“El triunfo de la muerte” – Pieter Brueghel el Viejo – 1562- Museo del Prado (Madrid)
El día 21 pasó y el fin del mundo no ha acudido a la cita que con tanta precisión habían vaticinado los gafes de los mayas. Así que todos tranquilos que el mundo no se acaba y no hay meteorito alguno que nos deje de momento sin comilonas familiares navideñas, sin cenas de empresa, sin amigos invisibles, sin compulsivas compras de regalos en centros comerciales abarrotados, sin emotivos discursos regios llenos de orgullo y satisfacción, sin programas de televisión con extras contratados haciendo como si les hubiese tocado el Gordo (porque todos sabemos que sólo le toca a Carlos Fabra), sin Raphael cantando ‘El Tamborilero’, sin ebrios viandantes con gorros de Papá Noel, sin fin de año en la Puerta del Sol, sin cuesta de enero… Menos mal que los mayas se han equivocado….
Bueno, en cualquier caso lo que quería era desearos a todos que, ya que habéis sobrevivido al apocalipsis, lo hagáis también a las fiestas navideñas y a la crisis, pasando estos días todo lo bien que podáis y os dejen, y a ser posible disfrutando de buena música. Como por ejemplo de este “Cantique de Jean Racine”, del francés Gabriel Fauré, aunque no sea música navideña… ni falta que le hace. Lo podemos escuchar aquí en la versión del Coro y Orquesta de Paris, bajo la dirección de Paavo Järvi:
Hombre y mujer contemplando la luna - Caspar David Friedrich - Staatliche Museum Berlin
En 1870, el poeta francés Paul Verlaine contrajo matrimonio con la adolescente Mathilde Mauté de Fleurville. Ese mismo año publicó su colección de poemas titulada “La Bonne Chanson”. En ellos describe con un enorme intimismo, cargado de emotividad, su encuentro con la amada, los paisajes en los que se desarrolla su amor y la unión con Mathilde.
El entusiasmo amoroso, la serena melancolía y el deseo de atrapar esos instantes que se presumen irrepetibles, dominan los versos de Verlaine. Uno de estos poemas, “La Lune Blanche”, es un buen ejemplo de ello. En sus breves estrofas el poeta refleja la apacible quietud y belleza de la naturaleza, como metáfora de los propios sentimientos que estaba viviendo, y define como “hora exquisita” ese momento de “vasto y tierno sosiego” en que se encontraba su alma.
Curiosamente, ese idílico bienestar descrito por Verlaine duraría poco tiempo. Exactamente hasta 1871, cuando conoció personalmente en París al joven poeta Arthur Rimbaud, con quien iniciaría una relación amorosa que culminaría en 1872, fecha en que abandonó a su esposa y a su hijo recién nacido y se fue a vivir con aquél.
Fueron numerosos los músicos que quedaron atrapados por la poesía de Verlaine y utilizaron sus versos para componer canciones, muchas de las cuales constituyen algunas de las piezas más emblemáticas de la música francesa de principios del siglo XX.
En concreto, el poema “La Lune Blanche” fue objeto de múltiples versiones, algunas de las cuales he querido traer hoy al blog.
Gabriel Fauré tomó varios de los poemas de Verlaine que integran “La Bonne Chanson” y compuso un ciclo de canciones con el mismo título. Entre ellas se encuentra “La Lune Blanche”, que podemos escuchar aquí en la voz de Anne Sofie Von Otter:
Entre las “Cuatro Melodías” que componen la Opus 13 de Ernest Chausson, encontramos también su particular visión del poema de Verlaine en la primera de ellas, “Apaisement”. Aquí podemos escuchar las cuatro canciones en la voz de Christine Schäfer:
Por último, la versión más conocida y bella del poema “La Lune Blanche”, posiblemente sea la mélodie que compuso Reynaldo Hahn, “L’heure exquise”, perteneciente al ciclo “Chansons grises”, y que, aunque ya vino al blog anteriormente, la vuelvo a traer hoy, esta vez en la voz de Susan Graham, acompañada al piano por Roger Vignoles:
“El amor en el teatro italiano” – Jean Antoine Watteau – 1716 – Gemäldegalerie - Berlín
El poeta francés PaulVerlaine, precursor del simbolismo, escribió en 1869 su colección de 22 poemas “Fêtes Galantes” (Fiestas Galantes), ambientados en un universo irreal e intemporal en el que describe la sociedad elegante y frívola del siglo XVIII, al tiempo que se hace presente la peculiar alegría melancólica y el íntimo patetismo que subyace en los personajes de la Commedia dell’Arte de Bérgamo. Estos poemas evocan los cuadros de Antoine Watteau, creador del género pictórico del mismo nombre (“Fêtes Galantes”), cuyos lienzos reflejan una serie de escenas de corte campestre y bucólico, en un mundo idílico, donde son una constante el placer, el amor cortés y los personajes de la Commedia dell’Arte italiana.
Verlaine inicia con esta serie de poemas una forma de expresión poética en la que el propósito no es tanto describir sentimientos como hacer que el lector llegue a ellos a través de una sugerencia simbólica.
El primer poema de Verlaine incluido en sus “Fêtes Galantes” es “Clair de Lune” (Claro de Luna), un texto cargado de símbolos y que ha sido motivo de estudio e inspiración para numerosos creadores, especialmente músicos, debiéndose destacar en este campo a GabrielFauré y ClaudeDebussy, cuyas geniales adaptaciones del texto de Verlaine se encuentran entre las obras más famosas de aquéllos.
GabrielFauré tomó el poema de Verlaineen 1887 y compuso la pieza para voz y piano “Clair de Lune”, una mélodie en la que la poesía de Verlaine encuentra perfecto acomodo en la sensual y sofisticada partitura de Fauré, quien consigue aquí una de sus más bellas creaciones, donde las palabras y las notas fluyen en ideal conjunción, mostrando ya esa notable madurez compositiva que le llevará a ser considerado hoy en día como uno de los grandes innovadores y maestros en el campo de la mélodie.
Seguidamente podemos escuchar “Clair de Lune” de Gabriel Fauré en la voz de Veronique Gens, acompañada al piano por Jeff Cohen:
Al igual que luego hiciese Fauré, un joven Claude Debussy se inspira en Paul Verlaine para componer en 1882 “Fêtes Galantes”, un conjunto de canciones para voz y piano que escribió en una de sus visitas a la residencia de los señores Vasnier en Ville d'Avray. Estas mélodies fueron pensadas en un primer momento para que fueran interpretadas por la soprano Marie-BlancheVasnier, y en ellas Debussy pone música a cinco de los poemas de Verlaine que integran sus “Fêtes Galantes”: “Pantomime”, “Mandoline”, “En sourdine”, “Clair de lune” y “Fantoches”. Las tres últimas serían revisadas en 1891 y publicadas de nuevo, corregidas, en 1903.
Aquí podemos escuchar a Diana Damrau acompañada al arpa por Xavier de Maistre interpretando la mélodie“Clair de Lune” de Debussy:
Claude Debussy retomaría a Verlaine como fuente de inspiración y hacia 1890 comienza a componer su obra para piano “Suite Bergamasque”. Relegada al olvido por su autor, la obra no fue corregida y publicada hasta 1905, pese a que Debussy se resistía a ello pues creía que esta composición estaba por debajo del nivel de sus obras posteriores. Consta de cuatro partes: “Preludio”, “Minué”, “Claro de luna” y “Passepied”. El tercero de los fragmentos, con el mismo título que el poema de Verlaine, acabaría convirtiéndose en una de las páginas más célebres del compositor francés. Para finalizar, os dejo con el archifamoso "Clair de Lune", de la “Suite Bergamasque” de Debussy, en la interpretación al piano de Kathia Buniatishvili:
“CLAIR DE LUNE” (Paul Verlaine – 1869) Votre âme est un paysage choisi que vont charmant masques et bergamasques jouant du luth et dansant et quasi tristes sous leurs déguisements fantasques. Tout en chantant sur le mode mineur l'amour vainqueur et la vie opportune ils n'ont pas l'air de croire à leur bonheur et leur chanson se mêle au clair de lune. Au calme clair de lune triste et beau, qui fait rêver les oiseaux dans les arbres et sangloter d'extase les jets d'eau, les grands jets d'eau sveltes parmi les marbres. ------------------------------------------------------------- Vuestra alma es un exquisito paisaje que encantan enmascarados y bailarines tocando el laúd y danzando casi tristes bajo sus imaginativos disfraces. Mientras cantan en tono menor al amor victorioso y la vida oportuna no parecen creer en su felicidad y unen sus cantos al claro de luna. Al sereno claro de luna, triste y bello, que hace soñar a los pájaros en los árboles y sollozar de éxtasis a los surtidores, los grandes surtidores esbeltos entre los mármoles.
“Chasse aux papillons” (Cazando mariposas) – Berthe Morisot – 1874 - Musée d’Orsay - París
Debe ser que todavía me dura la resaca de la excelente “Madama Butterfly” que pudimos disfrutar recientemente en Les Arts gracias a la maestría de Lorin Maazel, y me ha dado por buscar otras mariposas musicales. Así que aquí os traigo tres breves canciones compuestas por tres de los grandes maestros franceses en el campo de la mélodie, que tienen en común, además de las mariposas, que se trata, en los tres casos, de composiciones muy tempranas de sus autores.
“Les Papillons” (Las mariposas) fue escrita en 1880 por Ernest Chausson dentro del ciclo de siete canciones que forman su Opus 2: “Sept mélodies”. Compuesta sobre un poema de Théophile Gautier, pertenece al primer periodo compositivo de Chausson, cuando apenas llevaba un año matriculado en el Conservatorio de Paris, donde recibió clases de orquestación y composición de Jules Massenet. Para entonces ya había cumplido Chausson los 25 años, al haber comenzado relativamente tarde su carrera musical por cursar previamente estudios de derecho para cumplir con los deseos de su padre.
“Les Papillons” todavía dista de la madurez compositiva de sus obras posteriores, más evolucionadas, donde se vislumbran las influencias de autores como César Frank, pero, sin embargo, se trata de una agradable y delicada mélodie, alejada de las temáticas más tristes que caracterizarían algunas de sus composiciones más tardías.
Podemos escucharla a continuación en la voz de la soprano norteamericana Jessye Norman, acompañada al piano por el francés Michel Dalberto:
Les papillons couleur de neige Volent par essaims sur la mer; Beaux papillons blancs, quand pourrai-je Prendre le bleu chemin de l'air? Savez-vous, ô belle des belles, Ma bayadère aux yeux de jais, S'ils me pouvaient prêter leurs ailes,
Dites savez-vous où j'irais? Sans prendre un seul baiser aux roses, À travers vallons et forêts, J'irais à vos lèvres mi-closes,
Fleur de mon âme, et j'y mourrais.
Claude Debussy toma el mismo texto de Théophile Gautier y, en 1881, con apenas 19 años, compone su propia “Les Papillons”. La obra estaba dedicada a MadameVasnier, una soprano ligera que era su amante por aquel entonces. El estreno de esta pieza no tendría lugar, sin embargo, hasta 81 años después en Nueva York. El motivo de tal retraso fue que no se conocía la existencia de dicha obra. Parece ser que el manuscrito original fue entregado por la viuda de Debussy, Emma, al director ArturoToscanini, quien, a su vez, se lo regaló al director canadiense WilfridPelletier. Fue éste quien, en 1962, sacó a la luz su existencia en un concurso de canto del que él formaba parte del jurado, siendo cantado por la ganadora de ese año, la soprano BillieLynnDaniel, quien tuvo el honor de protagonizar su estreno mundial absoluto. Podemos escuchar ahora la versión de “Les Papillons” de Debussy en la voz de la soprano francesa SandrinePiau, acompañada al piano por Jos van Immerseel. Al igual que ocurría en la versión de Chausson, el rápido teclear del piano nos recuerda el aleteo de la mariposa. Piau deja la última nota desvanecerse poco a poco, como si se alejara flotando en el aire:
“Le papillon et la fleur” (La mariposa y la flor) fue compuesta en 1861 por un Gabriel Fauré de 16 años, sobre un poema de Victor Hugo incluido en su libro “Los cantos del crepúsculo”. Es la primera de las dos canciones que constituyen su Opus 1. Se trata de una obra de adolescencia que compuso, según el mismo decía, envuelto en los olores a comida que llegaban desde la cocina al comedor de la Escuela Niedermeyer de Música Clásica y Religiosa de París, donde estudiaba, siendo su primer intérprete nada menos que Camille Saint-Saëns, quien daba clases en dicha Escuela. Si bien no tiene quizás la complejidad armónica de posteriores trabajos, de Fauré, está llena de frescura y vitalidad. Una vez más, el piano nos evoca el movimiento de la mariposa, mientras el texto de Victor Hugo nos habla de fidelidad y libertad, con esa flor que envidia las alas de la mariposa que le permiten ir de flor en flor, mientras ella permanece sujeta a la tierra por sus raíces esperando que vuelva, por lo que acaba pidiéndole que se quede junto a ella o le dé alas para volar también libremente.
Vamos a escucharla en la estupenda voz de Elly Ameling, acompañada al piano por Dalton Baldwin:
La pauvre fleur disait au papillon céleste: Ne fuis pas!... Vois comme nos destins sont différents, je reste. Tu t'en vas! Pourtant nous nous aimons, nous vivons sans les hommes, Et loin d'eux! Et nous nous ressemblons et l'on dit que nous sommes Fleurs tous deux! Mais hélas, l'air t'emporte, et la terre m'enchaine. Sort cruel! Je voudrais embaumer ton vol de mon haleine. Dans le ciel! Mais non, tu vas trop loin, parmi des fleurs sans nombre. Vous fuyez! Et moi je reste seule à voir tourner mon ombre. A mes pieds! Tu fuis, puis tu reviens, puis tu t'en vas encore Luire ailleurs! Aussi me trouves-tu toujours à chaque aurore Tout en pleurs! Ah! pour que notre amour coule des jours fidèles. Ô mon roi! Prends comme moi racine ou donne-moi des ailes Comme à toi! ------------------- La pobre flor le decía a la mariposa celeste: ¡No huyas! Mira: Nuestros destinos son diferentes, yo me quedo. ¡Tú te vas! Sin embargo nos amamos, vivimos sin los hombres y lejos de ellos. Y nos parecemos, y dicen que somos flores las dos. Pero, desgraciadamente, el aire te lleva y la tierra me encadena. ¡Suerte cruel! Me gustaría embalsamar tu vuelo con mi aliento. ¡En el cielo! Pero no, vas demasiado lejos entre flores innumerables. ¡Huyes! Y yo me quedo sola a ver girar mi sombra. ¡A mis pies! Huyes, luego vuelves, luego te vuelves a ir, ¡Resplandeces en otro lugar! Por eso me encuentras siempre cada amanecer ¡Llena de lágrimas! ¡Ah! Para que nuestro amor transcurra en días fieles ¡Oh mi rey! Toma como yo una raíz o dame alas ¡Como tú! (traducción de Mercedes Vivas)
Permitidme que, para finalizar, dedique esta entrada al amigo Joaquim, a quien le envío un fuerte abrazo con todo mi apoyo en estos complicados momentos que está atravesando.
“Le Sommeil” (El Sueño) – Gustave Courbet – 1866 – Musée du Petit Palais - Paris
GabrielFauré es una de las grandes figuras de la música francesa, de cuyos valores fue un firme defensor en un momento histórico en que la influencia alemana, especialmente wagneriana, dominaba Europa. En un primer momento, su música es claramente hija del Romanticismo, pero poco a poco irá creando un estilo propio, haciendo evolucionar la música de su país hacia nuevos horizontes, anticipando el impresionismo musical y a figuras como Debussy o Ravel, que culminarán definitivamente la identidad de la música francesa del siglo XX.
Fauré destacó especialmente en el campo de la música más intimista, como las obras para piano o de cámara, pero sobre todo en sus mélodies o canciones, de la cual es considerado como el maestro.
Dentro de ellas, quizás la más conocida sea “Aprés un reve”, compuesta en 1877 sobre un poema de su amigo, el poeta y profesor de canto RomainBussine, quien a su vez realizó la trascripción de un antiguo poema toscano anónimo.
Se trata de una melodía para voz y piano que forma parte de la Opus 7 del autor, junto con otras dos canciones, “Hymne” y “Barcarolle”. La obra desprende tristeza y melancolía y requiere una interpretación llena de sensibilidad.
Aprés un reve
Dans un sommeil que charmait ton image je rêvais le bonheur, ardent mirage; tes yeux étaient plus doux, ta voix pure et sonore, tu rayonnais comme un ciel éclairé par l'aurore.
Tu m'appelais et je quittais la terre pour m'enfuir avec toi vers la lumière; les cieux pour nous, entr'ouvraient leurs nues, splendeurs inconnues, lueurs divines entrevues...
Hélas! Hélas!, triste réveil des songes! Je t'appelle, ô nuit, rends-moi tes mensonges; reviens, reviens radieuse, reviens, ô nuit mystérieuse!
Después de un sueño Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora.
Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros…
¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa!
Actualmente se pueden encontrar por la red infinidad de versiones de esta obra, para todo tipo de voces e instrumentos. He decidido traer hoy aquí algunas de ellas.
Para empezar la escucharemos en la voz de una soprano, en este caso la francesa VeroniqueGens, acompañada al piano por RogerVignoles:
A continuación, es una mezzosoprano, NathalieStutzmann, quien nos seduce con su bellísima voz:
Y es ahora un barítono, el francés GérardSouzay, quien nos presenta su versión del tema:
Ahora podemos oírla en la voz del tenor sueco NicolaiGedda, acompañado al piano por AldoCioccolini:
Por último, de las infinitas versiones instrumentales que he encontrado (hasta para ocarina), he decidido finalizar con esta para violoncelo en la interpretación del gran MstilavRostropovich, acompañado al piano por Alexander Dedukhin: