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lunes, 20 de febrero de 2012

"NORMA" (Vincenzo Bellini) - Palau de la Música - 18/02/12


El pasado sábado tuvo lugar en el Palau de la Música de Valencia la representación en versión concierto de la célebre ópera de Vincenzo Bellini, “Norma”, a cargo de la formación Europa Galante bajo la dirección de su titular Fabio Biondi. El principal aliciente de esta versión estribaba en la recuperación que se ha hecho de la partitura original y su interpretación con instrumentos de la época.

Reconozco que suelo ser bastante poco amigo de estas versiones “historicistas”, lo cual, unido a un elenco solista del que confieso que no conocía a ninguno de sus integrantes, me hacían desconfiar bastante del resultado final. Pero, como tantas otras veces, me equivoqué de cabo a rabo y el público asistente pudo disfrutar de una extraordinaria tarde de ópera.

Muy lejos de las sonoridades ásperas y rígidas que esperaba, esta "Norma" dirigida por Fabio Biondi, aun presentando matices distintos a los habituales, siempre consiguió que brillase la genial partitura de Bellini con muchísima inteligencia melódica y con algunos detalles sonoros excelentes, aunque otros fuesen más discutibles, como la inclusión de un pianoforte que, a mí particularmente, me chocaba bastante.

La dirección de Biondi fue tremendamente vivaz, cargada de fuerza, marcando con enorme precisión las entradas al coro y a los solistas, y haciendo un cuidadísimo uso de las dinámicas que doto a su lectura de múltiples matices. Fabio Biondi es un hombre al que da gusto verle dirigir en directo. Se palpa claramente su amor por la música y cómo transmite esa misma pasión a los músicos y cantantes que están a su cargo, extrayendo de ellos todas sus capacidades interpretativas.

Así ocurrió con los músicos de la orquesta Europa Galante, todos ellos muy jóvenes, que tuvieron un comportamiento ejemplar, con unas trompas en estado de gracia y unas maderas impecables.

Otro tanto podría decir de la Coral Catedralicia, cuya excelente actuación merece una especial reseña. A la agrupación dirigida por Luis Garrido ya había tenido ocasión de escucharla en este mismo recinto, no hace demasiado tiempo, con dos obras como la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler y “Diálogos de Carmelitas” de Poulenc, habiendo alabado en ambas ocasiones la calidad de la agrupación, pero en esta ocasión los resultados han ido bastante más lejos, ofreciendo un rendimiento inmejorable, con perfecto ajuste, empaste y compensación en todas sus cuerdas, y con unos tenores que brillaron como nunca.

Como ya dije antes, yo no había escuchado anteriormente a ninguno de los cantantes elegidos en esta ocasión para interpretar los papeles solistas, y ni siquiera había oído hablar de ellos, lo cual me parece imperdonable después de haber contrastado la calidad de alguna de las cantantes que intervinieron.

Por ejemplo, la soprano Katia Pellegrino, que me gustó muchísimo. Hizo frente a un papel tan exigente como el de Norma con una fuerza expresiva brutal, consiguiendo salir indemne de todos los retos que la partitura presentaba, llegando al final de la obra sin la más mínima señal de desfallecimiento. La voz no es especialmente bonita, pero sí muy homogénea y de sobrado volumen. Estuvo excelente en los pasajes más líricos, ofreciendo una rica paleta de matices con gran sensibilidad; solventó las dificultades de la coloratura con precisión y agilidad; enhebró algunas frases bellísimas a base de buen legato y control del fiato; y en la vertiente más dramática ofreció poderío interpretativo con el que suplía las posibles carencias que puntualmente asomaron. Y todo ello con un ajuste en estilo y una ‘italianidad’ irreprochables.

Fuimos muchos los que comentamos a la salida cómo era posible que no hubiésemos oído antes hablar de una cantante de este nivel, muy superior desde luego a algunas y algunos mediocres que son habituales en muchos recintos operísticos europeos.

Sobresaliente fue también la actuación de la mezzosoprano Lucia Cirillo como Adalgisa, quien mostró una voz ancha, de enorme volumen y bellísimo timbre, algo ajustada en la parte aguda, pero siempre exhibiendo un exquisito sentido belcantista, con un fraseo ligado y muy intencionado, y un ajuste perfecto en sus dúos con Norma.

No tan bien rodaron las cosas con los intérpretes masculinos. El alemán Ferdinand von Bothmer fue un Pollione bastante decepcionante. Es un tenor lírico-ligero de agradable timbre, pero estuvo bastante lejos de ofrecer lo que se espera del personaje, pasando muchos apuros y quedando permanentemente tapado por orquesta y coro, además de lucir menos expresividad que un maniquí de Zara.

Tampoco anduvo muy fino el ruso Nikolai Didenko como Oroveso, falto de rotundidad y peso vocal, aunque en su intervención final mostrase un poco más de contundencia.

Muy correctos en sus breves intervenciones se mostraron Gian Luca Zoccatelli, como Flavio, y Gemma Bertagnolli, como Clotilde.

Al finalizar la obra, grandes ovaciones para todos por parte de un público entusiasmado que prácticamente llenaba la sala. Mención aparte merecen las dos señoras que tuve la desgracia de que instalasen sus posaderas en los asientos situados inmediatamente detrás del mío, quienes durante toda la tarde nos obsequiaron con todo el repertorio de sonidos habituales en estos casos: comentarios en voz alta, caramelitos envueltos en quilos de ruidoso celofán, toses, bostezos, utilización del programa a modo de abanico, ronquidos (sí, ronquidos)… sólo faltó el móvil, pero a cambio tuvimos la oportunidad de conocer su crítica musical a mitad de “Casta Diva”: “qué fino canta esta chica”.

La presidenta del Palau y Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valencia, Mayrén Beneyto, volvió a tener el bonito detalle de llegar al recinto en coche oficial, supongo que para que veamos que, como estamos en crisis, no malgasta su ajustado sueldo en taxis.

Bueno, pues una vez más en esta temporada una ópera en versión concierto nos ha proporcionado una magnífica velada musical. Espero que si nuestra amiga Helga Schmidt lee o le leen esto, no lo interprete como una alabanza de este tipo de representaciones y nos siga cargando la temporada con óperas en concierto, porque, sinceramente, para eso no hacía falta el derroche de Les Arts y ya teníamos el Palau de la Música, por cierto con una acústica infinitamente mejor que la del Auditorio del monstruo de Calatrava, donde sigue empeñada nuestra Intendente favorita en castigarnos programando representaciones.

Sobre esto mismo habla también maac en la estupenda crónica que ha hecho de esta “Norma” y que podéis leer aquí.

viernes, 1 de julio de 2011

EL PALAU DE LA MÚSICA DE VALENCIA ANUNCIA SU PROGRAMACIÓN 2011-2012


En rueda de prensa celebrada ayer por la Presidenta del Palau de la Música de Valencia, Mayrén Beneyto, el subdirector de Música, Ramón Almazán, y el director titular de la Orquesta de Valencia, Yaron Traub, se anunciaron las líneas principales de la programación del auditorio valenciano para la próxima temporada 2011-2012.

La crisis económica que, desgraciadamente, está incidiendo también de forma singular en el ámbito de la cultura, vuelve a dar otra vuelta de tuerca, reduciéndose el presupuesto del Palau casi un 10% más respecto a la temporada anterior, en la que ya hubo serios recortes. Esto se traducirá en cuatro conciertos menos que este año y quizás en que un menor número de artistas relevantes se dejarán ver y escuchar junto a los Jardines del Turia, aunque con todo el nivel es más que digno.

El próximo 2012 se cumplirán precisamente 25 años de la inauguración de este emblemático recinto musical de la capital valenciana y, para conmemorarlo, el 25 de abril se llevará a cabo un concierto, a cargo de la Orquesta de Valencia con Yaron Traub al frente, con el mismo programa con el que abrió sus puertas el 25 de abril de 1987: la «Marcha Burlesca» de Manuel Palau, el «Concierto de Aranjuez» del maestro Rodrigo, y la ópera en versión concierto «La Vida Breve», de Manuel de Falla, que contará en esta ocasión con la participación de la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs y el fantástico Cor de la Generalitat Valenciana.

Tras dedicar este último año a la conmemoración del centenario de la muerte de Gustav Mahler, la Orquesta de Valencia centrará la próxima temporada en compositores valencianos y la música de Johannes Brahms.

Se anuncia la presencia de directores invitados como Rafael Frühbeck de Burgos, Miguel Ángel Gómez-Martínez o Jesús López Cobos, y entre las agrupaciones más relevantes que pasarán por el Palau podemos destacar a: la Akademie für Alte Musik de Berlin, dirigida por René Jacobs, con obras de Haydn y Beethoven; Franz Welser-Möst dirigirá a la Cleveland Symphonie Orchestra el 23 de octubre interpretando la obertura de “Euryanthe” de Carl María von Weber, Doctor Atomic Symphony de John Adams y la Sinfonía nº 4 de Tchaikovski; Michael Tilson Thomas nos visitará el 29 de enero al frente de la London Symphony Orchestra, con un programa que incluirá Preludios de Claude Debussy y la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz; La Orquesta Nacional de Francia, dirigida por Danielle Gatti, también tendrá su presencia el 26 de marzo con obras de Ravel, Fauré y Debussy; e Ivan Fischer, al frente de la Sinfónica de Budapest, ofrecerá el 11 de mayo el concierto para violín de Beethoven, con el legendario Pinchas Zuckerman como solista.

Entre los solistas, destaca también la presencia del pianista chino Lang Lang, en un concierto, el 19 de abril, donde interpretará obras de Bach, Chopin y Schubert.

En el terreno operístico, está prevista el 10 de marzo la representación en versión concierto de "Roger de Flor", de Ruperto Chapí, que hace dos años vio suspendido su estreno tras la rocambolesca y pueblerina decisión de que se sustituyesen en la letra las referencias a “pueblo catalán” por “pueblo valenciano”. Igualmente, se anuncia para el 18 de febrero “Norma”, de Vincenzo Bellini, también en versión concierto, a cargo de Fabio Biondi al frente de Europa Galante y la Coral Catedralicia; y sendos recitales de Diana Damrau (11 de enero) y Ainhoa Arteta (14 de enero). Lamentablemente, nada se ha dicho de que Waltraud Meier nos obsequie en esta ocasión con su visita anual, en lo que se había convertido ya en una muy agradable tradición.

Otras citas habituales que sí tendrán lugar serán: “El Mesías” de G.F. Haendel, el 18 de diciembre de 2011, con La Risonanza; y una “Pasión según San Mateo”, de J.S.Bach, el 25 de marzo de 2012, con Marc Minkowski y Les Musiciens du Louvre.

El mini-abono de la Orquesta de Valencia parece que se mantendrá e incluirá 6 de sus conciertos repartidos en otros tantos jueves del año bajo el título “Los Jueves de la Orquesta”.

Y mientras tanto, doña Helga Schmidt sigue jugando a un absurdo secretismo respecto a los espectáculos que podrán verse la próxima temporada en el Palau de les Arts, pese a que el Patronato de la institución ya aprobó la programación en su reunión del pasado 29 de junio. Esperemos (aunque sin mucha confianza, no nos engañemos) que el retraso al menos sirva para que la programación de los dos principales recintos musicales de la capital se coordine y no nos sigan castigando con impresentables coincidencias de fechas en las que se restan mutuamente público potencial.

lunes, 20 de junio de 2011

SENSACIONAL "TRILOGIA ROMANA" DE PRÊTRE EN LES ARTS


Mientras en los exteriores del Palau de Les Arts, el pasado viernes 17 de junio, el agropijismo y futbolerismo más variopinto inauguraba la temporada del teatro valenciano como salón de bodas, en el mal llamado Auditorio del mismo recinto el legendario director francés Georges Prêtre dirigía a la Orquestra de la Comunitat Valenciana en una magistral interpretación de los tres poemas sinfónicos (“Fuentes de Roma”, “Fiestas Romanas” y “Pinos de Roma”) que conforman la llamada Trilogía Romana del compositor italiano Ottorino Respighi (1879-1936), en lo que se anunciaba como “concierto-espectáculo” con dirección de escena de Carlus Padrissa (La Fura dels Baus) y dirección de video de Emmanuel Carlier, sobre una idea de Valentin Proczynski.

Yo no pude acudir al estreno, fui a la representación del sábado y repetí el domingo, y lo primero que tengo que decir es que el tal Valentín hubiera tenido una mejor idea si hubiese decidido hacerse eremita o alistarse en la legión extranjera sin contar a nadie sus visiones, porque la propuesta de Padrissa y Carlier me pareció una mamarrachada como la copa de un pino (de Roma).

Toda la aportación furera al “concierto-espectáculo” consistía en una proyección de video y algunos juegos de luces, pese a que en algún medio de prensa se llegó a anunciar, literalmente, que el escenario del Auditorio se llenaría “de música, color y acrobacias”. Bueno, pues allí las únicas acrobacias que se vieron fueron las de los espectadores de cierta edad o con problemas de movilidad intentando llegar a su localidad sin caer rodando por los interminables escalones inadaptados del carísimo recinto concebido por el tercer hermano Calatrava, el arquitecto humorista, tras alguna indigestión de horchata con fartons.

Un recinto que presentó demasiados huecos vacíos en sus asientos ante una cita que se presumía muy interesante para el aficionado a la música, independientemente de las majaderías videográficas. Y eso que hubo un masivo regalo de entradas, lo que volvió a originar la kafkiana situación de que algunos aficionados se quedasen en la calle sin poder adquirir una entrada de última hora a mitad de precio en la zona de platea por estar presuntamente vendidas, aunque en el interior se observasen muchos huecos en esa misma zona y muchísimos más en la parte de anfiteatro.

Se colocaron para la ocasión dos pantallas para proyectar en ellas las imágenes ideadas por Padrissa y Carlier al ritmo de la música de Respighi, una en el lugar destinado habitualmente al Coro, tras la orquesta, y otra delante de ésta, en la boca del escenario a modo de telón transparente. Pero un telón que sólo en muy contadas ocasiones durante toda la representación se alzó, con lo que la visión del director y de los músicos quedaba molestamente tapada por las imágenes proyectadas en esa primera pantalla.

¿Y total qué? Pues para obsequiarnos con las repetidísimas obsesiones fureras del fuego, las gotas y chorros de agua a cámara ultra-lenta, prietos cuerpos desnudicos y cuatro genialidades más por el estilo. El colmo de la imaginación lo tuvimos en “Pini presso una catacomba” donde la proyección era de volutas de humo, y en “I pini del Gianicolo” que, como se ve que no se les ocurría nada, lo proyectado fue… nada, pero la pantalla, allí delante. Para culminar a lo grande, la representación se cerró en “I pini della Via Appia” con unos árboles, mezcla entre dibujito de Walt Disney y los Ents de “El Señor de los Anillos” marchando sobre la Via Appia, en una ridiculez impropia de la grandeza musical que se estaba viviendo.

He de reconocer que cuando comenzó “Feste Romane”, con las imágenes del fuego ocupando todo el escenario del Auditorio, me emocioné; pero no por su belleza o acierto, sino por ver, durante unos segundos, ardiendo por los cuatro costados ese infame recinto que, una vez más, volvió a demostrarse que no sirve para la función que se le quiere dar, con una acústica que en algunas zonas sigue siendo peor que pésima aunque en la parte central haya mejorado.

Tan sólo salvaría de la videoproyección momentos aislados, fundamentalmente de “Fontane di Roma”, con los cuerpos humanos que acababan fundiéndose con las figuras de las fuentes, o las imágenes de fragmentos de películas en blanco y negro sobre callejuelas romanas en color en “La Befana”, y, sobre todo, esas dos o tres ocasiones en que lo proyectado era la imagen de Georges Prêtre dirigiendo, que eso sí que era un espectáculo en sí mismo. Igualmente, me pareció acertado que se destacase con la iluminación la actuación de algunos solistas de la orquesta, pero todo esto no compensaba la insulsez, gratuidad, incoherencia y fealdad pretenciosa de esta propuesta de Padrissa y Carlier, que si le ha costado a Helga más que un bocadillo de mortadela de Popeye, ya me parece cara.

Yo procuré aislarme lo más posible de las imágenes e intenté concentrarme en lo puramente musical, porque ahí es donde estuvo lo realmente importante de la noche. Los tres poemas sinfónicos de Respighi no son precisamente obras que me enloquezcan, las encuentro demasiado irregulares y, aunque me gustan sus rasgos más impresionistas y presentan algunos momentos de gran belleza, no me parecen obras redondas. Pero la maestría de Georges Prêtre y la calidad de los músicos de la orquesta titular de Les Arts hicieron brillar la música de Ottorino Respighi como yo nunca antes la había escuchado en directo.

A sus casi 87 años, Prêtre dio toda una lección de técnica de batuta y sabiduría musical. Llevó a cabo una dirección fresca, lúcida y lucida, enormemente precisa, marcando los tiempos y las entradas con una exactitud asombrosa, sin derrochar ni un solo gesto inútil (vamos, lo contrario de Wellber o Traub), llegando incluso a bajar los brazos y seguir la orquesta con la mirada y pequeños movimientos de cabeza, esperando tan sólo el momento en que el gesto fuese necesario.

Supo crear en cada momento la atmósfera requerida, logró unas magistrales transiciones entre los sucesivos movimientos, extrajo todos los colores y matices escondidos en lo más recóndito de la partitura y alguno más, y dotó al conjunto orquestal de una claridad expositiva y riqueza expresiva modélicas. No voy a alargarme en una inútil sucesión de adjetivos e hipérboles sobre su trabajo, pero sí quisiera resaltar los maravillosos pianísimos sostenidos de la cuerda, donde se lograron unos sonidos mágicos estremecedores. Pura emoción.

Todas estas virtudes de Prêtre se vieron acompañadas por la espléndida actuación de todos y cada uno de los miembros de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Desde la nunca suficientemente alabada sección de cuerda, a los sensuales clarinetes, con Joan Enric Lluna a la cabeza, el concertino, las flautas, oboes, fagot, percusión, arpas, piano, o esos soberbios metales inspiradísimos que tuvieron oportunidad de lucirse puestos en pie en el espectacular final de “I pini della Via Appia”. Bravo a todos ellos.

Una larguísima y calurosísima ovación al director francés y a todos los músicos fue el premio a la excelencia de lo vivido por parte de un público cuyo comportamiento durante el concierto sin embargo no fue precisamente ejemplar. Las toses, caramelos, carraspeos y sonoros "Riiiiisc Raaaasc" de los abanicos, formaron parte de la percusión repetidamente. Aunque la palma se la llevó el bebé que el domingo se pasó parloteando a voz en grito el último tercio de “Pini di Roma”, con absoluta inacción de sus acompañantes y de la Fiscalía de Menores. Los comentarios que podían escucharse a la salida tampoco tuvieron desperdicio, desde “si dura diez minutos más, me torro” a “para ser gratis no ha estado mal” o “¿el Peter (sic) este, es el compositor o es el Otorrino?”.

Entre ese público del sábado estaba la flamante nueva concejala de Cultura del Ayuntamiento de Valencia, Mayrén Beneyto (que Dios nos pillé confesados), también Presidenta del Palau de la Música, quien, supongo que para dar ejemplo a los del 15-M, se desplazó a Les Arts en coche oficial.


video de PalaudelesartsRS


lunes, 21 de diciembre de 2009

"EL MESÍAS" PARTICIPATIVO DE VALENCIA


Los pasados días 19 y 20 de diciembre tuvieron lugar en Valencia las dos representaciones de este año del oratorio “El Mesías” de G.F.Haendel, en su modalidad “participativa” (con inclusión de cantantes no profesionales), en una iniciativa organizada por la Obra Social "la Caixa" y el Institut Valencià de la Música (IVM).

Esta actividad se inició en el año 1995 en Barcelona, con el objetivo de estimular la práctica social del canto y de la música y promover la cohesión social, y se ha ido extendiendo progresivamente a diferentes ciudades españolas como Madrid, San Sebastián, Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife, Lleida, Girona, Valladolid o Valencia, donde este año se ha celebrado la sexta edición.

La experiencia, afortunadamente, se ha consolidado en esta ciudad, y se ha convertido ya en toda una tradición que vuelve puntualmente por Navidad como los turrones, los niños de San Ildefonso o el incremento abusivo del precio de los langostinos. Socialmente, ha recibido el respaldo de un público que espera con ilusión su cita anual con el oratorio de Haendel, vendiéndose la totalidad del aforo de los recintos donde se lleva a cabo, y contando cada vez con un mayor número de solicitudes de participación de cantantes no profesionales.

Esta respuesta social y la ilusión que genera no se ven correspondidas, sin embargo, con un emplazamiento adecuado y estable de la iniciativa, que cada año va cambiando de ubicación, debido a la dificultad que encuentran para que les sea cedido un local que reúna las condiciones idóneas para la celebración de un concierto de este tipo sin desproporcionadas exigencias económicas.

En la página web de la Obra Social "la Caixa" podemos leer: “El Mesías participativo es una atractiva experiencia que ofrece a los aficionados a la música coral la materialización de un sueño: cantar el célebre oratorio de Händel con una orquesta profesional y en una sala de conciertos”. Esto último, en el caso de Valencia, se aleja mucho de la realidad.

Es verdad que el año pasado el emplazamiento escogido fue el Palau de la Música y los resultados musicales fueron óptimos, pero, eso sí, las condiciones económicas impuestas por doña Mayrén Beneyto hicieron que los organizadores optasen esta vez por buscar otra ubicación que no convirtiese en ruinosa la iniciativa.

En esta ocasión, tanto las gestiones con el Palau de la Música, como con el Palau de Les Arts de mi amiga Helga Schmidt, parece ser que tuvieron por respuesta la petición de contraprestaciones dinerarias incompatibles con el compromiso social y cultural de la propuesta, acabando por recalar en el Palacio de Congresos, un espacio que no está pensado ni preparado para una interpretación musical de estas características. Muy triste.

Yo tuve la ocasión de asistir a la representación del día 19 y la lamentable acústica de la sala condicionó de manera definitiva los resultados del espectáculo. Tampoco contribuyeron a crear el ambiente adecuado el exceso de iluminación imperante durante toda la obra, ni un público que abarrotaba el recinto, pero que contaba con algunos elementos empeñados en aplaudir cada aria y otros en convertir las toses bronquíticas en un instrumento más.

Este año el encargado de la dirección musical del evento fue Rinaldo Alessandrini, al frente del Coro y Orquesta del Concerto Italiano. Poco se puede comentar en el ámbito estrictamente musical, ya que, como digo, la acústica de la sala era penosa y los sonidos no se proyectaban adecuadamente. Cuando la totalidad del Coro cantaba, la orquesta parecía un espectáculo mímico de “El Tricicle” y si el trompeta se ponía colorado no se sabía si era de soplar o de la vergüenza que le estaba dando aquello.

La dirección de Alessandrini daba la impresión de ser desganada y de piloto automático, sin duda también influenciada por las malas condiciones que ofrecía la sala y por la imposibilidad de haber reubicado los coros, tal y como él pretendió el día del ensayo. Su lectura de la partitura estuvo dominada por unos tempi bastante lentos, salvo en el archifamoso “Aleluya” que fue ejecutado con una inhabitual viveza. Sólo en algún momento aislado consiguió el italiano transmitir algún destello de emoción al patio de butacas. Emoción que llegaba a raudales cuando la masa coral intervenía, aunque con el handicap ya comentado de que parecía que lo hiciesen “a cappella”.

Los fragmentos solistas fueron interpretados por los miembros del Coro del Concerto Italiano que iban turnándose, donde sólo destacó el bajo que ejecutó el “The trumpet shall sound”, con una voz bastante robusta y homogénea que emitía con mucho gusto y, sobre todo, la celebre contralto Sara Mingardo que, ella sí, prendió la mecha de la emoción en casi todas sus intervenciones, con unos graves de ensueño, bien apoyados, destacando especialmente en un “He was despised” antológico.

En cuanto al Coro aficionado, vaya desde aquí mi mayor aplauso y felicitación por haber estado a la altura en semejantes condiciones de trabajo. No sólo tuvieron que luchar con la deficiente acústica del local, sino, además, con una inadecuada ubicación en el mismo. Estuvieron todo lo empastados que la situación permitió y en fragmentos tan complicados como el “He trusted in God” o, sobre todo, el “Amen”, los desajustes fueron prácticamente inapreciables, pese a no contar con la referencia orquestal. Bravo por ellos y por sus preparadores, por haber conseguido conjuntar unas voces aficionadas con resultados profesionales.

Permitidme que dedique una especial felicitación al amigo Álvaro, fiel seguidor del blog, debutante en esta experiencia y futuro heldentenor de referencia. Y otro recuerdo muy especial para las ya veteranas en estas lides Carmina y Ana.

Me parece absolutamente impresentable que este tipo de actividades tengan que ir mendigando de las instituciones musicales de esta ciudad la cesión de un recinto en condiciones, y que el desprecio por la cultura de sus dirigentes acabe confinando la experiencia a ubicaciones inapropiadas o, lo que es peor, ponga en peligro la pervivencia misma de esta interesante iniciativa. No nos valdrá como excusa que la Presidenta del Palau de la Música diga que el Palau siempre cobra, porque además no es cierto. Eso sí, luego tendremos que estar todo el año escuchando a Mayrén como se le llena la boca hablando de su amor por la música, a Valencia, de la música que se escucha con la piel, y bobadas por el estilo.

Para terminar, como no podía ser de otra forma, os dejo con un fragmento de “El Mesías” de Haendel, en concreto con el "Amen" final, interpretado por la Orquesta y Coro de la Academy of St. Martin in the Fields, dirigidos por Sir Neville Marriner:


video de jesusmiramon

sábado, 24 de octubre de 2009

NATHALIE STUTZMANN canta la 3ª Sinfonía de Mahler


Ayer, en el Palau de la Música de Valencia, la Orquesta de Valencia, dirigida por su titular Yaron Traub, interpretó la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler, acompañados por la magnífica contralto francesa Nathalie Stutzmann, la Escolanía de Nuestra Señora de los Desamparados y la Coral Catedralicia de Valencia, dirigidas ambas por Luis Garrido.

Es de agradecer que una cantante como Stutzmann haya acudido a esta cita con el público valenciano para cantar apenas unos breves minutos de esta extraordinaria y magna composición de Mahler que, en sus últimos movimientos, contiene algunos de los momentos más impactantes de toda su obra.

La Orquesta de Valencia tocó con corrección, con unos solistas que tienen en esta Sinfonía claras posibilidades de lucimiento, y así lo hicieron, especialmente el concertino, la percusión, flauta, trompa (éste con un par de deslices) y trombón (excelente Rafael Tortajada), sin embargo la dirección de Yaron Traub resultó irregular, logrando algunos momentos notables, como el final del II movimiento y el crescendo final del VI, pero echando mano demasiado a menudo del piloto automático y confundiendo en ocasiones la brillantez y la emoción con la estridencia.

Hay que reconocerle a Traub su aportación a la partitura mahleriana incluyendo un nuevo instrumento a la obra: sus golpes de tacón sobre el podio. Tanta era la emoción del director que, en ocasiones, parecía que fuese a lanzarse con un zapateado, golpeando el suelo rítmicamente con un sonido que se unía a la orquesta y que convertía su mocasín en un instrumento de percusión más.

Tanto la Escolanía como, especialmente, la Coral Catedralicia compuesta para la ocasión por las voces femeninas, rindieron a un nivel excelente, mostrando unas voces compactas y homogéneas que proyectaban con suficiencia y empaste.

Nathalie Stutzmann estuvo francamente estupenda. Su inicio del IV movimiento supuso para mí el momento más emocionante de la noche. Ese comienzo en orquestación sostenida, con las cuerdas en pianissimo, y la profunda voz de Stutzmann, representando a la humanidad, elevándose en una llamada estremecedora: “Oh, Menscht!, Gib acht!” (Oh, hombre, ten cuidado), cantando un pasaje del “Also sprach Zarathustra” de Nietzsche, fue realmente conmovedor.

Durante su breve intervención en el IV y V movimientos, aportó tantos y variados matices como la orquesta parecía eludir, cantando con sensibilidad, profundidad y exquisitez. Su volumen no es muy amplio, pero fue suficiente para hacerse oír por encima de la animosidad de Traub en el V movimiento, incluso cuando Stutzmann se movió en las profundidades de ese registro grave timbrado y poderoso que lució la francesa.

Aquí podemos escuchar a Stutzmann cantando Mahler. En esta ocasión el segundo de sus "Kindertotenlieder", acompañada por la NDR Orchester, dirigida por el expresivo Maestro Eiji Oue:


video de Lepetitprince73

El último movimiento de la Sinfonía, el “Langsam-Ruhevoll-Empfunden”, es una de las joyas de la composición mahleriana, funcionando como movimiento lento y como compendio final de su obra, combinando el lirismo extremo de las cuerdas con la síntesis musical de todo lo escuchado hasta entonces, culminando en el clímax final de la Sinfonía, donde Mahler utiliza toda la orquesta salvo las arpas. Es realmente difícil que este pasaje no llegue a emocionar y hasta Traub lo consiguió, aunque yo creo que incluso hasta interpretado con un “Don Nicanor tocando el tambor” emocionaría.

Al final, el publico que llenaba completamente la sala, respondió entusiasta con cerrada ovación, salvo el típico grupito habitual del culo inquieto que, al último movimiento de batuta, saltan como un resorte y para cuando finalizan los aplausos ya están en casa con el pijama puesto.

Nos honró con su asistencia, que no con toda su atención, la Presidenta del Palau, Mayrén Beneyto, quien, supongo que tras revisar que la letra estaba en perfecto alemán y no catalán y que no había referencias a los vecinos del norte, pondría el oportuno nihil obstat, y pudo dedicarse a pensar con los ojitos cerrados hasta el aplauso despertador.

Aquí podéis leer la estupenda crónica de Maac de la representación del día siguiente.

Como colofón, os dejo con Leonard Bernstein dirigiendo a la Filarmónica de Viena, en el emocionante final del último movimiento de la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler:


video de tokkemon