprano Yannick-Muriel Noah y el barítono Fabio Capitanucci, ha sido el cantante italiano quien ha obtenido el galardón, con gran alegría por mi parte, pues personalmente no me acabó de convencer la cantante canadiense, pese a que crítica y público coincidieron en alabar su Margherita de “Mefistofele”. De todas formas, mi voto se debatía entre el Gremin de Groissböck y la Gianetta de Mataradze.
Fabio Capitanucci: 21 votos
Yannick-Muriel Noah: 13 votos
Ilona Mataradze: 9 votos
Günther Groissböck: 8 votos
Jenniffer Lynn Waters: 3 votos

Helga de Oro al mejor espectáculo: “Fidelio”.

Este ha sido sin lugar a dudas el premio que menos emoción ha generado de todos, pues también desde el principio parecía bastante claro que la estatuilla estaba destinada a la producción del Palau de les Arts de “Fidelio”, que contó con una dirección musical y escénica y unos solistas de primer nivel, en la que ha sido indiscutiblemente la ópera más redonda de toda la temporada. En segundo lugar, aunque a gran distancia, ha quedado un “L’Elisir d’Amore” que, como ya dije antes, creo que fue una interesante y original producción que merecía mayor reconocimiento, el cual posiblemente hubiera obtenido con unas Adinas menos decepcionantes que Kurzak y Rocío Ignacio.
"Fidelio": 31 votos
“L’Elisir d’Amore”: 8 votos
“Aida”: 6 votos
“Yevgueni Oneguin”: 2 votos
“Tosca”: 1 voto

Helga Abucheadora a lo peor de la temporada: “1984”, de Lorin Maazel.

Una vez más, mi poco admirado Vittorio Grigolo se ha librado de la Helga Abucheadora, pero lo cierto es que en esta ocasión ha vuelto a tener unos contrincantes que le han puesto relativamente fácil la escapatoria. En los primeros días de votación hubo bastante igualdad entre la infame Aida que perpetró Indra Thomas y el pestiño king size concebido en una noche de resaca por el maestro Maazel, pero al final los votantes han dejado claro que debía señalarse la ópera del ex director musical de Les Arts como lo peor que pasó por aquí la pasada temporada. Yo en su momento fui bastante duro con “1984” y sigo manteniendo todo cuanto escribí, pero considero que peor que Indra Thomas ha habido pocas cosas en este teatro… incluida la Voulgaridou
“1984”: 23 votos
Indra Thomas: 14 votos
Vittorio Grigolo: 9 votos
Jean-Louis Grinda: 7 votos
Marco Vratogna: 4 votos

Pues hasta aquí ha llegado esta edición de los Helga de Oro 2011. Reitero mi agradecimiento a todos por vuestra participación y espero, como digo siempre, que dentro de un año este blog y el Palau de les Arts sigan funcionando y que podamos participar en la elección de lo mejor de esa temporada 2011-2012 que levanta el telón el próximo sábado, y que confiemos que no sea la última.

Para finalizar, os dejo con dos videos donde podemos escuchar a los dos intérpretes masculinos ganadores del Helga de Oro al mejor tenor y al mejor bajo/barítono.

En primer lugar podemos escuchar a Bryn Terfel cantando el “Tedeum” del final del acto primero de “Tosca”, tal y como lo hizo el día 31 de mayo pasado en el Palau de les Arts acompañado por la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat, dirigidos por Zubin Mehta:


video de MrsTLeighton

Y aquí está el señor Jonas Kaufmann, interpretando el aria de Florestan “Gott, welch Dunkel hier!”, de “Fidelio”. El video pertenece a una función grabada en Munich tan sólo 16 días después de cantar Kaufmann el papel en Valencia. La puesta en escena de Calixto Bieito debía ser de las toma pan y moja:


video de ximowb

(*) Vuelvo a advertir como siempre a crédulos y despistados que, tanto la gala como las fotografías de la misma, son más falsas que las mechas de Mairen Beneyto.

martes, 14 de junio de 2011

CRÓNICA DE LA ÚLTIMA "TOSCA". CAVARADOSSI ES TINERFEÑO.

Anoche fue también otra jornada para recordar en el Palau de les Arts. Había una gran expectación por presenciar el debut absoluto del tenor tinerfeño Jorge de León en el papel de Mario Cavaradossi, en la última de las funciones de “Tosca”, de Giacomo Puccini, que se han representado en el recinto valenciano dentro del IV Festival del Mediterrani. Además, el debutante contaba con el aliciente de saber que su interpretación se retransmitía en directo a 57 ciudades europeas.

El teatro se encontraba lleno y, pese a ser lunes, registraba una numerosa presencia de público de fuera de Valencia. Entre los asistentes pudimos ver a otro grandísimo joven tenor canario, Celso Albelo, amigo personal de De León y reciente compañero de Oksana Dyka en “I Pagliacci” en la Scala.

Y, desde luego, se iría contento Albelo, porque el amigo De León compuso un Cavaradossi extraordinario. Parecía mentira que este hombre estuviese anoche debutando el papel y lo hiciese tan bien como lo hizo. No quiere esto decir que haya alcanzado la perfección y que no existan cosas que pulir, pero oído lo oído ayer no parece atrevido afirmar que De León puede hacer de este papel, que se acopla perfectamente a su vocalidad, uno de sus referentes.

Ya en el aria de entrada de Mario, la celebérrima “Recondita Armonia”, pudimos comprobar que la noche se presentaba mejor que bien. Jorge de León apareció en escena quizás con el centro algo tremolante todavía, pero enseguida calentó la voz, sacó el potentísimo caudal que le caracteriza y en cuanto entró en la zona aguda deslumbró por la belleza de su emisión, su brillantez y mordiente, ofreciendo una interpretación apasionada, auténtica, cargada de emoción, y donde la exhibición de fiato en los agudos finales fue realmente espectacular.

Impresionante fue también su “Vittoria” y majestuoso el “La vita mi costasse”, auténticos cañonazos de una claridad, ortodoxia y limpieza mayúsculas, en los que costaba contenerse para no interrumpir la representación braveando a tan valiente tenorazo.

En momentos como ‘O dolci mani’ su canto es quizás menos delicado de lo requerido, pero la belleza y autenticidad de su interpretación compensa cualquier reproche. Su voz además, tal y como presuponía, se complementaba mucho mejor con la de Dyka que la de Marcelo Álvarez en las funciones anteriores.

Y en ‘E lucevan le stelle…’ puso el teatro patas arriba. Fue precisamente ésta el aria con la que Jorge de León ganó en 2004 el Concurso Internacional de Canto Julián Gayarre y lanzó definitivamente su carrera operística. La versión que ayer ofreció el tinerfeño de la inmortal aria de Puccini fue muy distinta de la que pudimos escuchar días atrás a Marcelo Álvarez, pero no menos convincente. Si el argentino optó por la delicadeza en el fraseo y la abundancia de matices, De León aportó una visión de la página hondamente sentida, desgarrada, apasionada y vehemente, luciendo todo su poderío vocal y belleza tímbrica deslumbrante. Al finalizar el aria, una larga y sonora ovación, con unánimes bravos, premió la emocionante interpretación que nos regaló De León, y un cariñoso y muy audible “Gracias, niño” le fue dedicado desde el cuarto piso del teatro por su amigo Celso Albelo.

Como decía antes, lo más sorprendente es el altísimo nivel mostrado ayer por De León tratándose de un debut en un papel no precisamente cómodo. Y, sobre todo, es muy esperanzador ver cómo su carrera de tenor spinto se sigue consolidando y cómo se puede apreciar que su canto evoluciona a mejor en cada nueva visita que nos hace. Esperemos que siga así.

En cuanto al resto de aspectos de la representación, poco más hay que decir respecto a lo ya comentado en mi anterior crónica y que no voy a reiterar. La dirección escénica de Jean-Louis Grinda me sigue sin gustar. Oksana Dyka reconozco que ha evolucionado a mejor desde el estreno, y en el ‘Vissi d’Arte’ intentó incluso regular un poquito, pero me sigue pareciendo fría y poco expresiva.

Bryn Terfel, en su línea, compuso un Scarpia extraordinario, odioso y malvado, dramáticamente inmejorable, y que en pleno acoso lujurioso a Tosca tuvo el gesto ‘Torrente’, que no le vi en días anteriores, de oler con rijosa avidez el manto de la diva.

En la orquesta, sabiamente dirigida por Zubin Mehta, y que en general estuvo espléndida toda la noche, se produjo sin embargo una importante pifia al sonar el cañonazo del Castel Sant’Angelo, momento en que algunos músicos adelantaron su entrada arrastrando a parte de sus compañeros, aunque inmediatamente Mehta tomó las riendas y el asunto no fue a mayores.

Al finalizar, el público puesto en pie ovacionó y braveo ruidosamente a todos los intérpretes, viniéndose el teatro abajo al saludar el debutante Jorge de León, a quien se le veía enormemente emocionado.

El típico payaso de turno no faltó a su cita y, en lo que ya se está convirtiendo en una estúpida costumbre cada vez que se representa alguna ópera del compositor de Lucca, lanzó su desafinado y extemporáneo ‘Viva Puccini’ al finalizar ‘E lucevan le stelle…’ Como sigan estas modas exhibicionistas, dentro de nada nos vemos a Jimmy Jump en pelotas en el escenario con peluca mozartiana (aunque como me diría mi amiga Mime: “no des ideas”).

Los rumores sobre la temporada 2011-2012 en Les Arts eran tema de conversación ayer entre los aficionados y fuentes bastante fiables me confirmaron que volveremos a tener la oportunidad de escuchar a Jorge de León el año que viene varias veces: en la reposición en abril de esta “Tosca”, donde alternaría reparto nuevamente con Marcelo Álvarez, y posiblemente con dirección musical de Plácido Domingo; en “El Cid” de Massenet; y en un apetecible “Il Trovatore”. A este paso se va a convertir en el tenor oficial de la casa. Lo cual no sería precisamente una mala noticia.

También me comentaron, aunque no acabe yo de creérmelo, que podremos disfrutar de “Thaïs” de Massenet, con Celso Albelo en el papel de Nicias y Plácido Domingo como Athanaël, un rol de barítono, y que se estaban ultimando gestiones para que la protagonista femenina fuese Renée Fleming.

Si todo esto finalmente se confirma, soy capaz de contratar al bobo del grito pucciniano para que durante todas las funciones de la temporada próxima entone un ‘Viiva Heeelgaa’ de mis partes.

Os recomiendo leer la estupenda crónica de la función que ha escrito Papagena.

domingo, 29 de mayo de 2011

"TOSCA" (Giacomo Puccini) - Palau de les Arts - 28/05/11

Se dio ayer el pistoletazo de salida a una nueva edición del Festival del Mediterrani, la cuarta, con el estreno de una ópera emblemática del repertorio como es “Tosca” de Giacomo Puccini.

A pesar de la coincidencia con final futbolera de Champions, hubo lleno absoluto en el Palau de les Arts, con presencia de los fieles aficionados de siempre, mucho novato, bastante público extranjero y, por supuesto, faranduleo y politiqueo, aunque en menor medida que en otros estrenos pese a la popularidad del título, posiblemente debido al fútbol y a que ya habían pasado las elecciones y algunos imputados ya no necesitaban disimular fingiéndose cultos para arañar votos.

Esta “Tosca” estrenada ayer es una nueva coproducción de Les Arts con la Fundación del Festival Puccini de Torre del Lago, la Ópera de Montecarlo y el Teatro Regio de Turín, que ha contado con la dirección escénica de Jean-Louis Grinda y musical de Zubin Mehta.

Jean-Louis Grinda ha declarado con motivo del estreno que su intención era presentar la historia que vive Floria Tosca “como la de un ángel caído que se plantea la pregunta ¿cómo he podido llegar a esto?”. Para ello, introduce la historia con unas imágenes proyectadas donde se ve a Tosca saltando al vacío desde el Castel Sant’Angelo y en su caída, a modo de flashback, va recordando todo lo ocurrido para haber llegado a ese punto, comenzando en ese momento la ópera. La misma proyección cerrará la función con los últimos compases de la partitura.

Estéticamente estas imágenes resultaban atractivas e impactantes y facilitaban la resolución del momento del suicidio, aunque el planteamiento de la trama como un flashback no creo que aporte absolutamente nada, además de que narrativamente sería un flashback tramposo al no respetar el punto de vista, mostrándose escenas que Tosca no podría recordar por no estar presente.

La propuesta de Jean-Louis Grinda, en general, me pareció fallida. Es enormemente clásica en cuanto a su concepción, vestuario y desarrollo, pero parece que se le haya querido dar un barniz de ‘modernidad’ con una escenografía caracterizada por un extremo minimalismo. Pero en este caso, más que minimalismo conceptual, daba la impresión de ser minimalismo ahorrativo, porque allí profundidad de concepto o introspección psicológica no había por ningún lado.

Escenográficamente cercana al todo a cien, me pareció nefasto el primer acto, casi digno de Carlos Saura; no me desagrado del todo el segundo, gustándome la proyección del lienzo de Tintoretto “Tarquino y Lucrecia” (según me apuntó un amigo) en el momento en que Scarpia se va poniendo más calentorrete; y del tercero sólo salvaría el interesante efecto de la sombra del ángel que culmina Sant’Angelo.

En cuanto a la dirección de actores, fue tremendamente elemental y previsible. Aquí se contó con la ventaja de tener a un gran animal escénico como es Bryn Terfel, que él solo se come el escenario. Aunque se compensaba con una sosa Dyka y un Marcelo Álvarez que, siendo benévolos, diremos que no es precisamente Marlon Brando el hombre, con lo que, excepto a Terfel, la verdad es que a la mayoría de intérpretes se les veía un tanto perdidos por la escena.

Tan sólo hubo algunos detalles aislados ‘innovadores’ en la propuesta de Grinda, pero sin que aportasen nada al drama, como que al final del segundo acto el manto se quede enganchado en la mesa, lo cual provocaba risas y cuchicheos en un momento especialmente dramático, por dar la apariencia de que pudiera ser un accidente escénico fortuito. Tampoco me gustó el detalle pandilleril de que Scarpia le meta un golpe con la frente a Cavaradossi después del grito “Vittoria, Vittoria” del segundo acto. Sí me pareció acertado sin embargo que Scarpia finalice el primer acto arrodillándose y besando la mano del Cardenal; pero que inmediatamente después acabe arrojando las flores de Tosca al aire, lo considero una majadería imperdonable, completamente contraria al personaje. Ya sólo faltaba que le hubieran vestido de Locomía.

La iluminación de Roberto Venturi tampoco aportó nada a una dirección escénica que pretende ser moderna, pero que se quedó en previsible y anodina.

En lo musical, la dirección del maestro Zubin Mehta suscitó comentarios para todos los gustos. A mí me gustó bastante. Como suele ser habitual en el director indio, no hizo una lectura especialmente genial o innovadora, pero sí muy correcta y con algunos detalles de muy buen gusto. Condujo Mehta la orquesta con batuta firme, manteniendo una pulsión dramática muy destacable, sobre todo en un segundo acto estupendo. Mimó a los cantantes con especial cuidado, pero sin que en ningún momento mermase la tensión requerida por la partitura.

Es cierto que hubo algunos desajustes en la Orquestra de la Comunitat Valenciana, como ya viene siendo habitual los días de estreno, pero yo no percibí que fuesen de tanta envergadura como algunos amigos me comentaban a la salida. En sus intervenciones solistas destacaron clarinete y concertino; y me pareció que tuvieron una noche especialmente inspirada los metales.

El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo soberbio en su pequeña pero crucial participación, e igualmente positiva fue la intervención de los niños de la Escolanía de la Mare de Déu dels Desamparats.

Entre los solistas vocales hubo un poco de todo.

Marcelo Álvarez no sólo no nos regaló una de sus temidas espantás de divo caprichoso, sino que para mí fue el gran triunfador de la noche. De entrada el argentino sorprendió favorablemente por su imagen, habiendo perdido bastante peso desde aquel Don José orondísimo y charcutero del año pasado. Vocalmente su Cavaradossi estuvo plagado de matices y lucimiento canoro, llevando a cabo todo un recital de pianissimos y filados, casi excesivos, haciendo que por momentos yo me acordase del gran Miguel Fleta (admítase la herejía), aunque es cierto que pecaban de poco volumen. Su dicción fue perfecta y el fraseo bellísimo y estilísticamente impecable. Se mostró segurísimo toda la noche en la zona aguda, aunque en ocasiones tendiese a irse la voz un tanto atrás, y nos obsequió con unos “Vittoria, Vittoria” ajustados y larguísimos, y un ‘E lucevan le stelle…’ francamente emocionante.

El galés Bryn Terfel dibujó un Scarpia estupendo. Siniestro, rijoso y malvado hasta el tuétano. Gran parte de su éxito se basa en su enorme talento escénico que, incluso con direcciones escénicas tan planas como la de Grinda, le permite llevar a cabo actuaciones dramáticas memorables. Su voz flexible, de centro bellísimo y poderoso, brilló más en el segundo acto que en el primero, donde pareció comenzar un poco frío, con algún problema de proyección y con demasiados empujones de la voz, como si le costase encontrar el apoyo natural de la misma. El mejor momento del galés fue el monólogo “Non mi vendo a prezzo di moneta”, donde su cuidado e intencionado fraseo y la fuerza dramática de su interpretación hizo que la emoción se adueñase definitivamente de la sala.

La soprano Oksana Dyka, que nos sorprendió muy favorablemente a todos el año pasado en “Madama Butterfly”, no me convenció nada como Tosca. Ya desde su primer “Mario, Mario” me dio la impresión, que se mantendría toda la noche, de que estábamos escuchando a Cio-Cio-San cantando "Tosca". Y también supe que, pese a que a mí no me estaba gustando, sería muy aplaudida al final. Y es que la ucraniana tiene una voz muy rica en armónicos, de agradable timbre y enorme volumen, que se mueve además con solvencia por la zona aguda, todo lo cual suele ser en Les Arts sinónimo de éxito garantizado.

Pero por el contrario, Dyka fue una Tosca, permítaseme el fácil chiste, muy tosca. Su fraseo fue duro, totalmente exento de legato y muy plano. Tuvo una nula capacidad de matización y de acento dramático, y la frialdad y la brusquedad fueron características de su interpretación. En la escena de la tortura dio un importante recital de gritos y el momento siempre esperado del “Vissi d’arte” resultó gélido y falto de elegancia, delicadeza y emoción, no siendo capaz ni de intentar un solo piano, así que, en lugar de transmitirnos el pesar y frustración de la protagonista, parecía que estuviera haciendo el pedido a la cocina del Burger King. Y su “Questo è il bacio di Tosca!” fue, además de inaudible, tan rutinario como un “Chicas, que ha llegado el afilador”.

Todos los comprimarios estuvieron en un nivel más que correcto, gustándome especialmente el Sacristán que compuso el barítono veneciano Fabio Previati.

Al final hubo fuertes aplausos para todos, incluida la dirección de escena, aunque aquí se escucharon tres o cuatro tímidos intentos muy aislados de abucheo. La anécdota de la noche la firmó Zubin Mehta al hacer callar al público durante la ovación final para anunciar el resultado del partido de fútbol, originando el desconsuelo de Bryn Terfel, supporter declarado del Man United, y el alborozo de uno de los miembros de la orquesta (creo que un fagot) que ondeó jubiloso una camiseta del Barça.

Ese es el poder del fútbol, seguro que a la inversa no ocurrirá nunca. La megafonía del Camp Nou anunciando: “Atención: En el Liceu, gallo de Vittorio Grigolo en ‘Che gelida manina’, abucheos a la escena y bravos para Netrebko”.

Os recomiendo leer también las crónicas de los amigos Maac y FLV-M.

ACTUALIZACIÓN A 05/06/11:
Anoche estuve viendo de nuevo esta "Tosca" y hubo algunas cosas que me gustaría comentar.

Lo primero que me llamó la atención fue que dos de las cosas que yo había criticado de la puesta en escena se han cambiado. Afortunadamente, Scarpia ya no finaliza el primer acto tirando las flores al aire con un amaneramiento impropio del personaje, sino que ahora las arroja hacia un lado, con rabia, quedándose con una en la mano que simboliza a esa Tosca a la que piensa hacer suya. Lo que podéis ver en este video del final del primer acto grabado en la función del día 31:


video de MrsTLeighton


La otra variación, también para mejor, es que al final del segundo acto ya no se queda el manto enganchado en la mesa, sino atrapado bajo el cadáver de Scarpia.

En el apartado musical, la orquesta estuvo excelente, mucho mejor acoplada que en el estreno; Marcelo Álvarez me gustó menos, sobre todo en el primer acto, con pianos inaudibles y corriéndole poco la voz; Oksana Dyka estuvo mejor que en el estreno aunque su "Vissi d'Arte" me siguió pareciendo muy flojo; y Bryn Terfel, sensacional de principio a fin.