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miércoles, 25 de marzo de 2009

MATAR A UN RUISEÑOR. ELMER BERNSTEIN

Como podéis suponer, dado el personaje que da título a mi blog, “Matar a un Ruiseñor” (To Kill a Mockingbird) es una película muy especial para mí. Por muchos motivos. El principal y más sencillo es que me parece una de las obras cinematográficas más entrañables y auténticas que se han hecho jamás. Lográndose una conjunción perfecta entre el guión, la dirección, la interpretación y la música. No pretendo hablar hoy aquí del film como tal, y no creo que lo haga en un futuro, salvo que me aventurase a abrir varios capítulos sobre el tema, porque habría demasiado que decir.

Hoy quería trazar tan sólo unas pinceladas acerca de la extraordinaria banda sonora compuesta para la ocasión por uno de los más grandes compositores de música para el cine, Elmer Bernstein, al cual, posiblemente, sí le dedique un día un post monográfico, dada su prolífica y notable producción (Los Diez Mandamientos, Los Siete Magníficos, El Hombre de Alcatraz, La Gran Evasión, Millie una chica moderna, La Edad de la Inocencia… ).

Es innegable que el score de Bernstein constituye una pieza esencial en la construcción de esta obra maestra cinematográfica, y contribuye de manera capital a dotar a la película del ambiente requerido en cada fotograma.

El tema principal, que se apunta ya en los maravillosos títulos de crédito con que se inicia el film, refleja el mundo infantil a través de cuyos ojos se desarrolla toda la trama. Toda la película está prodigiosamente narrada desde el punto de vista de los niños. Y ese punto de vista se traslada también a la partitura, donde Bernstein evoca la pequeña ciudad sureña del condado de Maycomb y la percepción de los conflictos del mundo real de los adultos a través de la mirada infantil.

El tema principal comienza con el solo de piano y las flautas, recordando a veces el sonido de una caja de música o el de un niño tocando el piano con un solo dedo, para trasladarnos a ese mundo infantil. El piano introduce posteriormente un ritmo de vals, volviendo a entrar la flauta y el arpa marcando el tema principal y luego toda la orquesta, para finalizar el piano solo de nuevo en ese leit motiv bellísimo, que describe el entorno de los niños, inocentes, aún no contaminados por la cruel realidad adulta, y que se irá introduciendo en los diferentes temas de la banda sonora cada vez que se quiera remarcar la inocencia infantil.




En “Atticus Accepts the Case - Roll in the fire”, la orquesta dibuja un tema donde se apunta el optimismo y vitalidad de la tranquila vida de una pequeña población, con reminiscencias a otras obras de Bernstein (Los Siete Magníficos), que se mezcla con el oscuro sonido de metales y cellos que representan el conflicto y temores escondidos a punto de estallar.




Pero no sólo son las notas compuestas por Bernstein, y su estudiada ubicación, las que apoyan y acompañan la acción, a veces lo fundamental es su no existencia. El silencio juega también un papel esencial. A este respecto cabe destacar las escenas del juicio, donde la banda sonora se ausenta de la pantalla, dejando a Atticus Finch solo, defendiendo a su cliente frente a los prejuicios de una sociedad racista, con la única fuerza y poder de su palabra, a través de un estupendo guíon y con la magistral interpretación de Gregory Peck, pero sin condicionar en modo alguno al espectador mediante motivos musicales que pudieran predisponerle. No se emplean melodías amables cuando testifica el injustamente acusado Tom Robinson, u oscuras cuando lo hace el feroz Bob Ewell. Se deja que el espectador, a modo de jurado imparcial, valore sin condicionamientos la defensa verbal que lleva a cabo Atticus Finch. Ni siquiera se aventura el sentido del veredicto mediante frases musicales que pudiesen ir preparando el estado anímico del espectador, con lo que el impacto final es mucho mayor, y es ahí cuando ya sí entra Bernstein, con toda su fuerza, desarrollando el sensacional tema “Guilty Verdict”, cargado de emotividad y lirismo, fiel reflejo del abatimiento de Finch al comienzo, y descriptivo de su nobleza, con esos cellos que al final se acaban uniendo con el piano marcando el tema principal, siempre indicativo de la mirada infantil, y aquí además del respeto hacia el padre, mientras vemos esa inolvidable imagen de la sala vacía, salvo la parte superior donde se encuentran los niños junto al público de color, y que se pone en pie a la salida de Finch.



Uno de los más bellos temas de la banda sonora es a mi juicio “Boo Who?”, donde tras el momento de peligro vivido por los niños y tras haber resultado herido uno de ellos, vuelve la calma al hogar, descubriéndose la identidad de Boo Radley, el misterioso vecino discapacitado, origen de los peores temores de los niños al comienzo de la historia cuando todavía mantenían la ignorancia propia de su inocencia infantil, y que ahora deviene en el salvador de sus vidas (en una clara alegoría de la historia para poner de relieve los peligros e injusticias de los prejuicios). El violín, cello, acordeón, arpa y maderas construyen poco a poco junto a toda la orquesta un tema de maravilloso lirismo.



La banda sonora finaliza con el impresionante "End Title", donde se entremezclan el tema de los niños y el de Boo Radley, que acaba en el porche junto a Scout, volviendo la música al tema principal en un simbólico regreso a la inocencia y al optimismo, aunque en un tempo algo más pausado, indicativo de una cierta madurez adquirida.

Para finalizar dejo este video con un montaje de fotografías de la película y el tema musical que cierra el film.



video de jlrial61