
El que se ha dado en llamar por las cabezas pensantes del Palau de la Música de Valencia "ciclo de lied", sigue siendo una de las formas
más rápidas y eficaces de que el aficionado al canto en esta ciudad alcance un grado de depresión irremediable. Y ello no se debe en absoluto al nivel de las voces elegidas, sino a la escasa respuesta de un público que, igual que se agolpa ante las taquillas del vecino Palau de Les Arts para sacar una entrada, aunque sea sin visión, para escuchar una mediocre Traviata, deja vacío más de la mitad del aforo de la pequeña Sala Rodrigo del Palau, aunque pueda disfrutar por 17 euros de cantantes de la categoría de María José Montiel.
Precisamente fue la mezzosoprano madrileña, a quien dediqué hace unos meses una entrada en este blog, la encargada ayer de ofrecer un recital
dentro del "ciclo de lied", en la que estuvo acompañada por la excelente pianista Laurence Verna y el guitarrista Ángel Romero.
Los asistentes nos encontramos para empezar con la inexistencia de programas de mano, circunstancia que fue excusada por el personal del Palau alegando que se había cambiado el programa a última hora, lo que llevó a que fueran los propios intérpretes quienes se vieran obligados a tener que ir anunciando cada pieza a viva voz.
Finalmente, el programa ofrecido fue el siguiente:
más rápidas y eficaces de que el aficionado al canto en esta ciudad alcance un grado de depresión irremediable. Y ello no se debe en absoluto al nivel de las voces elegidas, sino a la escasa respuesta de un público que, igual que se agolpa ante las taquillas del vecino Palau de Les Arts para sacar una entrada, aunque sea sin visión, para escuchar una mediocre Traviata, deja vacío más de la mitad del aforo de la pequeña Sala Rodrigo del Palau, aunque pueda disfrutar por 17 euros de cantantes de la categoría de María José Montiel.Precisamente fue la mezzosoprano madrileña, a quien dediqué hace unos meses una entrada en este blog, la encargada ayer de ofrecer un recital
dentro del "ciclo de lied", en la que estuvo acompañada por la excelente pianista Laurence Verna y el guitarrista Ángel Romero.Los asistentes nos encontramos para empezar con la inexistencia de programas de mano, circunstancia que fue excusada por el personal del Palau alegando que se había cambiado el programa a última hora, lo que llevó a que fueran los propios intérpretes quienes se vieran obligados a tener que ir anunciando cada pieza a viva voz.
Finalmente, el programa ofrecido fue el siguiente:
1ª Parte:
Robert Schumann - "Widmung" (Dedicatoria)
Franz P. Schubert - "Der Tod und das Mädchen" (La muerte y la doncella)
Edvard Grieg - "Ich Liebe dich" (Te quiero)
Jaime Ovalle - "Azulão"
Celedonio Romero – "Malagueñas"
Piotr I. Tchaikovsky – "Lied der Mignon"
Joaquín Rodrigo – "Pastorcito Santo"
Ernesto Halffter – "Cançao do Berço"
Ernesto Halffter – "Ai que linda moça"
Celedonio Romero – "Fantasía Cubana"
2ª Parte:
Federico García Lorca – "Canciones Antiguas":
- Anda Jaleo
- Los cuatro muleros
- Las tres hojas
- Las morillas de Jaén
- El Café de Chinitas
- Nana de Sevilla
- Zorongo
- Sevillanas del siglo XVIII
George Bizet – "Carmen" – Habanera
Tomás Barrera y Rafael Calleja – "Emigrantes" - Granadinas
Robert Schumann - "Widmung" (Dedicatoria)
Franz P. Schubert - "Der Tod und das Mädchen" (La muerte y la doncella)
Edvard Grieg - "Ich Liebe dich" (Te quiero)
Jaime Ovalle - "Azulão"
Celedonio Romero – "Malagueñas"
Piotr I. Tchaikovsky – "Lied der Mignon"
Joaquín Rodrigo – "Pastorcito Santo"
Ernesto Halffter – "Cançao do Berço"
Ernesto Halffter – "Ai que linda moça"
Celedonio Romero – "Fantasía Cubana"
2ª Parte:
Federico García Lorca – "Canciones Antiguas":
- Anda Jaleo
- Los cuatro muleros
- Las tres hojas
- Las morillas de Jaén
- El Café de Chinitas
- Nana de Sevilla
- Zorongo
- Sevillanas del siglo XVIII
George Bizet – "Carmen" – Habanera
Tomás Barrera y Rafael Calleja – "Emigrantes" - Granadinas
María José Montiel salió guapísima al escenario y demostró encontrarse en un óptimo estado vocal, luciendo la plena madurez de un instrumento que controla con un impecable dominio de la técnica. He de reconocer que a mí la cálida voz de esta mujer me encanta, y la musicalidad y exquisitez con las que esboza cada frase me resultan plenamente seductoras.
Su centro sigue siendo bellísimo, y mostró seguridad y potencia en los agudos y
unos graves de peso. Proyectó su voz grande con autoridad, al tiempo que ofrecía una extraordinaria riqueza de matices. Jugó con las medias voces con sutil delicadeza y logró algunos filados espectaculares. Sus interpretaciones del “Azulão” de Ovalle y “Ai que linda moça” de Halffter (posiblemente los mejores momentos de la noche) estuvieron rebosantes de sensibilidad y llenaron la sala de emoción.
Si algo caracteriza a esta cantante es su absoluta entrega dramática y el sentimiento desbordante que transmite. Ella disfruta cantando y consigue que los que la escuchan disfruten con ella.
La enorme expresividad de María José Montiel estuvo presente
en todo momento, especialmente en fragmentos como “Widmung”, “Der Tod und das Mädchen” o la “Cançao do Berço”. En esta última, hizo gala de un extremado lirismo, viéndose gentilmente acompañada además, desde el patio de butacas, en medio de un pianísimo, por un horrísono teléfono móvil que se hizo oir durante largos segundos y, lo que es peor, pasados unos instantes volvió a sonar. Y eso que antes de iniciarse la representación, se anunció por megafonía que en la sala los teléfonos móviles no dispondrían de cobertura. Tecnología punta la del Palau, por lo que se ve.
En la segunda parte, Montiel adornada con mantilla y acompañada a la guitarra por Ángel Romero interpretó con desparpajo, estilo y permanente sonrisa las canciones de García Lorca, aunque reconozco que me gustó bastante más la primera parte del recital.
Finalizó su actuación con una brillante Habanera de
"Carmen", plenamente seductora, dirigiéndose directamente al público, demostrando que es este un papel que domina y le va como anillo al dedo. Acaba de interpretarlo en Murcia y debutará con él la próxima temporada en el Liceu barcelonés. Y, como se preguntaba un buen amigo a la salida, quién sabe si podría ser la sustituta de Elina Garanca en el Festival del Mediterrani si se confirma la espantá de la letona.
Ángel Romero interpretó en solitario dos piezas compuestas por su padre, Celedonio Romero, en las que exhibió su virtuosismo rayando lo circense.
Como propina, Montiel acometió junto a Romero las Granadinas de “Emigrantes”,
poniendo así punto final a una exitosa noche en la que sólo se echó de menos una mayor respuesta en taquilla.
Su centro sigue siendo bellísimo, y mostró seguridad y potencia en los agudos y
unos graves de peso. Proyectó su voz grande con autoridad, al tiempo que ofrecía una extraordinaria riqueza de matices. Jugó con las medias voces con sutil delicadeza y logró algunos filados espectaculares. Sus interpretaciones del “Azulão” de Ovalle y “Ai que linda moça” de Halffter (posiblemente los mejores momentos de la noche) estuvieron rebosantes de sensibilidad y llenaron la sala de emoción.Si algo caracteriza a esta cantante es su absoluta entrega dramática y el sentimiento desbordante que transmite. Ella disfruta cantando y consigue que los que la escuchan disfruten con ella.
La enorme expresividad de María José Montiel estuvo presente
en todo momento, especialmente en fragmentos como “Widmung”, “Der Tod und das Mädchen” o la “Cançao do Berço”. En esta última, hizo gala de un extremado lirismo, viéndose gentilmente acompañada además, desde el patio de butacas, en medio de un pianísimo, por un horrísono teléfono móvil que se hizo oir durante largos segundos y, lo que es peor, pasados unos instantes volvió a sonar. Y eso que antes de iniciarse la representación, se anunció por megafonía que en la sala los teléfonos móviles no dispondrían de cobertura. Tecnología punta la del Palau, por lo que se ve.En la segunda parte, Montiel adornada con mantilla y acompañada a la guitarra por Ángel Romero interpretó con desparpajo, estilo y permanente sonrisa las canciones de García Lorca, aunque reconozco que me gustó bastante más la primera parte del recital.
Finalizó su actuación con una brillante Habanera de
"Carmen", plenamente seductora, dirigiéndose directamente al público, demostrando que es este un papel que domina y le va como anillo al dedo. Acaba de interpretarlo en Murcia y debutará con él la próxima temporada en el Liceu barcelonés. Y, como se preguntaba un buen amigo a la salida, quién sabe si podría ser la sustituta de Elina Garanca en el Festival del Mediterrani si se confirma la espantá de la letona.Ángel Romero interpretó en solitario dos piezas compuestas por su padre, Celedonio Romero, en las que exhibió su virtuosismo rayando lo circense.
Como propina, Montiel acometió junto a Romero las Granadinas de “Emigrantes”,
poniendo así punto final a una exitosa noche en la que sólo se echó de menos una mayor respuesta en taquilla.Al acabar la función tuve la suerte de poder saludar personalmente a María José Montiel quien demostró ser, además de una excelente cantante, una mujer simpatiquísima, atenta y cercana, que no dudó en atender a todos cuantos llegábamos, pese a estar por allí metiendo prisas doña Mairen en persona y pelo.
Deberían replantearse quizás los gestores del Palau para el futuro una mayor difusión de este tipo de actuaciones o el incluirlas dentro del abono, no vaya a ser que el año que viene tengan que cambiar el eslogan y en lugar de esa majadería de “la música que se escucha con la piel” tengan que poner “la música que se escucha desde casa”.
Deberían replantearse quizás los gestores del Palau para el futuro una mayor difusión de este tipo de actuaciones o el incluirlas dentro del abono, no vaya a ser que el año que viene tengan que cambiar el eslogan y en lugar de esa majadería de “la música que se escucha con la piel” tengan que poner “la música que se escucha desde casa”.