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sábado, 23 de mayo de 2015

"NARCISO" (Domenico Scarlatti) - Palau de les Arts - 22/05/15

Ayer tuvo lugar en la sala Martin i Soler del Palau de les Arts el estreno de la última ópera de la temporada. Una desconocida Narciso, de Domenico Scarlatti, ponía el punto y final a un ejercicio operístico demasiado breve; aunque viendo todo lo sucedido desde el final de la pasada temporada, no nos podemos quejar mucho.

Hoy estamos viviendo esa ridiculez llamada “jornada de reflexión” y, tras lo visto y oído ayer, creo que también aprovecharé para hacer algunas reflexiones que me vinieron a la cabeza mientras me aburría soberanamente en la sala.

Empezaré por advertir a quien no me conozca que la ópera barroca, por lo general, me produce un irresistible sopor. Es algo de lo que no me enorgullezco. Es una carencia que lamento, pero, por más oportunidades que le doy, igual que me pasa con el ballet, sigue aburriéndome. Por eso, mis comentarios hoy, más que nunca, están cargados de unas impresiones muy subjetivas que no tienen por qué coincidir con el resto de aficionados.

Resumiendo en pocas palabras mi opinión de lo vivido anoche, creo que asistí a un magnífico espectáculo dramático, con una dirección escénica formidable y con una dirección y ejecución instrumental sobresalientes; acompañando un pestiño de ópera, con fugaces momentos muy bellos, que contó con un elenco vocal inadecuado y bastante flojo.

La producción presentada está coproducida con el Festival de Música Antigua de Innsbruck, donde ya se había representado el pasado mes de agosto, curiosamente contando con la dirección musical de Fabio Biondi, recientemente nombrado codirector titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana junto a Roberto Abbado, y con quien nos espera, se supone, un incremento de ópera barroca en la programación de Les Arts. Lo que deberían plantearse los gestores del teatro es qué nivel de ópera barroca queremos ofrecer y cómo pensamos que es la mejor manera de acercar al aficionado no iniciado al género. Y, en mi opinión, eso no se logra descuidando el nivel de las voces, precisamente en la ópera barroca, donde lo primordial es el canto. Y ayer eso fue lo que pasó.

La producción contaba con la dirección escénica del omnipresente y polifacético Davide Livermore que obtuvo un éxito sin paliativos con este trabajo, en el que traslada la acción a los años 20 del pasado siglo, con una referencia directa al excelente largometraje de Wes Anderson Gran Hotel Budapest, aquí transformado en Grand Hotel Arkadia.

Una escenografía de ribetes expresionistas, impactantes proyecciones (aunque muchas de ellas recicladas y ya vistas en anteriores producciones), espectaculares juegos de luces y un llamativo vestuario, culminaban una propuesta visualmente hipnótica que potenciaba la acción dramática de un libreto bastante plano y estático. Además, pese a la traslación espacio temporal, se consiguió que no chirriase en ningún momento el texto con una acción escénica que parecía adaptarse perfectamente al espíritu de la obra. Eso sí, dio un aire de comedia a un drama, lo cual a mí particularmente no me molestó porque la obra tampoco me parece el recopetín, pero, como me decía un amigo en uno de los intermedios, si esto lo hace con Rigoletto o con Lohengrin, por ejemplo, le tiramos piedras.

La gran labor de Livermore se completaba con otro de sus fuertes, una dirección de actores cuidadísima, un trabajo espectacular al servicio del drama, logrando de los jóvenes intérpretes un rendimiento máximo en esta faceta.

Pero tanto es su empeño en el refuerzo del apartado dramático que se descuida notablemente la vertiente musical. Como ya ha ocurrido en otros trabajos de Livermore, la acción inunda todos los planos, incluso en los momentos en que no se canta, distrayendo la atención de la música. Además, en ese trabajo escénico no son pocos los ruiditos (el timbre del botones acompañando un recitativo, las risas de los intérpretes…) que interfieren directamente la escucha de la música. ¿Que soy un purista puñetero?, pues quizás, pero creo que hay un término medio para todo y que es posible culminar un trabajo escénico extraordinario, como es el de este Narciso, con un mayor respeto por el apartado musical.

Y esto me preocupa todavía más cuando este señor es el director del Centre de Perfeccionament y el Director Artístico e Intendente de Les Arts, y resulta que la vertiente vocal aparece todavía más descuidada que la musical, con unas interpretaciones muy lejos de la media de calidad que se espera de la casa. Si los cantantes de ayer fueron lo mejor que pudo seleccionar Livermore del Centre, la cosa es alarmante y habría que replantearse el nivel de selección del mismo. Pero lo peor de todo es que me da la impresión, posiblemente errónea, de que a Livermore le chupa un pie que los cantantes sean mejores o peores mientras sepan desenvolverse en escena. Y esto sí lo logró.

Por eso, en medio de mi sopor, estuve reflexionando acerca de esto y pensando en ese próximo anuncio el día 3 de la temporada valenciana 2015/2016, donde se supone que se van a ofrecer ¡14 óperas!, con una apertura a otros repertorios como el barroco o la ópera contemporánea, donde se dice que podríamos tener obras de Britten, Honegger, Janacek o Strauss… Pero si la táctica va a ser hacerlo con el protagonismo de cantantes del Centre que salen gratis y con esta mínima exigencia de calidad vocal, el fracaso está garantizado y el acercamiento del público a esos repertorios más exigentes será imposible, por muy vistosas y divertidas que hagamos las puestas en escena. La ópera no es sólo teatro, es drama, sí, pero sobre todo es música y canto.

Pero bueno, tiempo habrá para hablar de todo esto cuando se anuncie oficialmente la temporada.

El apartado musical tuvo anoche también un protagonismo de enorme calidad en la figura del director italiano Federico María Sardelli, quien ya había estado en este teatro al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en las óperas de Vivaldi L’incoronazione di Dario y Juditha Triumphans. Al igual que ocurriese en aquellas ocasiones, Sardelli llevó a cabo una magnífica labor, ofreciendo una lectura llena de nervio, brío y músculo, trabajando excelentemente las dinámicas y equilibrando los planos orquestales con sabiduría, logrando de esta orquesta, poco habituada al género, un sonido puramente barroco.

Destacadísima fue la aparición de los metales en sus breves intervenciones; maravilloso el sonido de toda la sección de cuerda, con ese momento en que la orquesta se convierte en quinteto de cuerda absolutamente fascinante; precioso el solo del concertino, Sergey Teslya; y acertadísimos toda la noche Aida Bousselma al clave, Arne Neckelmann con el violonchelo y Juan Francisco Padilla a la tiorba.

De los cantantes ya he dicho bastante. No voy a hacer mofa ni sangre, pero considero que tienen mucho que mejorar. A lo mejor exagero y tengo mis percepciones equivocadas por mi aversión al género, pero no hace mucho tiempo estuve también viendo una ópera barroca interpretada por alumnos del Máster del Conservatorio y el nivel me pareció superior.

Los recitativos estaban muy descuidados y toda la noche fue un recital de desafinaciones, destemplanzas, problemas de respiración e inadecuación al género. Destacaría entre todos favorablemente a Cristina Alunno, quien, al menos, dotó a su canto de expresividad; siendo el que menos me gustó el tenor Valentino Buzza con ese vibrato de borreguito característico y su tendencia a villazonear cantando todo como si fuese Pagliacci.

Sí quiero volver a repetir que su rendimiento en el plano escénico y dramático fue magnífico y ahí merecen un sobresaliente; como también merecen una reseña destacadísima las dos figurantes pertenecientes al Ballet de la Generalitat, Fátima Sanlés y Júlia Cambra, permanentemente en escena con una desenvoltura y unas dotes cómicas y dramáticas extraordinarias.

Al finalizar, hubo calurosas ovaciones para todos de un público que prácticamente llenaba la sala, con un altísimo porcentaje de extranjeros (alemanes, ingleses, noruegos y muchos italianos). También se encontraban presentes algunos jóvenes cantantes valencianos, ex compañeros/as del Centre de Perfeccionament o el que va a ser principal director invitado de Les Arts, Ramón Tebar.

Bueno, ahora esperemos al día 3 de junio a ver si el señor Livermore, dos meses después de lo prometido, se digna facilitar la información de la programación de la próxima temporada. Y a partir de ahí hablaremos del futuro.

Que ustedes reflexionen bien y voten mejor.


lunes, 24 de febrero de 2014

"L'ITALIANA IN ALGERI" (Gioacchino Rossini) - Palau de les Arts - 23/02/14

Ayer, tras las incertidumbres surgidas respecto al futuro del Palau de les Arts después de la cancelación de la ópera Manon Lescaut y la retirada de todo el trencadís de su cubierta, volvió a reanudarse la temporada operística del teatro valenciano, con el estreno de L'Italiana in Algeri, de Gioacchino Rossini.
 
Veremos cómo y cuándo se resuelve finalmente el recubrimiento del hoy patético Pelau de les Arts: si se vuelve a utilizar trencadís, si se pinta, o si algún genio decide que le ponen gotelé o papel pintado de los 70. A mí me da absolutamente igual. Lo importante es que el interior del edificio recupere su actividad a pleno rendimiento y que se garantice la continuidad de nuestro teatro de ópera con espectáculos de buen nivel, como el ofrecido ayer.

-Oye, yo paso ir al tostón ese de la ópera que me sobo
- Ya, y yo. Que vaya Helga.
De momento, el mensaje que se transmitió desde las instancias oficiales no pudo ser peor. Escasísima presencia de representantes políticos autonómicos valencianos. Tan sólo se dejó ver el Conseller de Economía Máximo Buch. El President Fabra debía estar buscando sus vaqueros o comprando el arreglo de cocido antes de ir a la Cridà fallera, pero no apareció. Y de la Consellería de Cultura, ni una mínima representación oficial tampoco que mostrase el apoyo a la reapertura de Les Arts. Una sonrojante vergüenza más, que deja bien a las claras el nulo interés que sienten por la cultura en el gobierno valenciano en general y en el departamento que dirige María José Catalá en particular, quien debería replantearse cambiar de denominación a su Conselleria por la de Fallas y chirigotas populares varias, pues su política tiene de cultural lo que su forma de gobernar de democrática: el nombre.

Entrando ya en materia, creo que pocas personas podrán discutir que, dentro de la producción de Rossini, Il barbiere di Siviglia es una ópera mucho más redonda en todos los sentidos que L’Italiana in Algeri. Sin embargo, cualquier parecido entre el Barbero sufrido la temporada pasada y la Italiana vista ayer, es pura coincidencia, ganando esta última por goleada. A las pruebas me remito, en Il Barbiere yo a los quince minutos ya estaba mirando el reloj y deseando que acabase aquel tostón; anoche, el primer acto de L’Italiana, de una hora y cuarto de duración, se me pasó volando. Y mérito de la obra no es. Hubo ante todo un responsable de que las cosas funcionasen especialmente bien, el director musical Ottavio Dantone, contribuyendo también de manera capital al éxito del conjunto la ágil y efectiva dirección escénica de Joan Font, así como un equipo de cantantes que, pese a sus puntuales carencias, lograron un resultado global muy positivo.

La dirección de escena de Joan Font es sumamente alegre y colorista. A mi juicio, logró el equilibrio justo entre el respeto estricto a lo escrito y el reforzamiento del carácter desenfadado y bufo de la obra, sin exageraciones, con una estética visual muy atractiva, con un vestuario impactante y un juego de luces inteligente. La escenografía es sencilla pero resultona y de efecto directo sobre el espectador, con unos cambios de escenas ágiles, muy bien resueltos, sin dejar que mermase en ningún momento el trepidante ritmo requerido.

La dirección del movimiento de actores se vio bastante trabajada, casi siempre con acciones en diferentes planos, pero sin abusos, sin que llegase a distraer lo secundario de lo principal, únicamente remarcándolo y creando los ambientes necesarios para que la trama fluyera y su carácter cómico no decayese. Por una vez, personajes no existentes en el libreto como el tigre o las acompañantes vestidas de negro, no sólo no molestaban sino que potenciaban el conjunto. Lo único que no me gustó fue el inicio del segundo acto con esos tres personajes en escena haciendo bobadas antes de la salida del director.

Ottavio Dantone retornaba a Valencia, tras la magnífica labor de dirección llevada a cabo la temporada anterior en La Flauta Mágica, para ponerse al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana y, como ya dije antes, su trabajo anoche fue el principal responsable de que Rossini brillase en el escenario de Les Arts como merece. Tras el Barbero del año pasado, algunas personas me dijeron que habían llegado a la conclusión de que la música de Rossini no les gustaba; ayer algunas de esas mismas personas me confesaron haber redescubierto al compositor de Pésaro gracias, sobre todo, a un trabajo de batuta excelente que le hizo justicia.

Dantone comenzó poniendo las cosas en su sitio con una Obertura excepcional (por cierto, a telón bajado, como Dios manda, sin pretender distraernos de lo que debe primar en esos momentos que es la música). En ella, ya perfiló con sabiduría y precisión milimétrica todos los contrastes de la escritura rossiniana, con un manejo maestro del arte del crescendo.

Impuso un tempo ágil, vivo, alegre, donde la música fluía con naturalidad y se cogía perfectamente de la mano con la acción escénica, en una conjunción sólida que impidió que la tensión decayese un solo instante. Dantone, desde el podio, dirigió todas y cada una de las entradas de los cantantes, atentísimo  a lo que ocurría en escena, cuidando que los volúmenes no tapasen a los intérpretes, pero, al mismo tiempo, sin permitir que la orquesta perdiese la relevancia requerida. Si hubiera de mencionar un fallo, sólo señalaría un cierto desajuste entre escena y foso en el pasaje del coro de pappatacci.

Christopher Bouwman
Ese trabajo exquisito de dirección contó con la inestimable colaboración de una Orquesta de la Comunitat Valenciana inspiradísima, compuesta para la ocasión por apenas 40 miembros, pero que obtuvieron unos sonidos excepcionales. ¡Cuánto echábamos de menos el sonido de esta orquesta!... Detalles como la matizada percusión, la precisión de las cuerdas o la rotundidad de los contrabajos, se unieron a las magistrales intervenciones de Álvaro Octavio a la flauta o Christopher Bouwman al oboe, por cierto, precisamente la semana que se ha anunciado que este último dejará próximamente la orquesta para integrarse en la Suisse Romande. Muy mala noticia.

Merece destacarse también el preciso, y pocas veces valorado en su justa medida, trabajo de José Ramón Martín al clave.

El Cor de la Generalitat, compuesto en esta ocasión únicamente por sus integrantes masculinos, volvió a brindarnos una actuación magnífica, pese a algún desajuste como el ya comentado antes, recordándonos el privilegio que supone poder disfrutar de una agrupación de este nivel. Debe destacarse además su comportamiento en escena, desenvuelto y divertido, potenciando el tono giocoso de la obra. Además, como en tantas otras ocasiones, se percibía que ellos mismos se lo estaban pasando fenomenal.

Junto a la presencia de Dantone al frente de la orquesta, el mayor aliciente para mí de esta producción se centraba en la presencia en Valencia de la mezzosoprano Silvia Tro Santafé, en el papel de Isabella. Y no me defraudó en absoluto. La cantante valenciana tiene una voz de bello timbre y amplio registro, con un centro consistente, unos graves de peso y audibles y una zona aguda luminosa y timbradísima. Su canto estuvo caracterizado por una extrema musicalidad, pureza en el fraseo y un exquisito gusto a la hora de manejar el instrumento, como hizo en “Per lui che adoro”, con unas medias voces y matices preciosos. Solventó las coloraturas con limpieza y precisión y firmó un “Pensa a la patria” muy meritorio. Por hacerle un reproche, quizás por la perfección técnica y corrección canora demostrada, acabase resultando un tanto fría o distante, pero ante una ejecución de semejante nivel, ya quisiera yo muchas frialdades así.

Antonino Siragusa interpretó el complicado papel de Lindoro. El tenor italiano es un auténtico especialista en partituras rossinianas y se maneja con estilo, soltura y arrojo en las complicadas trampas escritas por el maestro de Pésaro. Estuvo muy valiente toda la noche, moviéndose como pez en el agua entre las agilidades y por el registro más agudo. Su voz, aunque de tonalidades blancuzcas, tiene volumen y cuerpo, algo no muy habitual en los tenores ligeros rossinianos, el problema es que las sonoridades son excesivamente craneales y nasales, con algún deje gatuno, y su fraseo algo tosco, tendiendo a dejar sonidos abiertos, todo lo cual afeaba un tanto el resultado final que, no obstante, sólo puede considerarse positivo.

Tras la desaparición del barítono Erwin Schrott del cartel de L'Italiana in Argeli a diez días del estreno, de la que ya hablé en este blog y sobre la que desde Les Arts siguen sin pronunciarse, el papel de Mustafá fue asumido ayer por el desconocido bajo turco Burak Bilgili. La voz es bonita, con resonancias de auténtico bajo, aunque paradójicamente carecía de graves, o, al menos, no le resultaban audibles, probablemente por una mala técnica de emisión. Le faltó un punto más de autoridad vocal, pero escénicamente estuvo impecable dotando al personaje de la vis cómica imprescindible, cuidando mucho la intención en su fraseo, pese a algún problema de dicción. Creo que la nota final también debe ser positiva.

Más flojo me resultó Giulio Mastrototaro como Taddeo. Es innegable que estuvo divertido y entregadísimo en escena, pero vocalmente no hace falta ir demasiado lejos para encontrar mejores defensores del rol.

Los cantantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo Anabel Pérez Real (Elvira), Cristina Alunno (Zulma) y Germán Olvera (Haly), cumplieron con corrección, destacando igualmente por su buen comportamiento en escena.

La sala volvió a mostrar demasiados huecos en un estreno (los pisos 3 y 4 estaban prácticamente vacíos), pero el público asistente, aunque no destacó por su calor, se veía que se lo pasaba bien. Al finalizar se ovacionó a todos los intervinientes y a la dirección escénica de Joan Font, que recogió unánimes aplausos y bravos.

Como siempre, parece que me toque a mí lo más selecto de la sociedad valenciana en mis inmediaciones. Ayer, un ser presuntamente homínido, nos deleitó a todos con su estulticia y embrutecimiento. Comenzó por entrar y salir de su butaca, molestando a toda la fila, unas 4 ó 5 veces antes de comenzar la representación. No contento con eso, nada más iniciarse la obertura enchufó el móvil y se puso a consultar las novedades de facebook tarareando mientras la música y molestando con sus graznidos y la luz del teléfono a todos los presentes. Llegué a pensar que no estaba mirando nada, sino que lo único que quería era iluminar sus facciones para que viésemos lo guapo que era, pero claro, deseché la idea al vislumbrar sus rasgos, propios de un cruce antinatura entre Boris Karloff y un King Kong alopécico. Redondeó su actuación comentando a gritos con sus compañeros de butaca (que por cierto debían ser del mismo zoo porque le entendían sus rebuznos y le reían las gracias) lo que ocurría en escena. A los insistentes chisteos y reproches de muchos de nosotros, respondía con chulería y haciendo más ruido, provocándonos también después al encenderse las luces.

Yo les pediría a los chicos y chicas que vigilan la sala que tratasen de controlar mejor este tipo de comportamientos y se tomasen las medidas oportunas para expulsar del teatro a esta gentuza que no sabe respetar unas normas mínimas de convivencia.

En fin, nos quedaremos con que la temporada operística se ha reanudado y confiaremos en que la cosa se mantenga. Y ya puestos hoy a hacer peticiones, hare otra:

Por favor, señoras y señores del gobierno valenciano y otras instancias competentes, un día de estos que estén ustedes ya aburridos de jorobar al ciudadano busquen en el diccionario (ese libro gordo que tienen sin desprecintar en la estantería) el significado de la palabra pensar y pónganla en práctica. Es gratis e incluso gratificante. Al principio puede que sea un poco doloroso poner en movimiento la neurona atrofiada y hasta es posible que se les escape algún cuesquete del esfuerzo, pero después se acostumbra uno a razonar y hasta tiene su gracia.

Piensen. Hagan lo posible por mantener una actividad musical y operística de nivel en este teatro. Tienen lo principal: la sala y unos cuerpos estables de relevancia internacional. Da igual que el exterior del edificio tarde en recuperar el lustre de los años del pelotazo, lo importante es que se siga ofreciendo en el interior una oferta cultural de primer rango que va mucho más allá de ser, como piensa el President del arreglo de cocido, un divertimento para ricos. No es cierto. Es un activo cultural de la sociedad valenciana que contribuirá a tener mejores y más formados ciudadanos… Aunque también es verdad que igual, precisamente eso, es lo que no les interesa a ustedes.


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