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miércoles, 12 de febrero de 2014

RECITAL DE MARÍA JOSÉ MONTIEL Y LUISA DOMINGO - Palau de la Música de Valencia - 11/02/14

Los que tenemos la inmensa suerte de disfrutar con la música clásica y asistir regularmente a óperas, conciertos y recitales, sabemos que hay días, muy pocos pero inolvidables, en los que, sin saber muy bien por qué, surge la magia y se vive el Arte (con mayúscula) en estado puro.

Hay veladas en las que la comunión entre intérprete y público es total, en las que la separación entre el patio de butacas y el escenario no existe, y el cantante, o el músico, parecen estar a solas contigo, cada vez más cerca de ti, cada vez más dentro de ti, convertidos en perfecto vehículo portador de las emociones que, hace muchos años, un compositor sentado en su mesa de trabajo quiso transmitir mediante las notas que garabateaba en una partitura.

Hay tardes, como la de ayer, en las que uno llega a pensar que es imposible alcanzar mayor grado de perfección y belleza mediante el sonido de la voz humana y la pulsación y caricia de las cuerdas de un arpa.

La mezzosoprano madrileña María José Montiel y la arpista valenciana Luisa Domingo, ofrecieron ayer en el Palau de la Músicade Valencia un espectacular recital, dentro de la programación de la Sociedad Filarmónica de Valencia, que guardaré para siempre en mi memoria. Una primera parte dedicada a mélodie y ópera francesa, y una segunda a canción española más dos piezas en portugués de Jayme Ovalle y Ernesto Halffter, componían un programa sabiamente construido, que, unido a la siempre cálida y bella voz de la Montiely el virtuosismo de Domingo, hacía presagiar que pasaríamos una estupenda tarde. Pero se consiguió mucho más.

Es habitual en un recital de este tipo que haya altibajos, que aparezcan momentos en los que la cabeza se te vaya a otra parte, que desees que llegue cuanto antes ese tema que tanto te gusta, que te distraiga hasta el vuelo de una mosca... Lo que no es normal es que desde que suene la primera nota hasta que salgas de la sala, estés con los pelos de punta por la emoción; que la gente se ponga en pie a mitad de recital para aplaudir y bravear durante minutos la ejecución de un aria, como pasó con el "Mon coeur s'ouvre a ta voix"de Samson et Dalila; que en la primera canción ya haya gente con lágrimas en los ojos; que ni la señora del sonotone desajustado y el papel de caramelito tamaño paella gigante de Galbis, pese a los múltiples intentos de desconcentrarte, lo consiga... Y todo eso ocurrió ayer.

Los que me conocéis y seguís el blog, sabéis que soy un enamorado de la voz de María José Montiel, a la que admiro como cantante y estimo como persona. Por eso sé que algunos pensarán que estoy exagerando mis alabanzas. Pero también sé que los que ayer estuvieron en el recital posiblemente opinen que me estoy quedando corto y que mi torpe escritura no alcanza a describir la intensidad de las emociones sentidas.

Y todo esto hay que valorarlo todavía más teniendo en cuenta el tipo de espectáculo del que estamos hablando. Un recital de canciones con el acompañamiento de un instrumento es una prueba de fuego para cualquier intérprete. Ahí el artista tiene que despojarse de todo artificio y la voz queda desnuda, dejando en evidencia cada virtud, pero también cada defecto o imprecisión en su manejo. Si a eso le añadimos que el instrumento acompañante era un arpa, la dificultad técnica se multiplica, pues el cantante carece en ocasiones de apoyo y la riqueza en armónicos del arpa complica más la afinación.

Todo eso no fueron inconvenientes para que María José Montiel llevase a cabo una actuación impecable, técnicamente perfecta, ofreciendo además un recital de canto valiente, por derecho, auténtico. Su voz carnosa y enorme llenaba cada rincón de la sala en los fortes y posiblemente hiciese saltar el poco trencadís que quede en el cercano edificio de Les Arts, pero esa voz tan grande era domada y regulada al servicio de la expresividad, con una sensibilidad exquisita.

Las medias voces que se escucharon ayer fueron de antología, "a la antigua", como apuntaba mi compañero de butaca. Auténticas medias voces, no el típico "cantar bajito", perfectamente recogidas, templadas, en frases largas, afinadísimas y con una regulación del aliento milimétrica. Los pianísimos fueron audibles hasta el último soplo de aire; la precisión en la colocación de cada nota, irreprochable; y la claridad en la emisión, así como su articulación y dicción, admirables. Una magistral exhibición técnica, pero siempre al servicio de la belleza del resultado, no del lucimiento personal. No hubo ni un sólo toque efectista en busca del aplauso fácil. Allí sólo mandaba la belleza musical y la Montielfue su instrumento perfecto.

Luisa Domingonos ofreció unas adaptaciones para arpa interesantísimas, acompañando en su justa medida a la voz, envolviéndola en perfecta armonía y enfatizando las emociones del texto con virtuosa ejecución.

Personalmente, me quedo con la primera parte del recital. Creo que con la música francesa lució más la voz de María José Montiel, que está llamando a gritos debutar Dalila o Charlotte (Werther). Que alguien se lo diga a Helga, ya.

El momento cumbre de la noche posiblemente se viviera, como ya apunté antes, con el "Mon coeur s'ouvre a ta voix", de Samson et Dalila de Saint Saëns. Absoluto derroche de expresividad y presencia escénica. Dibujando perfectamente cada matiz del texto. Fue sublime cómo cogió la primera nota de "Samson! Samson! Je t'aime!", y enormemente sensual como se deslizaba la voz mientras las manos hacían lo propio en "Verse-moi, verse-moi l'ivresse!".

Pero no menos emocionantes resultaron el "Connais-tu le pays", de la ópera Mignon de Ambroise Thomas que abrió el concierto, o las mélodies subsiguientes de Hahny Debussy, con un refinamiento exquisito en la ejecución que se repetiría en esos dos temas de Massenet que precedieron a un descanso que nadie en el patio de butacas quería que llegara.

De la segunda parte destacaría especialmente el susurro poético que desprendió esa Nana de las Siete canciones populares de Falla. En "Azulão", de Ovalle, nos brindo algunas de las mejores frases de la noche, con un control del fiato y la respiración apabullantes. Y el programa terminaba con el "Fado (Ai que linda moça)" de Halffter, sentidísimo, enhebrado con la sensibilidad a flor de piel y que finalizó con las dos intérpretes con lágrimas en los ojos y abrazadas.

Tras el delirio final del público, la propina no se hizo esperar. Una Habanerade Carmen sin tonterías. Descarada y sensual, pero sin perder la elegancia que requiere su canto. La sala pedía más, pero el síndrome de Stendhal estaba ya llamando a la puerta, e igual que tras una buena cena, el secreto está en no llegar a saciarse. El público salió emocionado y las artistas también.

Esa es la magia. Decía al principio que hay ocasiones en que ésta surge sin saber muy bien por qué, y entonces se vive el Arte en estado puro. Haré una corrección. Ayer sí supimos por qué: porque allí había dos artistas inmensas que nos ofrecieron generosas todo el fruto de su sacrificio y esfuerzo personal a lo largo de los años, con el único objetivo de hacernos un poco más felices, haciéndonos disfrutar de una maravillosa música exquisitamente ejecutada. Y a fe mía que lo lograron.

Gracias a la Sociedad Filármonica de Valencia por esta iniciativa. Y, sobre todo, gracias, María José y Luisa. No tardéis en volver.

jueves, 4 de julio de 2013

"RIGOLETTO" (Giuseppe Verdi) - Teatro de la Maestranza - 29/06/13

Transcurría todavía el frío mes de enero cuando un grupo de amigos decidimos comprar entradas para acudir a finales de junio a Sevilla, a la representación de “Rigoletto”que se había anunciado en el Teatro de la Maestranza. Laverdad es que a mí me hacen falta pocos pretextos para ir a una ciudad que me encanta y a la que tengo gran cariño, pero en esta ocasión la excusa era perfecta, pues un “Rigoletto” con Leo Nucci, Jessica Pratt, Celso Albeloy María José Montiel no se ve todos los días. Lástima que no pudiera organizarme para haber ido a alguna de las funciones del también muy interesante primer reparto, con un trío protagonista andaluz formado por Juan Jesús Rodríguez, Mariola Cantarero e Ismael Jordi.

Y la experiencia ha valido la pena. Ya la simple presencia del veterano barítono italiano Leo Nucci en el papel del bufón, garantizaba el espectáculo, pero es que, además, el resto del reparto rindió a un nivel espléndido y pudimos vivir y disfrutar una fantástica noche de ópera, a la vieja usanza, como cuando todavía había divos operísticos y en la que la pasión contagiada desde el escenario desbordó el patio de butacas.

Si se buscaban ortodoxas esencias interpretativas de la partitura de Giuseppe Verdi, no era la cita más adecuada. La orquesta estuvo lejos de infundir al conjunto acentos y clímax puramente verdianos, y los cantantes se lanzaron a una impactante exhibición vocal incluyendo todos los agudos y sobreagudos no escritos originariamente pero que los sucesivos divos y divas han ido incorporando para su propio lucimiento a lo largo de los años. Ahora bien, si lo que se pretendía era pasarlo estupendamente asistiendo a un emocionante espectáculo de ópera, no había mejor ocasión.

Leo NucciES Rigoletto. Ha cantado tantas veces el papel y lo tiene tan asumido en su interior que, pese a sus puntuales excesos interpretativos, te lo crees completamente. El personaje le surge de forma natural. Se planta la joroba y se transforma. Si algún día me contasen que este hombre ha acabado en su vida personal, como le pasó a Johnny Weissmüller con Tarzán, creyéndose el personaje interpretado y entrando en el comedor de la residencia de la tercera edad gritándoles a todos “Cortigiani, vil razza dannata”, me lo creería sin dudar.

Vocalmente tiene más trampas que una película de chinos, empuja la voz, utiliza portamentia cascoporro, pero, a sus ¡71 años! el derroche que lleva a cabo en escena es brutal y digno de elogio. Y, lo que es más importante, logra alcanzar de forma inmediata el punto sensible del espectador transmitiendo emoción en estado puro, lo cual tiene mucho más mérito teniendo en cuenta que no baja el piloto automático del forte y no ofrece ni un solo matiz.

Pese a su edad, la voz, aunque pueda denotar cierto desgaste, se muestra sin apenas vibrato, su fiato sigue siendo muy respetable y su potencia y técnica de emisión permanecen incólumes. El incisivo fraseo de Nucci emociona y conmueve, retratando a la perfección las diferentes facetas del personaje, desde el arrastrado siervo sin reparos para ser cruel, al amante padre o al ultrajado progenitor  dispuesto a la despiadada venganza.

En ese sentido, su “Cortigiani” y el subsiguiente “Ebben, piango”, me parecieron antológicos, diferenciando de forma maestra las dos secciones, dando una lección de interpretación operística. Me gustó bastante más que la “Vendetta”, más atropellada y efectista, la cual, como no podía ser de otra forma, bisó a telón bajado en compañía de la Pratt con el público puesto en pie. De hecho me comentaron que la bisó hasta en el ensayo general. Nucci es así. That’s entertainment!.

Cuando escuché las primeras notas de Celso Albelo como Il Duca, no pude evitar recordar a Alfredo Kraus. Cierto es que las voces de ambos difieren y que la composición que del personaje realiza Albelotiene una vertiente mucho más golfa que aquel elegante duque que encarnaba Kraus, pero me pareció evidente que el desaparecido maestro es la clara referencia de su joven pupilo. Tengo que decir, ante todo, que me gustó muchísimo Albelo. Y eso pese a que a su fraseo le falte un punto de expresividad y a que comenzó un tanto inseguro y sin acabar de colocar bien la voz, pero en el dúo con Gilda estuvo formidable y su recitativo y aria “Ella mi fu rapita… Parmi veder le lagrime” me parecieron referenciales. Elegancia canora de muchísimos quilates, con impecable dicción, exhibición de fiato y un exquisito canto ligado que no se vio afectado ni pese a los estirados tempi que imponía Halffter. En “La donna é mobile” remató con una nota final eterna, quizás efectista en demasía, pero la noche pedía excesos.

Uno de mis principales alicientes para esta excursión sevillana se centraba en escuchar a la soprano australiana Jessica Pratt, de quien me habían hablado especialmente bien; y no me defraudó en absoluto. Lejos de muchos de los jilguerillos que asumen el papel de Gilda, la Pratt tiene una voz brillante y con cuerpo, con unos agudos timbradísimos, bien emitidos y mejor colocados, de impecable afinación. Dio todo un recital de medias voces, filados, pianísimos y trinos espectaculares que enriquecían su elegante y muy bien ligado fraseo de forma magistral. Haber podido disfrutar en directo, en apenas quince días, de dos voces de soprano como las de María Agresta y Jessica Pratt, es un lujazo.

Posiblemente, Maddalena no sea el rol más adecuado para que se desplieguen las virtudes vocales de María José Montiel, quien se encuentra más cómoda en tesituras no tan graves, pero, a pesar de ello, la mezzosoprano madrileña llevó a cabo una actuación excelente, dotando al personaje de una enorme expresividad, sabiendo transmitir sus diferentes estados de ánimo pese a la brevedad del papel, y con una tremenda carga sensual (a la salida casi había tantos comentarios alusivos a las bonitas piernas de la Montielcomo sobre el bis de Nucci). En el cuarteto se mostró soberbia, afinadísima, perfectamente audible y en conjunción perfecta con el trío protagonista, lo que en una Maddalenano suele ser muy habitual.

El bajo ruso Dmitri Ulianov, a quien vimos el año pasado en Les Arts como rey René de "Iolanta", fue un contundente y muy notable Sparafucile de profundas resonancias, voz potente y, aunque su canto no sea especialmente refinado, de intencionado fraseo con el que logró dibujar de forma efectiva la maldad del personaje.

Todo el resto del reparto funcionó también muy bien, sin que nadie desluciese el relevante nivel vocal general, mereciendo destacarse el buen Monterone de Miguel Ángel Arias, con una voz francamente interesante, a quien pienso que perjudicaba un tanto la caracterización empleada para avejentarlo, con postizos impropios hasta de la cabalgata de reyes.

No me convenció en absoluto Pedro Halffter al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Interpretar a Verdiexige saberle dar a la partitura todo el protagonismo dramático que la genialidad del compositor de Busseto le otorgó. Y Halffter no supo o no quiso. Su empleo de tempi y dinámicas se me antojó caprichoso, sin responder al devenir narrativo y emocional del drama, siendo la monotonía e insulsez la tónica dominante de su lectura. Hubo pasajes de una morosidad exacerbada, como en “Parmi veder le lagrime”, donde no sólo la orquesta no respiraba con los cantantes, sino que les colocó en una situación muy comprometida que sólo se salvaba gracias a la técnica individual de los intérpretes. Curiosamente, o no, Nuccifue quien menos padeció estas lentitudes. Posiblemente el ser la estrella de la función influyera en ello.

Para no ser del todo injusto diré que hubo momentos donde la orquesta brillo con más relevancia, como en las entradas de Monterone o en la escena de la tormenta y el último acto en general, donde el cuarteto fue bien conducido.

Muy importante me pareció sin embargo la aportación del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Si en el aspecto orquestal cualquier comparación que se pudiese hacer con la agrupación que escuchamos habitualmente en Les Arts no se sostenía, en el caso del Coro no ocurrió lo mismo. Sonó fantásticamente bien con un ajuste, sonoridad y empaste de primera línea. Todo un descubrimiento.

En cuanto a la dirección escénica, se trataba de la concebida por Stefano Vizioli para el Teatro Regio di Parma. De corte absolutamente clásico, como le gusta a Nucci, con una escenografía especialmente vistosa en el primer cuadro, sirvió a la perfección para contribuir a la sensación de estar viviendo una noche operística de las de antaño, si bien el trabajo escénico como tal me pareció pobre, sobre todo en lo que a la dirección de actores se refiere.

Pienso que se resolvió bastante hábilmente el último acto, aunque, en este caso, la colocación de los cantantes durante el cuarteto en alturas diferentes creo que es un error. Tampoco se solucionó adecuadamente la voz interna del tenor que sonaba claramente a nivel del escenario y no desde la ventana donde se supone que se encontraba. Pero esta noche, más que nunca, la dirección escénica era lo de menos.

El público, que llenaba totalmente el recinto sevillano, con presencia de caras conocidas de la jet local y muchos aficionados desplazados de toda España, enloqueció literalmente con el espectáculo ofrecido y jaleó y braveó puesto en pie a todos los intérpretes, llegando en el bis de la Vendetta a no esperar ni a que Nucci acabase de cantar. Pocas veces he visto, además, tal cantidad de gente intentando entrar en los camerinos al acabar la función.

Aunque si de verdad hubo algo que nunca había visto en un patio de butacas de un teatro serio de ópera, fue lo que aconteció cuando Celso Albelocomenzaba a afrontar “È il sol dell'anima”: una ruidosa bolsa de plástico empezó a sonar insistentemente, pese las protestas de los que nos encontrábamos cerca del humanoide con gafas autor de semejante concierto que no cesaba. Cuando finalmente paró el ruido, mi compañera de butaca me hizo señas de que mirase al personaje en cuestión y allí estaba el señoritingo de la bolsa metiéndose entre pecho y espalda un bocata tamaño fagot y chuperreteándose sus pezuñas… Al encenderse las luces, apenas unos minutos después, mi amiga le llamó la atención ante la falta de respeto con los artistas y el público de su comportamiento y su respuesta fue que éramos “muy sensibles”, con lo que todos los que por allí estábamos a punto estuvimos de demostrarle que lo único sensible iba a ser su nariz al día siguiente.

En fin, no me alargo más. Hasta aquí mi crónica para dejar constancia de otra inolvidable jornada operística y de un estupendo fin de semana gastronómico-cultural que quiero agradecer a todos los amigos y amigas que me ayudaron a pasarlo todavía mejor, y muy especialmente a nuestros anfitriones Joan, Gabriel y Cayetana. Esperemos poder repetir muy pronto otra escapada.

domingo, 16 de diciembre de 2012

NOVENA SINFONÍA (Ludwig van Beethoven) - Palau de les Arts - 14/12/12

 
Riccardo Chaillynos ofreció el pasado viernes en el Palau de les Arts una velada musical absolutamente mágica. Y aquí voy a hablar simplemente de emociones, sin entrar a diseccionar en exceso el trabajo realizado ni valorar si esta lectura que ha hecho el maestro milanés es más o menos acorde a lo que escribió Beethoven o si es mejor o peor que otras versiones que puedan ser de referencia (si es que eso realmente puede fijarse de manera objetiva).

Yo, como asistente a esa representación y aficionado a la música, lo único de lo que quería dejar aquí constancia, de forma breve pero clara, es que la emoción invadió el patio de butacas desde el momento en que sonó la primera nota y no nos abandonó hasta mucho después de que hubiera finalizado el concierto.

He dicho que la emoción llegó con la primera nota y realmente no fue así. El primer escalofrío no provino del sonido, sino del silencio. Y es que, pocos instantes antes de que Chailly saliera a dirigir, todos los miembros de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y del Cor de la Generalitat se pusieron en pie y se mantuvieron leyendo en silencio el manifiesto de los trabajadores del Palau de les Arts en protesta por el anunciado ERE y la actual política cultural, mientras recibían la calurosa ovación de apoyo de un público que lucía en su mayoría el lazo azul que los empleados del coliseo valenciano habían repartido a la entrada.

La versión de Chailly se anunciaba como de estricto respeto a lo escrito en la partitura original por Beethoven, especialmente en cuanto a los tempi. Y desde luego lo primero que llamaba la atención era la rapidez que se impuso a la orquesta, lo cual fue especialmente llamativo en el primer movimiento y sobre todo en el tercero. Los que ya llevamos unas cuantas Novenas pasadas por nuestras orejas constatábamos que aquello sonaba diferente, pero increíblemente bien. Y ello pese a que, una vez más, las mentes preclaras del Palau de les Arts condenaron una representación de indudable relieve al infame Auditorio, con su pésima y desigual acústica.

Riccardo Chaillyimpuso una dirección veloz y vigorosa, pero siempre logrando imprimir una tensión y dramatismo constantes que se mantuvieron sin un instante de desfallecimiento. La velocidad no conllevó en modo alguno una disminución de la profundidad de la lectura, ni los pasajes más líricos vieron decaer su hondura por ello, así como tampoco me dio la impresión de que el conjunto mostrase una especial rigidez derivada de la resurrección de las indicaciones metronómicas de Beethoven.

El manejo de las dinámicas fue ejemplar y creo que hubo un gran equilibrio y homogeneidad orquestal, con un sonido transparente donde resplandecían permanentemente multitud de detalles que, a un oído medio como el mío, le habían pasado desapercibidos en otras ocasiones. Para ello, el maestro Chailly contó con la genialidad de los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, de quienes supo extraer todo el virtuosismo que atesoran.

La orquesta sonó como en las mejores noches y volvió a notarse la mano maestra de un gran director. La entrega de todos sus componentes fue extrema ante el máximo rendimiento exigido por Chailly. Hacer menciones concretas quizás pueda resultar injusto, pero extraordinario estuvo toda la noche el trío formado por Álvaro Octavio a la flauta, Joan Enric Lluna al clarinete (increíble en el Adagio) y Christopher Bouwman al oboe. También destacó en el cuarto movimiento Virginie Reibelcon el flautín.

Pero si algo merece reseñarse especialmente es el grandísimo trabajo del Cor de la Generalitat, cuyos resultados sólo pueden calificarse de excelsos. El brillo, luminosidad y trascendencia que se alcanzó en el último movimiento fue debido en gran parte a la excelencia de este coro del que cada día debemos estar más orgullosos. Parecía realmente sobrehumano que sus componentes pudiesen seguir, con tal grado de intensidad y precisión, las exigencias del maestro Chailly y daba la impresión de que hubiera el doble de voces de las que realmente había.

También hay que destacar el mérito del cuarteto solista, compuesto por Rudolf Rosen, Steve Davislim, Julia Bauer y Mª José Montiel, a quienes Chaillyno se lo puso tampoco nada fácil. Pese a algunos chillidos de la Bauer y algún apuro de los varones en ascensos al agudo, mostraron un comportamiento ejemplar, y tan sólo lamenté que la belleza de la voz de María José Montiel no tuviese ocasión de un mayor protagonismo.

El público que llenaba por completo el recinto tuvo un comportamiento mucho más respetuoso que en otras noches (como en la ruidosa Bohème del día siguiente, por ejemplo), y explotó en auténtico delirio al finalizar la representación, brindando larguísimos minutos de aplausos emocionados, siendo a la salida unánimes los comentarios respecto a la excelencia de lo vivido.

Ojalá noches como esta sirvan para que, quedando una vez más de manifiesto la enorme calidad de la orquesta y coro de la casa, puedan todavía replantearse actuaciones en materia cultural que ponen en claro peligro su supervivencia.

Previamente a este concierto del viernes, Riccardo Chailly mantuvo un encuentro con el público en el Aula Magistral de Les Arts. Allí, el denominado ‘dramaturgo’ de la casa, Justo Romero, conversó con el director milanés durante unos 40 minutos, tiempo durante el cual el maestro, esforzándose por hablar en castellano, nos ofreció su interesante visión de la obra de Beethoven, así como su opinión sobre diversos temas. Entre ellos, comentó que el motivo de que se prodigue tan poco en la dirección de ópera, pese a que le encante el género, se debe a los directores de escena, ya que estaba harto de chocar con ellos respecto a los diferentes conceptos que pudieran tener a la hora de acercarse a una obra concreta. Sin embargo, dijo que con Davide Livermore, responsable de la dirección escénica de “La Bohème” que se está representando actualmente en Valencia, ha tenido un entendimiento absoluto y ha disfrutado muchísimo.

Las intervenciones de Romero en alguna ocasión me parecieron inadecuadas, con apostillas o introducción de datos que interrumpían las contestaciones de Chailly. Pero lo más desafortunado llegó cuando el maestro estaba explicando que su versión incluía los rittornelli del Scherzo escritos por Beethoveny preguntó a Romero: “¿cómo se dice en español Rittornello?”. “Pues… Rittornello, igual”, contestó Romero. E inmediatamente después Romero pregunta a Chailly: “¿Oye, has incluido las repeticiones del segundo movimiento?”. El maestro abrió los ojos con estupefacción y dijo: “Lo acabo de decir… ¿de qué estamos hablando aquí, de pomodori?”.

Cosas de Les Arts...
 

miércoles, 3 de octubre de 2012

PREMIOS "HELGA DE ORO" 2012. LOS GANADORES


Los lectores y visitantes de este blog han dictado su veredicto y las estatuillas “Helga de Oro” de 2012 tienen ya sus destinatarios, elegidos por democrática votación. Ante todo, quisiera agradeceros vuestra participación a todos los que habéis tenido la paciencia de entrar y votar en las diferentes categorías.

Estos premios son lo que son, y para empezar ni son premios ni son nada, que no están los tiempos para repartir ni gominolas. Se trata simplemente de sondear lo que pueda ser la opinión de los habituales asistentes al Palau de les Arts, representados en este caso por los lectores del blog, acerca de lo que gustó más o menos de lo ofrecido la pasada temporada en el recinto operístico valenciano, ofreciendo estas simbólicas estatuillas a modo de premio del público.

Esta vez no ha habido ni la tradicional gala virtual cuyas fotos falsas suelen adornar estas entradas. Hay algún malpensado que me ha preguntado si se ha debido a que la Consellera de Cultura hubiera intercedido ante el Gobierno Central para pedir que dieran más presupuesto a la gala, y en lugar de bocata de chóped pudiese ser de atún con aceitunas, y con lo bien que hace las cosas, al igual que ha pasado con los presupuestos de Les Arts para el próximo año, nos quedásemos todavía peor que estábamos. Pero no, en esta ocasión la culpa es sólo del autor de este blog que no ha tenido tiempo de tanta tontuna.

En relación con otras ediciones, lo primero que se constata es que ha existido mucha más igualdad en casi todas las categorías y no ha habido ninguna producción que salga netamente como ganadora. Está claro que “Thaïs”, “Il Trovatore” y “Medea” son los espectáculos que más han gustado y ellos se han repartido el mayor número de votos.

Pero bueno, vayamos al grano. Los premiados este año son:

Helga de Oro 2012 a la mejor dirección escénica: Nicola Raab

Tras un inicio de votación donde se mantuvo un equilibrado duelo entre la finalmente ganadora y la “Medea” de Gerardo Vera, los votos acabaron dando la victoria a la joven directora alemana Nicola Raab y su “Thaïs”, siendo también bastante valorado por los votantes el buen trabajo de Andréi Konchalovski para “Boris Godunov”. Creo que cualquiera de los tres podría haber ganado, pero Raab es una justa vencedora al haber conquistado al público con una puesta en escena brillante, que, pese a reubicar temporalmente la acción del libreto, resulto muy respetuosa y coherente con el mismo, siendo además estéticamente muy atractiva, gracias sobre todo a un vestuario e iluminación muy cuidados y con una vistosa escenografía que permitía un ágil discurrir de la acción.
Nicola Raab (“Thaïs”): 18 votos
Gerardo Vera (“Medea”): 15 votos
Andréi Konchalovski (“Boris Godunov”): 10 votos
Gerardo Vera (“Il Trovatore”): 4 votos
Phillip Himmelmann (“Dido y Eneas”): 1 voto

Helga de Oro 2012 a la mejor dirección musical: Zubin Mehta por “Il Trovatore”

Por tercer año consecutivo el maestro Zubin Mehta se lleva el galardón al mejor director, esta vez por su labor al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en “Il Trovatore”. Aunque en esta ocasión la cosa ha estado reñidísima y hasta el último instante no se sabía si el premio recaería en el director indio o en Sir Andrew Davis, cuyo excepcional trabajo en “Ariadne auf Naxos” a punto ha estado de dar la sorpresa. Finalmente, la experiencia mostrada por el maestro Mehta con la partitura verdiana se ha impuesto y, posiblemente, a ello haya influido también el hecho de que las funciones de “Il Trovatore” hayan sido vistas por más espectadores que las dos escasas representaciones de la ópera de Richard Strauss.  
Zubin Mehta (“Il Trovatore”): 17 votos
Sir Andrew Davis (“Ariadne auf Naxos”): 15 votos
Patrick Fournillier (“Thaïs”): 10 votos
Zubin Mehta (“Medea”): 10 votos
Michele Mariotti (“La Cenerentola”): 5 votos

Helga de Oro 2012 al mejor tenor: Jorge de León por “Il Trovatore”

Pues si reñida ha estado la elección de director, no lo ha estado menos la de mejor tenor. Desde que se abrieron las votaciones se destacó claramente Jorge de León por su papel de Manrico en “Il Trovatore”, a quien desde el principio yo consideraba como el gran favorito al premio. Sin embargo, poco a poco fueron aumentando los votos para el ruso Dmitri Korchak por el Don Ottavio de “Don Giovanni”, llegando a encabezar la clasificación en muchos momentos. Finalmente, por tan sólo dos votos de diferencia, la brillantez y poderío en el agudo de De León se han impuesto a la musicalidad y riqueza de matices de Korchak.
Jorge de León ("Il Trovatore"): 16 votos
Dmitri Korchak ("Don Giovanni"): 14 votos
Jorge de León (“Tosca”): 7 votos
Nikolai Schukoff (“Ariadne auf Naxos”): 6 votos
Jorge de León (“Le Cid”): 3 votos

Helga de Oro 2012 al mejor bajo/barítono: Liang Li

En este apartado el público ha tenido las cosas más claras desde el comienzo de las votaciones, que siempre ha encabezado el chino Liang Li con su notable Rey Marke de “Tristan und Isolde”. Un apoyo importante ha recibido también el excelente Comendador de “Don Giovanni” que nos brindó Alexánder Tsymbalyuk y que ha quedado segundo. Aquí tengo que reconocer mi sorpresa ante el escaso apoyo que ha obtenido Plácido Domingo con su Athanaël, ya que pensaba que sus admiradores le facilitarían un mayor número de votos, si no en cuanto barítono en sentido estricto, sí al menos por el poderío escénico y artístico que demostró.
Liang Li (“Tristan und Isolde”): 16 votos
Alexánder Tsymbalyuk (“Don Giovanni”): 13 votos
Plácido Domingo (“Thaïs”): 7 votos
Dmitri Beloselski ("Medea”): 6 votos
Dmitri Ulianov (“Iolanta”): 5 votos

 

Helga de Oro 2012 a la mejor soprano: María Agresta

El alto nivel de las sopranos finalistas hacía presagiar la dura pugna que efectivamente ha habido. En un primer momento pensé en haber incluido a Amber Wagner en la categoría de cantante revelación, ya que, si somos sinceros, la gran revelación para muchos de esta pasada temporada fue su sensacional Ariadne; no obstante al final decidí que, precisamente por esa calidad, merecía estar en la votación a mejor soprano, aunque ello supusiera tenérselas que ver, sobre todo, con otras dos grandes triunfadoras del pasado ejercicio operístico, como son Violeta Urmana por una “Medea” espectacular y María Agresta por la fantástica Leonora de “Il Trovatore”. Siendo esta última quien al final ha logrado el triunfo por tan sólo dos votos de diferencia respecto a Urmana, quedando Amber Wagner en tercera posición con un nada despreciable 27% de los votos.
Maria Agresta (“Il Trovatore”): 20 votos
Violeta Urmana (“Medea”): 18 votos
Amber Wagner (“Ariadne auf Naxos”): 14 votos
Malin Byström (“Thaïs”): 6 votos
Ludmila Monastirska (“Le Cid”): 2 votos

Helga de Oro 2012 a la mejor mezzosoprano: María José Montiel

Aquí las cosas también han estado claras desde el comienzo y la madrileña María José Montiel ha dominado la votación con autoridad gracias a su inolvidable trabajo como la Neris de “Medea”, reconocido unánimemente por público y crítica, y que reclama un mayor protagonismo de esta excelente cantante en nuestros principales teatros. También se ha valorado por los votantes la soberbia Brangäne de Ekaterina Gubanova que ha quedado en segunda posición y que ha sido otra de las mejores voces de las que se ha podido disfrutar este año en Les Arts.
María José Montiel (“Medea”): 24 votos
Ekaterina Gubanova (“Tristan und Isolde”): 13 votos
Ekaterina Semenchuk (“Il Trovatore”): 4 votos
Cecelia Hall (“Ariadne auf Naxos”): 4 votos
María Luisa Corbacho (“La Vida Breve”): 2 votos

Helga de Oro 2012 al cantante revelación: Mario Cerdá

En esta categoría si que no ha existido la más mínima duda acerca de quién iba a ser el vencedor. Al poco de abrirse las votaciones se registró un aluvión de votos para el tenor Mario Cerdá que ha motivado que en este apartado se haya duplicado casi la participación respecto al resto de categorías. Independientemente de los motivos de esa lluvia repentina de votos, creo que es justo reconocer el trabajo que a lo largo de toda la temporada ha llevado a cabo Cerdá en papeles pequeños, pero donde siempre ha dejado entrever algunos detalles prometedores y muy interesantes. Aunque hayan quedado muy por detrás, deben valorarse también las prestaciones del resto de candidatos al premio, especialmente de Juan Jesús Rodríguez, que puede tener en poco más de un mes la posibilidad de confirmar las buenas sensaciones que dejó en “Il Trovatore” con ese “Rigoletto” que abrirá la temporada.
Mario Cerdá (“Dido y Eneas”): 52 votos
Juan Jesús Rodríguez (“Il Trovatore”): 15 votos
Serguéi Skorojodov (“Medea”): 12 votos
Paolo Bordogna (“La Cenerentola”): 10 votos
Helen Kearns (“Dido y Eneas”): 3 votos

Helga de Oro 2012 al mejor espectáculo de la temporada: “Thaïs”

Otra de las votaciones más reñidas ha sido la encargada de designar el mejor espectáculo de la temporada, donde ha existido un empate casi permanente entre “Medea” y “Thaïs” que al final se ha resuelto a favor de esta última por tan sólo dos votos de diferencia. Si se hubiese producido un empate y hubiese tenido que romper la igualdad con mi voto, la victoria hubiera ido a “Medea” que a mí, personalmente, fue la producción que me pareció más redonda de las que pasaron por Les Arts.
“Thaïs”: 20 votos
“Medea”: 18 votos
“Il Trovatore”: 10 votos
“Boris Godunov”: 8 votos
“Ariadne auf Naxos”: 3 votos

Helga Abucheadora 2012 a lo peor del año: Jonathan Miller

Desde que el pasado 27 de enero salí del estreno de “Don Giovanni”, estaba convencido de que Jonathan Miller se iba a llevar este premio, y eso que quedaba por pasar gente como Marco Vratogna, que ha quedado en un merecidísimo segundo puesto; pero la tomadura de pelo a precio de oro que nos vendió el señorito Miller debe quedar para las galerías de los horrores en Les Arts haciendo compañía a otras basuras míticas como la “Carmen” de Saura. En tercera posición ha quedado Sebastian Catana, un “meraviglioso cantante” según sus indignados seguidores que tanto criticaban su candidatura, pero que se ha llevado el 19% de los votos, y juro que no son míos.
Jonathan Miller (“Don Giovanni”): 21 votos
Marco Vratogna (“Tosca”): 16 votos
Sebastian Catana (“Il Trovatore”): 9 votos
Omer Meir Wellber (“Tosca”): 5 votos
Serena Malfi (“La Cenerentola”): 2 votos

Pues estos han sido los premios de este año. Espero que dentro de doce meses, más o menos, pueda volver a proponeros que participéis en una nueva elección, al menos sería señal de que nuestro Palau de les Arts ha aguantado hasta entonces con vida a los terremotos económicos y a la incompetencia y estupidez de nuestros gobernantes.

Para finalizar os dejo con un video en el que podemos ver al premiado Jorge de León afrontando la archifamosa cabaletta "Di quella pira" en una de las funciones de "Il Trovatore" que pudimos ver en Les Arts el pasado mes de junio:


video de LyricArt