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jueves, 29 de marzo de 2018

"IL CORSARO" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 28/03/18


Ayer se estrenó en el Palau de les Arts una nueva producción de Il Corsaro de Verdi, una obra que no es nada habitual verla representada. Baste decir que su estreno en España se produjo en el Liceu en versión concierto en el año 2004 y no sería escenificada en nuestro país hasta el año 2010 en Bilbao. Fuera de nuestras fronteras tampoco es frecuente su presencia en los teatros de ópera, así que ya sólo por eso la cita con esta poco conocida composición verdiana presenta un indudable interés.

Reconozco que a priori me hacía bastante poca ilusión, sobre todo después de mi anterior experiencia en Les Arts con la inaguantable Il Mondo della luna de Haydn. Pero bueno, el caso es que al final la experiencia no fue tan mala como la del tostón lunero; para empezar su duración es casi una hora inferior a aquella, lo que ayuda mucho, y, sin ser tampoco el recopetín, aquí todo fluye mejor. La obra es todavía un Verdi primerizo, muy deudor del belcantismo, con cánones encorsetados donde el genio del compositor no se plasma aún en toda su intensidad, pero reconozco que cuenta con algunos momentos destacables como pinceladas que apuntan ese particular estilo con el que alcanzará poco después las cimas de la ópera italiana.

En cualquier caso, su mayor lastre, a mi juicio, es un libreto bastante idiota, con unos personajes más planos y estereotipados que Pierre Nodoyuna y Penélope Glamour. Más allá de los valores literarios que sin duda contendrá la obra The Corsair de Byron, en la que se basa la ópera, la adaptación del libreto de Piave y la historia en sí me parecen bastante memas y con buenas dosis de pesadez.

Para la ocasión se ha decidido apostar por una producción propia que se ha coproducido con la Opéra de Monte-Carlo, encargando la dirección escénica a la alemana Nicola Raab, quien ya pasó por Les Arts hace 6 años con la Thaïs de Massenet. Como suele ser habitual en los trabajos de Raab, el atractivo visual de la puesta en escena pretende ser el principal protagonista, dejando un poco más descuidado el apartado dramatúrgico. Ayer la propuesta escénica no me convenció en ninguna de sus facetas y no debí ser el único descontento pues en los saludos finales se escucharon no pocos abucheos.

Raab opta por plantear la historia como una fantasía del propio Lord Byron mientras  escribe The Corsair. De ahí que el personaje de Corrado-Byron esté prácticamente todo el tiempo en escena. Esa idea inicial, aunque esté más vista que Verano Azul, no deja de tener cierto interés e incluso llega a funcionar por momentos, aunque son más los pasajes en los que este planteamiento conduce a situaciones absurdas e incomprensibles si no conoces el libreto al dedillo, cosa que no creo que sea habitual en una obra tan poco representada como esta, como esa pelea de Corrado contra nadie mientras a su espalda Seid cae muerto y se levanta reiteradamente; o que Medora en el primer acto ya se chupe el veneno que acabará con su vida en el tercero.

La acción se desarrolla la mayor parte del tiempo en dos planos, el más cercano al espectador sería el de Byron mientras crea su obra y comprueba cómo evoluciona la historia y los personajes; y tras él se desarrolla el drama que surge de su mente, en otra dimensión. Al final, la muerte de Corrado será planteada como el atrapamiento de Byron en ese plano de su propia creación mental. Esta distinción de planos se aprecia bastante bien en el aria de Medora y el posterior dúo, cuando ella parece atrapada tras unos velos de plástico sin que pueda acceder, pese a intentarlo, al “mundo real”. En otros momentos de la representación la distinción de estos mundos paralelos se limitará a plantar a Corrado-Byron mirando la escena. Al final todo se queda en una buena idea que no acaba de funcionar. Lamentable fue, por ejemplo, el resultado del aria de Medora, haciendo cantar a la soprano desde el fondo del escenario y tras los plásticos colgantes, mientras en primera línea el tenor nos obsequiaba con un ruidoso concierto de rotura de papeles muy bonito.

El punto fuerte de la propuesta, que se supone es el visual, tampoco me gustó. Las proyecciones alla Livermore no aportaban nada y la estética del harén de Seid, que supongo pretendía rememorar el orientalismo de la pintura del XIX (Delacroix, Ingres, Fortuny…), se convirtió en un espectáculo viejuno y kitsch hasta empachar. Aquello parecía una función de colegio (de pago) o la tienda de Souvenirs Mohamed del Gran Bazar. Esos turbantes, babuchas, dorados… Para un Rossini bufo le hubieran ido al pelo, pero en un Verdi pretendidamente dramático chirriaban demasiado. Pocas cosas más patéticas y ridículas he visto últimamente que el presunto disfraz de derviche de Corrado del acto segundo. ¿Qué costaba haberse acercado a un Todo a 1€ del barrio y buscar algo menos risible que envolver al protagonista en una alfombra de mercadillo playero y plantarle un minúsculo fez?

Y en la dirección de actores la producción presentada alcanza ya la matrícula de honor del despropósito haciendo dejación absoluta de funciones, con un planteamiento plano donde, a partir de dos o tres ideas, el resto se deja a la buena de Alá. El colmo de la inoperancia se puso de manifiesto con el movimiento del coro. Vaya diferencia entre el exhaustivo trabajo al que tuvo que hacer frente la agrupación en el reciente Peter Grimes, con esta pantomima en la que las únicas indicaciones parecían ser: “coro a escena - coro fuera de escena”, haciéndoles avanzar por unos pasillicos estrechos, cantar desde la trasera y quedarse todos más quietos que el peluquero de Puigdemont.

En definitiva, pienso que nos encontramos ante una fallida propuesta escénica, rancia, fea, que dificulta seguir la ya de por sí absurda historia, que no favorece el apartado musical y que descuida la vertiente dramática.

De la dirección musical se ha encargado Fabio Biondi. Llamó mucho la atención desde el anuncio de la temporada que el director italiano, centrado en otros repertorios, afrontase un Verdi, por mucho que hablemos de un Verdi primitivo. Biondi, siempre dispuesto a buscar autenticidad en las interpretaciones, ha sorprendido esta vez a la platea de Les Arts subiendo el foso casi a la altura del escenario para, según ha afirmado, encontrar una relación fónica entre orquesta y voces que esté más cercana a lo que podía encontrarse el espectador del siglo XIX. Además de subir el foso, Biondi ha variado la disposición de los atriles, ubicando en el centro a chelos y contrabajos, a la derecha madera, metales y percusión, y a la izquierda violines, violas y arpa.  Cuando vi la original elevación del foso pensé que podría haber voces damnificadas, pero claro, no contaba con el hipogrito huracanado de Fabiano y Dyka. Quizás lo que ocurrió fue lo contrario, que se enteró Biondi de que cantaban estos dos vozarrones y subió la orquesta para que pudiéramos escucharla.

Al final, pese a las dudosas previsiones, me gustó bastante el resultado orquestal obtenido por Biondi. Está claro que la obra no es precisamente el colmo del refinamiento y la complejidad, pero dirigió con brío y buen pulso, remarcando con sensibilidad los instantes más líricos y consiguiendo un equilibrio muy notable. Enorme delicadeza mostró, por ejemplo, en el acompañamiento en pizzicato a la muerte de Medora. Trabajó con gusto las dinámicas y logró que la puntual mala disposición escénica de los cantantes no afectase al conjunto. Contó además con otra noche especialmente inspirada de los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana que supieron dejar detalles de su valía, como el clarinete de Tamás Massànyi en la obertura, el arpa en el aria de Medora, las flautas en el aria de Gulnara, el oboe de Christopher Bouwman en la entrada de Medora del tercer acto o el increíble sonido de los chelos, comandados esta vez por Arne Neckelmann, en la introducción orquestal a la segunda escena del acto tercero, a mi juicio, junto al Eccomi prigioniero! subsiguiente, el momento más bello, con diferencia, de esta ópera.

Volvieron a brillar sin reparos los miembros del Cor de la Generalitat pese a las majaderías escénicas que ya he comentado, a su breve participación en la obra y a pillarles este Corsaro en pleno proceso de reivindicaciones y protestas por la inaceptable precariedad laboral a las que les tiene sometida la administración autonómica desde hace años. Fantásticos los chicos en el coro de corsarios inicial y muy bien las chicas tanto en el coro de odaliscas, como en la escena final, en esa especie de coro de Morticias en el que les convirtió la regia.

Uno de los mayores reclamos de esta producción era la presencia como Corrado del tenor norteamericano Michael Fabiano, un cantante con presencia en los principales teatros de ópera desde sus inicios y que saltó especialmente a la fama tras ganar el premio Richard Tucker de 2014. Yo le he visto en algunas ocasiones en retransmisiones desde el MET y nunca me había acabado de convencer del todo. Ayer en directo me gustó más. Lo primero que llama la atención es el impresionante volumen que derrocha y su facilidad de emisión, con una bonita voz de tenor lírico que luce especialmente en el centro, cálida, clara, limpia y mostrando una valentía a prueba de bomba, afrontando el riesgo sin importarle las consecuencias, cosa que se agradece. Quizás flaquea un poco en la zona más aguda, así como con alguna puntual desafinación; pero el resultado general de Fabiano fue muy notable y conquistó sin reservas al público valenciano. A mí también, pero no fue quién más me gustó.

La gran sorpresa de la noche para mí fue la Medora de la impronunciable soprano Kristina Mkhitaryan. Belleza vocal y cautivadora presencia física caracterizaron una actuación impecable en un papel que, pese a su corta participación, bordó. Su timbre de sonoridades claramente eslavas, la riqueza expresiva y la sensibilidad mostrada tanto en su aria como, especialmente, en toda la última escena, me llegaron a recordar, perdóneseme la herejía, a la joven Netrebko. Me gustaría volver a ver a la joven cantante rusa en un papel de mayor extensión para corroborar mis impresiones.

A Oksana Dyka ya la conocemos bien en Valencia después de pasar por Les Arts como Butterfly y Tosca en 2009 y 2010. Vozarrón desaforado y temperamento siguen caracterizando a la soprano ucraniana a la que, sin embargo, he encontrado con un cierto desgaste que no sé si será consecuencia de haber estado frecuentando papeles de mayor peso de lo que su voz lírica aconsejaba. El recital de chillidos que nos ofreció ayer la Dyka fue digno de un Marathon Matrimoniadas. El poderoso agudo que posee queda muy deslucido con esta tendencia al grito y un timbre cada vez más hiriente, así como con el feo empleo de portamentos, como hizo ayer en su aria. Algo más moderada estuvo en la segunda parte, donde incluso apuntó un par de regulaciones, pero he de confirmar con Les Arts si finalmente sus gritos acabaron con toda la cristalería de la cafetería o quedó alguna copa sana.

El barítono italiano Vito Priante fue el encargado de dar vida al repelente y políticamente incorrecto personaje de Seid que, por si fuese poco, ayer fue obligado a vestir de mamarracho salido de una filà de moros de 8ª regional. Cumplió bien su cometido, aunque su escueto volumen e inconsistente emisión, con tendencia a cantar padentro, deslucía un papel que debe imponer un poco más de autoridad y que devino inaudible en gran parte de los concertantes. Además, vocalmente al lado de Dyka era como Mini yo con Pau Gasol. Se hacía muy difícil de creer que aquella tremenda odalisca de grito suelto estaba sojuzgada por este Pachá.

Bien el Giovanni de Evgeny Stavinsky y dignas de mención las breves intervenciones de los miembros del Cor de la Generalitat Ignacio Giner, Antonio Gómez y un estupendo Jesús Rita. Es de agradecer que para estos pequeños papeles se utilicen las buenas voces que tenemos en nuestro coro, en lugar de acudir, como se ha hecho tantas veces, a ignotos cantantes, generalmente italianos, fruto de paquetes (con perdón) 2 x 1 de agentes listillos.

La sala principal de Les Arts presentaba ayer un aspecto más que bueno, de lo cual me alegro, aunque internamente me siga entristeciendo que el nombre de Verdi, aunque sea en una operita como esta, venda más que una joya como Peter Grimes. En el casi lleno de ayer también influyó que el resto de funciones se van a desarrollar en plenas semanas Santa y de Pascua y algunos abonados optaron por cambiar su entrada al estreno. Se aplaudieron prácticamente todos los chimpún con bravos, bravi, brave y fervor de fan, aunque, curiosamente, al llegar el descanso los aplausos no pasaron de una tibieza que rozó la frialdad. Al finalizar la función hubo algo más de entusiasmo, especialmente con el tenor; y, como ya he comentado, se escucharon sonoros abucheos a la dirección de escena.

Se ha anunciado oficialmente que la función del próximo día 8 será retransmitida en streaming a través de www.OperaVision.eu con la colaboración de la Agencia Valenciana de Turismo y el canal Mezzo. Yo, en cualquier caso, como siempre, os animo a acudir en directo y a disfrutar de las cosas buenas que también tiene esta ópera, con dos voces muy notables y algunos momentos musicales destacables. Además es una oportunidad de conocer una obra muy inusual y, total, si no os gusta, al fin y al cabo estamos en semana de Pasión.



miércoles, 3 de octubre de 2012

PREMIOS "HELGA DE ORO" 2012. LOS GANADORES


Los lectores y visitantes de este blog han dictado su veredicto y las estatuillas “Helga de Oro” de 2012 tienen ya sus destinatarios, elegidos por democrática votación. Ante todo, quisiera agradeceros vuestra participación a todos los que habéis tenido la paciencia de entrar y votar en las diferentes categorías.

Estos premios son lo que son, y para empezar ni son premios ni son nada, que no están los tiempos para repartir ni gominolas. Se trata simplemente de sondear lo que pueda ser la opinión de los habituales asistentes al Palau de les Arts, representados en este caso por los lectores del blog, acerca de lo que gustó más o menos de lo ofrecido la pasada temporada en el recinto operístico valenciano, ofreciendo estas simbólicas estatuillas a modo de premio del público.

Esta vez no ha habido ni la tradicional gala virtual cuyas fotos falsas suelen adornar estas entradas. Hay algún malpensado que me ha preguntado si se ha debido a que la Consellera de Cultura hubiera intercedido ante el Gobierno Central para pedir que dieran más presupuesto a la gala, y en lugar de bocata de chóped pudiese ser de atún con aceitunas, y con lo bien que hace las cosas, al igual que ha pasado con los presupuestos de Les Arts para el próximo año, nos quedásemos todavía peor que estábamos. Pero no, en esta ocasión la culpa es sólo del autor de este blog que no ha tenido tiempo de tanta tontuna.

En relación con otras ediciones, lo primero que se constata es que ha existido mucha más igualdad en casi todas las categorías y no ha habido ninguna producción que salga netamente como ganadora. Está claro que “Thaïs”, “Il Trovatore” y “Medea” son los espectáculos que más han gustado y ellos se han repartido el mayor número de votos.

Pero bueno, vayamos al grano. Los premiados este año son:

Helga de Oro 2012 a la mejor dirección escénica: Nicola Raab

Tras un inicio de votación donde se mantuvo un equilibrado duelo entre la finalmente ganadora y la “Medea” de Gerardo Vera, los votos acabaron dando la victoria a la joven directora alemana Nicola Raab y su “Thaïs”, siendo también bastante valorado por los votantes el buen trabajo de Andréi Konchalovski para “Boris Godunov”. Creo que cualquiera de los tres podría haber ganado, pero Raab es una justa vencedora al haber conquistado al público con una puesta en escena brillante, que, pese a reubicar temporalmente la acción del libreto, resulto muy respetuosa y coherente con el mismo, siendo además estéticamente muy atractiva, gracias sobre todo a un vestuario e iluminación muy cuidados y con una vistosa escenografía que permitía un ágil discurrir de la acción.
Nicola Raab (“Thaïs”): 18 votos
Gerardo Vera (“Medea”): 15 votos
Andréi Konchalovski (“Boris Godunov”): 10 votos
Gerardo Vera (“Il Trovatore”): 4 votos
Phillip Himmelmann (“Dido y Eneas”): 1 voto

Helga de Oro 2012 a la mejor dirección musical: Zubin Mehta por “Il Trovatore”

Por tercer año consecutivo el maestro Zubin Mehta se lleva el galardón al mejor director, esta vez por su labor al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en “Il Trovatore”. Aunque en esta ocasión la cosa ha estado reñidísima y hasta el último instante no se sabía si el premio recaería en el director indio o en Sir Andrew Davis, cuyo excepcional trabajo en “Ariadne auf Naxos” a punto ha estado de dar la sorpresa. Finalmente, la experiencia mostrada por el maestro Mehta con la partitura verdiana se ha impuesto y, posiblemente, a ello haya influido también el hecho de que las funciones de “Il Trovatore” hayan sido vistas por más espectadores que las dos escasas representaciones de la ópera de Richard Strauss.  
Zubin Mehta (“Il Trovatore”): 17 votos
Sir Andrew Davis (“Ariadne auf Naxos”): 15 votos
Patrick Fournillier (“Thaïs”): 10 votos
Zubin Mehta (“Medea”): 10 votos
Michele Mariotti (“La Cenerentola”): 5 votos

Helga de Oro 2012 al mejor tenor: Jorge de León por “Il Trovatore”

Pues si reñida ha estado la elección de director, no lo ha estado menos la de mejor tenor. Desde que se abrieron las votaciones se destacó claramente Jorge de León por su papel de Manrico en “Il Trovatore”, a quien desde el principio yo consideraba como el gran favorito al premio. Sin embargo, poco a poco fueron aumentando los votos para el ruso Dmitri Korchak por el Don Ottavio de “Don Giovanni”, llegando a encabezar la clasificación en muchos momentos. Finalmente, por tan sólo dos votos de diferencia, la brillantez y poderío en el agudo de De León se han impuesto a la musicalidad y riqueza de matices de Korchak.
Jorge de León ("Il Trovatore"): 16 votos
Dmitri Korchak ("Don Giovanni"): 14 votos
Jorge de León (“Tosca”): 7 votos
Nikolai Schukoff (“Ariadne auf Naxos”): 6 votos
Jorge de León (“Le Cid”): 3 votos

Helga de Oro 2012 al mejor bajo/barítono: Liang Li

En este apartado el público ha tenido las cosas más claras desde el comienzo de las votaciones, que siempre ha encabezado el chino Liang Li con su notable Rey Marke de “Tristan und Isolde”. Un apoyo importante ha recibido también el excelente Comendador de “Don Giovanni” que nos brindó Alexánder Tsymbalyuk y que ha quedado segundo. Aquí tengo que reconocer mi sorpresa ante el escaso apoyo que ha obtenido Plácido Domingo con su Athanaël, ya que pensaba que sus admiradores le facilitarían un mayor número de votos, si no en cuanto barítono en sentido estricto, sí al menos por el poderío escénico y artístico que demostró.
Liang Li (“Tristan und Isolde”): 16 votos
Alexánder Tsymbalyuk (“Don Giovanni”): 13 votos
Plácido Domingo (“Thaïs”): 7 votos
Dmitri Beloselski ("Medea”): 6 votos
Dmitri Ulianov (“Iolanta”): 5 votos

 

Helga de Oro 2012 a la mejor soprano: María Agresta

El alto nivel de las sopranos finalistas hacía presagiar la dura pugna que efectivamente ha habido. En un primer momento pensé en haber incluido a Amber Wagner en la categoría de cantante revelación, ya que, si somos sinceros, la gran revelación para muchos de esta pasada temporada fue su sensacional Ariadne; no obstante al final decidí que, precisamente por esa calidad, merecía estar en la votación a mejor soprano, aunque ello supusiera tenérselas que ver, sobre todo, con otras dos grandes triunfadoras del pasado ejercicio operístico, como son Violeta Urmana por una “Medea” espectacular y María Agresta por la fantástica Leonora de “Il Trovatore”. Siendo esta última quien al final ha logrado el triunfo por tan sólo dos votos de diferencia respecto a Urmana, quedando Amber Wagner en tercera posición con un nada despreciable 27% de los votos.
Maria Agresta (“Il Trovatore”): 20 votos
Violeta Urmana (“Medea”): 18 votos
Amber Wagner (“Ariadne auf Naxos”): 14 votos
Malin Byström (“Thaïs”): 6 votos
Ludmila Monastirska (“Le Cid”): 2 votos

Helga de Oro 2012 a la mejor mezzosoprano: María José Montiel

Aquí las cosas también han estado claras desde el comienzo y la madrileña María José Montiel ha dominado la votación con autoridad gracias a su inolvidable trabajo como la Neris de “Medea”, reconocido unánimemente por público y crítica, y que reclama un mayor protagonismo de esta excelente cantante en nuestros principales teatros. También se ha valorado por los votantes la soberbia Brangäne de Ekaterina Gubanova que ha quedado en segunda posición y que ha sido otra de las mejores voces de las que se ha podido disfrutar este año en Les Arts.
María José Montiel (“Medea”): 24 votos
Ekaterina Gubanova (“Tristan und Isolde”): 13 votos
Ekaterina Semenchuk (“Il Trovatore”): 4 votos
Cecelia Hall (“Ariadne auf Naxos”): 4 votos
María Luisa Corbacho (“La Vida Breve”): 2 votos

Helga de Oro 2012 al cantante revelación: Mario Cerdá

En esta categoría si que no ha existido la más mínima duda acerca de quién iba a ser el vencedor. Al poco de abrirse las votaciones se registró un aluvión de votos para el tenor Mario Cerdá que ha motivado que en este apartado se haya duplicado casi la participación respecto al resto de categorías. Independientemente de los motivos de esa lluvia repentina de votos, creo que es justo reconocer el trabajo que a lo largo de toda la temporada ha llevado a cabo Cerdá en papeles pequeños, pero donde siempre ha dejado entrever algunos detalles prometedores y muy interesantes. Aunque hayan quedado muy por detrás, deben valorarse también las prestaciones del resto de candidatos al premio, especialmente de Juan Jesús Rodríguez, que puede tener en poco más de un mes la posibilidad de confirmar las buenas sensaciones que dejó en “Il Trovatore” con ese “Rigoletto” que abrirá la temporada.
Mario Cerdá (“Dido y Eneas”): 52 votos
Juan Jesús Rodríguez (“Il Trovatore”): 15 votos
Serguéi Skorojodov (“Medea”): 12 votos
Paolo Bordogna (“La Cenerentola”): 10 votos
Helen Kearns (“Dido y Eneas”): 3 votos

Helga de Oro 2012 al mejor espectáculo de la temporada: “Thaïs”

Otra de las votaciones más reñidas ha sido la encargada de designar el mejor espectáculo de la temporada, donde ha existido un empate casi permanente entre “Medea” y “Thaïs” que al final se ha resuelto a favor de esta última por tan sólo dos votos de diferencia. Si se hubiese producido un empate y hubiese tenido que romper la igualdad con mi voto, la victoria hubiera ido a “Medea” que a mí, personalmente, fue la producción que me pareció más redonda de las que pasaron por Les Arts.
“Thaïs”: 20 votos
“Medea”: 18 votos
“Il Trovatore”: 10 votos
“Boris Godunov”: 8 votos
“Ariadne auf Naxos”: 3 votos

Helga Abucheadora 2012 a lo peor del año: Jonathan Miller

Desde que el pasado 27 de enero salí del estreno de “Don Giovanni”, estaba convencido de que Jonathan Miller se iba a llevar este premio, y eso que quedaba por pasar gente como Marco Vratogna, que ha quedado en un merecidísimo segundo puesto; pero la tomadura de pelo a precio de oro que nos vendió el señorito Miller debe quedar para las galerías de los horrores en Les Arts haciendo compañía a otras basuras míticas como la “Carmen” de Saura. En tercera posición ha quedado Sebastian Catana, un “meraviglioso cantante” según sus indignados seguidores que tanto criticaban su candidatura, pero que se ha llevado el 19% de los votos, y juro que no son míos.
Jonathan Miller (“Don Giovanni”): 21 votos
Marco Vratogna (“Tosca”): 16 votos
Sebastian Catana (“Il Trovatore”): 9 votos
Omer Meir Wellber (“Tosca”): 5 votos
Serena Malfi (“La Cenerentola”): 2 votos

Pues estos han sido los premios de este año. Espero que dentro de doce meses, más o menos, pueda volver a proponeros que participéis en una nueva elección, al menos sería señal de que nuestro Palau de les Arts ha aguantado hasta entonces con vida a los terremotos económicos y a la incompetencia y estupidez de nuestros gobernantes.

Para finalizar os dejo con un video en el que podemos ver al premiado Jorge de León afrontando la archifamosa cabaletta "Di quella pira" en una de las funciones de "Il Trovatore" que pudimos ver en Les Arts el pasado mes de junio:


video de LyricArt

martes, 27 de marzo de 2012

"THAÏS" (Jules Massenet) - Palau de les Arts - 25/03/12


El Palau de les Arts de Valencia ha decidido homenajear el centenario de la muerte del compositor francés Jules Massenet con la programación de dos de sus óperas, “Thaïs” y “Le Cid”, que, si bien no son las más populares, sí reúnen suficientes alicientes para que resulten unas citas de gran interés.

El domingo tuvo lugar el estreno de la primera de ellas, “Thaïs”, un acontecimiento que había generado una enorme expectación debido sobre todo a la presencia en su reparto del incombustible Plácido Domingo, quien debutaba a los 71 años (declarados) en un nuevo papel que añadir a su carrera, en este caso el del monje Athanaël, un rol escrito para barítono y que el veterano cantante solventó con todas las tablas y el peculiar estilo que últimamente caracteriza sus incursiones en terrenos baritonales.

Lo primero que quisiera destacar es la desagradable sorpresa de encontrarme una sala con demasiados huecos, desde luego muchos más de los que un estreno en domingo con Domingo hacían presagiar, habiéndose quedado un buen número de entradas por vender. Este no es un dato que genere precisamente optimismo ante el incierto futuro del teatro valenciano. Y eso que pudo verse una amplia presencia de aficionados dominguistas, así como una nutrida representación de ese personal que se cree VIP, entre ellos varios miembros del gobierno valenciano con el vicepresidente Císcar al frente, y la corte de pelotas habitual. Llamaron la atención dos ausencias, la del President Fabra y la de la todavía Intendente de Les Arts, Helga Schmidt, que, si bien se encontraba por allí, evitó dejarse ver con la corte de los milagros.

La producción de la ópera de Göteborg presentada cuenta con la dirección escénica de Nicola Raab, escenografía y vestuario de Johan Engels e iluminación de Linus Fellbom. Se ha trasladado la acción de la Alejandría del libreto a la Francia de finales del siglo XIX, presentando a los monjes como miembros de una especie de logia masónica y a Thaïs como una estrella del espectáculo. La casa de Nicias es un teatro donde aparecen referencias a personajes del mundo teatral de distintas épocas. Finalmente, en el acto tercero aparece el desierto original descrito en el libreto, aunque sea con unos telones un poco cutres. La escenografía montada sobre una plataforma giratoria permite dar paso a los distintos ambientes de forma ágil y eficaz, aunque la maquinaria chirriaba un poco y el ruido a veces resultaba molesto.

La puesta en escena, aunque tampoco descubra nada nuevo, resulta visualmente muy atractiva y permite que el discurso dramático se desarrolle de forma coherente. Hay un trabajo de dirección, con algunos guiños simbólicos bastante evidentes, como el situar en el último cuadro a Thaïs y Athanaël en distintos planos para acentuar la espiritualidad alcanzada por ella y el nivel terrenal en el que ha caído él. Peores resultados se obtuvieron con la dirección de actores, no sé si por falta de ensayo o porque la obsesión de Domingo por rondar la concha del apuntador descontroló al personal.

Sí me pareció muy acertada la iluminación, y deslumbrante el vestuario, aun con su puntito kitsch, como esas unas túnicas doradas que seguro que hicieron babear de envidia en el patio de butacas a Rappel. Aunque, para premio, la lástima que da la pintica que luce Plácido Domingo, transmutado en una especie de Carlos Jesús. Pero, en definitiva, creo que, en su conjunto, la propuesta funciona bastante bien, resulta sugerente y, pese a la reubicación espacio-temporal, se adapta al espíritu de la obra.

El francés Patrick Fournillier fue el encargado de ocupar el foso de Les Arts, colocándose una vez más al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana dirigiendo una ópera francesa, como ya hiciera anteriormente en otras tres ocasiones. Llevó a cabo una dirección solvente, enérgica, vivaz y muy ajustada en estilo. Estuvo siempre atento a lo que ocurría sobre el escenario marcando las entradas con precisión, y puso intencionado énfasis en los pasajes más líricos, aunque personalmente eché de menos una mayor sensualidad y capacidad para el matiz. Consiguió que brillase como merece la inspiradísima orquestación de Massenet, pero con un desaforado desparrame decibélico que acabó, en mi opinión, por deslucir el conjunto. De este hombre siempre tengo que acabar diciendo lo mismo, pero es que el tío no escarmienta. Como me decía un amigo, Fournillier se ve con un Ferrari en sus manos y no resiste la tentación de darle caña. De todas formas yo sigo convencido de que tiene algún problema auditivo y creo que definitivamente le voy a dar el teléfono de Imanol Arias para que le mande al instituto ese de la sordera que anuncia.

La Orquesta de la Comunitat Valenciana volvió a llevar a cabo una actuación magnífica. Maravillosa resultó la lectura y ejecución del fragmento más conocido de esta ópera, que curiosamente no es vocal sino un solo de violín, la archifamosa “Meditación”, donde pudo lucirse el concertino Stefan Eperjesi, muy bien acompañado por el sensual sonido del arpa de Cristina Montes. Toda la sección de cuerda estuvo fantástica, con unos cellos donde destacaron un par de solos magistrales de Rafal Jezierski.

Muy bien, como siempre, el Coro de la Generalitat, sobre todo en la intervención del masculino en el primer acto. Me llamó la atención que en los saludos finales no estuviese presente su director Francesc Perales, sino el director asistente Jordi Bernàcer.

El principal interés de la noche, como dije antes, se centraba en escuchar al mítico Plácido Domingo. A esta cita habían acudido quienes rinden devoción a su figura y se desplazan decididos a aplaudirle aunque cante “La gallina Turuleta” con carraspera; luego estamos los que ya, más o menos, sabemos lo que nos vamos a encontrar, o sea, un tenor mayor cantando en una tesitura que no es la suya, pero con una fuerza escénica imponente; y, por último, quienes conocen por grabaciones su carrera como tenor, no han tenido ocasión de escucharle nunca en directo y aprovechan la oportunidad para hacerlo. Y, sinceramente, pienso que éstos saldrían defraudados.

Quienes me conocen saben que siempre he admirado a Plácido Domingo, más en unos papeles que en otros, obviamente, y me merece un enorme respeto, pero no puedo engañarme a mí mismo diciendo que me gustó, porque no me gustó. Ya no me refiero sólo a que estuviese fuera de estilo o que su voz no sonase baritonal, porque eso ya me lo esperaba. Su Boccanegra, por ejemplo, era SU Boccanegra, atenorado, pero con la fuerza vocal y dramática del cantante Domingo palpitando. Pero en esta ocasión su voz me pareció más opaca e inestable que nunca, y él me transmitió una sensación de no estar cómodo en escena. Posiblemente no tuviese bien aprendido el papel porque no dejaba de acercarse al apuntador, para desconcierto de sus acompañantes, y cambió el texto más de una vez, aparte de mutar las e finales en i y otros truquillos de avezado tahúr.

El problema principal es que su voz donde brilla realmente no es en la tesitura baritonal y si a eso además le unimos el torrente sonoro Fournillier, pues el poco lucimiento estaba asegurado. Eso sí, en cuanto pisaba terrenos más tenoriles se percibían los ecos del gran Domingo. Sorprendentemente hizo gala de buen control del fiato, mejor que en ocasiones anteriores, y, por supuesto, su presencia y carisma escénico y su entrega siguen siendo irreprochables. Y si consideramos su edad y recientes achaques de salud, el tema es de Expediente X. Por eso, pese a salir íntimamente un poco defraudado, no dudé en aplaudir a este señor por su coraje en seguir subiéndose a los escenarios y su amor por la música.

La guapa soprano sueca Malin Byström, tiene una voz francamente bonita, especialmente en su registro central, rica en armónicos, con suficiente volumen, y unos tintes oscuros muy atractivos. En la zona aguda, donde le cuesta más llegar, pierde algo de brillo y en algún momento rozó el chillido. En la vertiente expresiva se desenvolvió con solvencia, tanto en lo dramático como en lo vocal, teniendo algunos detalles de buen gusto, regulando e intentando algunos pianísimos que, aunque no sonaran con la limpieza deseada, son muy de agradecer. En su actuación fue de menos a más y obtuvo un merecido éxito.

El joven tenor siciliano Paolo Fanale, como Nicias, hizo gala de una bella voz y buen fraseo, aunque presentó serios problemas de proyección agravados por la muralla china que había plantado en el foso Fournillier. Personalmente me quedé con ganas de haber escuchado en el papel a Celso Albelo.

Muy correcto todo el resto del reparto, destacando un Gianluca Buratto de voz imponente, María José Suárez como Albine, y la veterana mezzosoprano valenciana Marina Rodríguez Cusí en un papelito insignificante.

Como comentaba al principio, se encontraban muchos dominguistas presentes entre un público que tributó, puesto en pie, una de las más largas y fuertes ovaciones que se han escuchado en este teatro, quiero pensar que más dirigida a la carrera de Domingo y a su carisma personal que al rendimiento concreto en este estreno. Desgraciadamente, volvieron a estar demasiado presentes los tísicos de abono, estos personajes a los que parece que algún sádico doctor les recomiende ir a la ópera a echar sus miasmas, concursando por ver quién consigue mayor alarde sonoro.

Ayer además tuve la ocasión de descubrir a un nuevo fenómeno, el bostezador de Minnesota, un sujeto humanoide que se pasó toda la ópera bostezando (con ruido) tras mis apéndices auditivos, batiendo sin duda algún récord mundial. Lo curioso es que el tío tuvo la jeta a la salida de comentar a su compañero de butaca, previo bostezo, lo mucho que le había gustado. Eso sí, doy fe de que no se durmió… lamentablemente.

Aquí podéis leer la estupenda crónica de Maac.

Aquí la de Titus
Y aquí la de Mocho


Para finalizar, os dejo con la “Meditación” de “Thaïs” en la interpretación de Anne Sophie Mutter, con 13 añitos de edad y una pinta lamentable, acompañada por la Filarmónica de Berlín y dirigida por Herbert von Karajan:


video de theviolinchannel

Actualización a 31/03/12:

Después de haber asistido a la función de "Thaïs" del sábado 31 de marzo, creo que es de justicia que efectúe algunas puntualizaciones a la crónica del estreno. Y es que, para empezar, debo manifestar que la dirección de Fournillier fue magnífica. A diferencia de lo ocurrido en la primera representación, el director francés controló perfectamente el volumen de la orquesta y nos ofreció una versión ajustada y bellísima de la partitura, llena de matices, en una de las noches más inspiradas de Fournillier en este teatro.

Por otro lado, Plácido Domingo fue el gran cantante y animal escénico que todos esperábamos. Su voz se mostró fresca y brillante, dentro de sus limitaciones en la tesitura, y se le vio mucho más cómodo en el papel, llenando la sala de emoción con su saber hacer.

Una gran noche de ópera en la que se pudo disfrutar de una producción, un elenco y una dirección musical extraordinarias y que animo a todos a no perderse.