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sábado, 8 de junio de 2013

CONCIERTO XXV ANIVERSARIO COR DE LA GENERALITAT - Palau de les Arts - 07/06/13

Jornada festiva la de anoche en el Palau de les Arts. El Cor de la Generalitat celebraba oficialmente su XXV cumpleaños y para tal conmemoración se decidió contar con un programa que, al mismo tiempo, homenajease otros dos aniversarios, los del bicentenario del nacimiento de Giuseppe Verdi y Richard Wagner.
 
La Orquesta de la Comunitat Valenciana y la batuta del maestro Zubin Mehta fueron ilustres acompañantes en esta celebración que vistió de gala el mal llamado Auditori de Les Arts.

La fiesta llegó en un momento delicado, precisamente cuando han vuelto a renacer los rumores acerca del ERE que se cierne sobre ese macro engendro llamado CulturArts Generalitat, aunque parece que su director general, Manuel Tomás, ha garantizado que el Cor de la Generalitat no va a verse afectado, e incluso que está previsto impulsar la actividad de la formación potenciando su proyección internacional e implantando cursos de formación para sus miembros. Esta gente es menos de fiar que Cristobal Montoro jugando al mus, pero más vale que diga eso a que calle poniendo cara de estreñimiento como anteriores responsables autonómicos de la cartera de Cultura.

El Cor de la Generalitat es un activo cultural irrenunciable de la Comunidad Valenciana y su mantenimiento una obligación que imponen la decencia y el sentido común, dos criterios generalmente ausentes del discurso político, pero que hoy más que nunca son necesarios si no queremos acabar asfixiados por falta de oxígeno en medio de tanta inmundicia.

Este coro además no es un dream team fruto de la cultura del pelotazo y de nuevo rico, sino resultado del esfuerzo personal de cada uno de sus miembros y directores, de su trabajo durante 25 años y de la inteligencia. Desde sus inicios como Cor de Valencia ha ido evolucionando, mostrando una enorme versatilidad y capacidad de adaptación a nuevas exigencias y repertorios, alcanzando una calidad que, en el mundo musical, absolutamente nadie cuestiona hoy por hoy.

El programa elegido para la celebración de ayer era propicio para el lucimiento del coro y de la orquesta y, al mismo tiempo, estaba plagado de temas populares para el gran público. Eso motivó los consabidos e inevitables canturreos o esos comentarios de “esta sí que es bonita” cuando se comenzó a entonar el coro de “Nabucco”.

La primera parte estuvo dedicada a Verdi y, junto a celebérrimos fragmentos, como el “Gloria all’Egitto” de “Aida” o el ya citado “Và, pensiero” de “Nabucco”, se coló ese coro del acto II de “La Traviata”, con el “bello y gallardo Piquillo” y los toreros de Madrid que siempre he odiado especialmente, pero, bueno, lo tomaremos como un ensayo de ese inicio de temporada próxima, que esperemos se confirme, con Mehta dirigiendo “La Traviata”. En la segunda parte las notas de la sublime música de Richard Wagner volvió a escucharse en el Palau de les Arts, con fragmentos de “Tannhäuser” y  de “Los maestros cantores de Nuremberg”.

Como no podía ser de otra forma, el Cor de la Generalitat se entregó por completo el día de su celebración y rindió al excelente nivel al que nos tiene acostumbrados. Empaste, potencia, equilibrio, homogeneidad… en fin, todas esas virtudes que le han convertido en uno de los mejores coros de ópera de Europa. Me gustó más en la parte wagneriana que en Verdi, donde Zubin Mehta pecó de cierto exhibicionismo y amor al decibelio, no pareciendo controlar que la orquesta no estaba en el foso y que la acústica del Auditori es horrenda, con lo que hubo cierta estridencia y las voces fueron avasalladas en más de una ocasión.

Excelsa me pareció la intervención de la sección masculina (¡qué tenores tiene esta formación!) en el Coro de Peregrinos de “Tannhäuser”, momento en el que la emoción recorrió la sala como un huracán, provocando incluso lágrimas en alguna cercana vecina de localidad. Cosa que también ocurrió en ese impresionante final de Meistersinger, con toda la agrupación brillando mientras cantaba “Honrad a los Maestros alemanes”. Y a fe mía que se honró a Richard Wagner.

El maestro Mehta llevó a cabo una dirección más controlada en la parte dedicada al compositor alemán, con un sabio manejo de las dinámicas y consiguiendo un mágico equilibrio y claridad de las diferentes secciones orquestales.

La Orquesta de la Comunitat Valenciana exhibió también su inmensa calidad y todos sus componentes tuvieron ocasiones de lucimiento, como los violonchelos en el Preludio del acto I de “La Traviata”, las trompetas y trombones en “Aida”, donde también destacó el flautín de Virginie Reibel, el clarinete de Tamás Massànyi en el Preludio de “Luisa Miller”, el oboe de Cristopher Bouwman en la Obertura de Meistersinger, o las violas y violines en la de “Tannhäuser”.

Enormes ovaciones, con el teatro puesto en pie, premiaron la labor de todos los intervinientes en el concierto, y, sobre todo, agradecían al Cor de la Generalitat y a su director, Francesc Perales, el trabajo que llevan desempeñando desde hace 25 años, convirtiendo esta agrupación en todo un referente en España y Europa. La noche finalizó con todo el teatro entonando el “Cumpleaños Feliz” bajo la dirección de Zubin Mehta.



El recinto estaba prácticamente lleno, a excepción de algunos asientos de la zona alta del infame Auditori. Me gustaría que alguien me explicase cuál ha sido el misterio de que en la web no hayan salido a la venta en ningún momento las localidades de esa zona, pese a que desde 48 horas antes del evento se agotasen las entradas de la parte baja, quedándose muchas personas sin poder acudir y, sin embargo, ayer al dar comienzo la representación apareció casi llena también la zona superior. Misterios de esta casa.

Entre el público asistente se pudo ver a un exultante Carlos Álvarez que no paró de recibir felicitaciones por el magnífico Yago que está representando estos días en la sala principal del teatro valenciano, en ese triunfal “Otello” que está teniendo una enorme repercusión a nivel internacional. También estaba presente el director general de esa cosa llamada CulturArts Generalitat, Manuel Tomás, y la Consellera de Cultura, María José Catalá, a quien se vio charlando largo y tendido con la Intendente Helga Schmidt. Ojalá de esas conversaciones surja un mayor acercamiento entre la Administración autonómica y Les Arts que permita garantizar el futuro de la temporada de ópera en Valencia y que la sensatez se imponga en las medidas que se adopten para hacer frente a la crisis.

Señoras y señores del Cor de la Generalitat: ¡Muchas felicidades! Gracias por las noches de emoción que nos habéis permitido vivir durante todo este tiempo y ahora más que nunca: ¡que cumpláis muchos más!... y nosotros que lo oigamos.


domingo, 16 de diciembre de 2012

NOVENA SINFONÍA (Ludwig van Beethoven) - Palau de les Arts - 14/12/12

 
Riccardo Chaillynos ofreció el pasado viernes en el Palau de les Arts una velada musical absolutamente mágica. Y aquí voy a hablar simplemente de emociones, sin entrar a diseccionar en exceso el trabajo realizado ni valorar si esta lectura que ha hecho el maestro milanés es más o menos acorde a lo que escribió Beethoven o si es mejor o peor que otras versiones que puedan ser de referencia (si es que eso realmente puede fijarse de manera objetiva).

Yo, como asistente a esa representación y aficionado a la música, lo único de lo que quería dejar aquí constancia, de forma breve pero clara, es que la emoción invadió el patio de butacas desde el momento en que sonó la primera nota y no nos abandonó hasta mucho después de que hubiera finalizado el concierto.

He dicho que la emoción llegó con la primera nota y realmente no fue así. El primer escalofrío no provino del sonido, sino del silencio. Y es que, pocos instantes antes de que Chailly saliera a dirigir, todos los miembros de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y del Cor de la Generalitat se pusieron en pie y se mantuvieron leyendo en silencio el manifiesto de los trabajadores del Palau de les Arts en protesta por el anunciado ERE y la actual política cultural, mientras recibían la calurosa ovación de apoyo de un público que lucía en su mayoría el lazo azul que los empleados del coliseo valenciano habían repartido a la entrada.

La versión de Chailly se anunciaba como de estricto respeto a lo escrito en la partitura original por Beethoven, especialmente en cuanto a los tempi. Y desde luego lo primero que llamaba la atención era la rapidez que se impuso a la orquesta, lo cual fue especialmente llamativo en el primer movimiento y sobre todo en el tercero. Los que ya llevamos unas cuantas Novenas pasadas por nuestras orejas constatábamos que aquello sonaba diferente, pero increíblemente bien. Y ello pese a que, una vez más, las mentes preclaras del Palau de les Arts condenaron una representación de indudable relieve al infame Auditorio, con su pésima y desigual acústica.

Riccardo Chaillyimpuso una dirección veloz y vigorosa, pero siempre logrando imprimir una tensión y dramatismo constantes que se mantuvieron sin un instante de desfallecimiento. La velocidad no conllevó en modo alguno una disminución de la profundidad de la lectura, ni los pasajes más líricos vieron decaer su hondura por ello, así como tampoco me dio la impresión de que el conjunto mostrase una especial rigidez derivada de la resurrección de las indicaciones metronómicas de Beethoven.

El manejo de las dinámicas fue ejemplar y creo que hubo un gran equilibrio y homogeneidad orquestal, con un sonido transparente donde resplandecían permanentemente multitud de detalles que, a un oído medio como el mío, le habían pasado desapercibidos en otras ocasiones. Para ello, el maestro Chailly contó con la genialidad de los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, de quienes supo extraer todo el virtuosismo que atesoran.

La orquesta sonó como en las mejores noches y volvió a notarse la mano maestra de un gran director. La entrega de todos sus componentes fue extrema ante el máximo rendimiento exigido por Chailly. Hacer menciones concretas quizás pueda resultar injusto, pero extraordinario estuvo toda la noche el trío formado por Álvaro Octavio a la flauta, Joan Enric Lluna al clarinete (increíble en el Adagio) y Christopher Bouwman al oboe. También destacó en el cuarto movimiento Virginie Reibelcon el flautín.

Pero si algo merece reseñarse especialmente es el grandísimo trabajo del Cor de la Generalitat, cuyos resultados sólo pueden calificarse de excelsos. El brillo, luminosidad y trascendencia que se alcanzó en el último movimiento fue debido en gran parte a la excelencia de este coro del que cada día debemos estar más orgullosos. Parecía realmente sobrehumano que sus componentes pudiesen seguir, con tal grado de intensidad y precisión, las exigencias del maestro Chailly y daba la impresión de que hubiera el doble de voces de las que realmente había.

También hay que destacar el mérito del cuarteto solista, compuesto por Rudolf Rosen, Steve Davislim, Julia Bauer y Mª José Montiel, a quienes Chaillyno se lo puso tampoco nada fácil. Pese a algunos chillidos de la Bauer y algún apuro de los varones en ascensos al agudo, mostraron un comportamiento ejemplar, y tan sólo lamenté que la belleza de la voz de María José Montiel no tuviese ocasión de un mayor protagonismo.

El público que llenaba por completo el recinto tuvo un comportamiento mucho más respetuoso que en otras noches (como en la ruidosa Bohème del día siguiente, por ejemplo), y explotó en auténtico delirio al finalizar la representación, brindando larguísimos minutos de aplausos emocionados, siendo a la salida unánimes los comentarios respecto a la excelencia de lo vivido.

Ojalá noches como esta sirvan para que, quedando una vez más de manifiesto la enorme calidad de la orquesta y coro de la casa, puedan todavía replantearse actuaciones en materia cultural que ponen en claro peligro su supervivencia.

Previamente a este concierto del viernes, Riccardo Chailly mantuvo un encuentro con el público en el Aula Magistral de Les Arts. Allí, el denominado ‘dramaturgo’ de la casa, Justo Romero, conversó con el director milanés durante unos 40 minutos, tiempo durante el cual el maestro, esforzándose por hablar en castellano, nos ofreció su interesante visión de la obra de Beethoven, así como su opinión sobre diversos temas. Entre ellos, comentó que el motivo de que se prodigue tan poco en la dirección de ópera, pese a que le encante el género, se debe a los directores de escena, ya que estaba harto de chocar con ellos respecto a los diferentes conceptos que pudieran tener a la hora de acercarse a una obra concreta. Sin embargo, dijo que con Davide Livermore, responsable de la dirección escénica de “La Bohème” que se está representando actualmente en Valencia, ha tenido un entendimiento absoluto y ha disfrutado muchísimo.

Las intervenciones de Romero en alguna ocasión me parecieron inadecuadas, con apostillas o introducción de datos que interrumpían las contestaciones de Chailly. Pero lo más desafortunado llegó cuando el maestro estaba explicando que su versión incluía los rittornelli del Scherzo escritos por Beethoveny preguntó a Romero: “¿cómo se dice en español Rittornello?”. “Pues… Rittornello, igual”, contestó Romero. E inmediatamente después Romero pregunta a Chailly: “¿Oye, has incluido las repeticiones del segundo movimiento?”. El maestro abrió los ojos con estupefacción y dijo: “Lo acabo de decir… ¿de qué estamos hablando aquí, de pomodori?”.

Cosas de Les Arts...