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jueves, 19 de noviembre de 2009

LAUREN BACALL. Oscar honorífico


El pasado mes de enero dediqué una de las primeras entradas de este blog a mi admirada Betty Joan Perske, conocida artísticamente como Lauren Bacall, y decía al finalizar: “Sería deseable que, antes de que esta gran Dama del Cine, que ya ha cumplido los 84 años, nos deje para siempre, recibiese en vida el merecido homenaje que se le debe por sus compañeros de profesión”.

Pues bien, el pasado sábado 14 de noviembre le fue entregado a Lauren Bacall el Oscar honorífico a toda su carrera, en esa nueva modalidad llamada Governors Awards, en una ceremonia celebrada en el Hollywood & Highland Center de Los Ángeles.

Junto a ella fueron también premiados otros dos nombres importantísimos de la industria cinematográfica, que merecerían post aparte, como son el productor y director Roger Corman y el director de fotografía Gordon Willis.

Es de agradecer que, finalmente, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood se haya decidido a ofrecer un reconocimiento público a esta estupenda actriz. Eso sí, el premio llega tarde y mal.

En lugar de realizar la entrega dentro de la Gala anual, que tendrá lugar esta vez el domingo 7 de marzo de 2010 en el Teatro Kodak de Los Ángeles, en lo que siempre suele ser uno de los momentos más emotivos de la noche y que es contemplado en directo por millones de personas, en esta ocasión se ha llevado a cabo en una ceremonia no televisada, casi a escondidas, con la presencia de compañeros y amigos, pero que más parecía una cena de jubilación con regalo de reloj de oro, anécdotas laborales y corbata atada a la frente, que la entrega de un Oscar de Hollywood a toda una leyenda del cine en reconocimiento a su intachable carrera.

Es verdad que casi ninguno (Woody Allen, George C. Scott, Marlon Brando…) de los que se dedican a este mundo le hace ascos al dorado hombrecillo, pero todos sabemos que los premios Oscar son ya más un símbolo y un elemento publicitario que un auténtico indicador de los trabajos más valiosos del año. Siempre es difícil, si no imposible, determinar quién lo ha hecho mejor que ninguno, valorando trabajos muy distintos, con la presión de las distribuidoras para publicitar sus filmes y con otras muchas guerras internas y oscuras razones que mueven este negocio.

Históricamente se han cometido vergonzosas injusticias que luego el tiempo ha puesto en su sitio, y que vistas ahora, en la distancia, sólo provocan la risa. Hay cientos donde elegir, pero baste recordar que “Rocky” le ganó el Oscar a la mejor película a “Taxi Driver”, “Ordinary People” (Gente Corriente) a “Raging Bull” (Toro Salvaje), “Kramer vs. Kramer” a “Apocalypse Now”, o “El mayor espectáculo del mundo” a “The Quiet Man” (El hombre tranquilo).

Pero si algún Oscar tiene sentido es, precisamente, el que se otorga a veteranos profesionales como reconocimiento a toda una carrera, sobre todo en aquellos casos en que no han sido premiados anteriormente por ningún trabajo en concreto. Ya no se trata de decir quién lo ha hecho mejor, sino de agradecer su colaboración a la industria del cine a aquellas personas que han dedicado su vida al noble arte de hacer películas. Por eso, sacar este momento de la Gala principal me parece un insulto que no tiene justificación.

Ahora bien, ellos se lo pierden. En este caso hubiese sido Lauren Bacall quien hubiera dado prestigio a la Gala de la Academia, no al revés.

Bien visto, lo mejor que puede hacer ese día la Bacall es verlo desde casa y reírse de esos colegas mediocres que hoy van de grandes actores y no son más que bolas de botox cacareantes.

Y a la Academia que le den, Betty. Si quieren algo más, ya sabes, que silben, que silben…


video de zegoar

sábado, 24 de enero de 2009

LAUREN BACALL, LA GRAN DAMA DEL CINE

Hoy he decidido dedicar esta entrada a uno de mis grandes mitos de juventud, Lauren Bacall. Mientras mis compañeros de clase adornaban las paredes de su cuarto con posters de explosivas actrices o cantantes, generalmente ligeras de ropa, yo siempre tuve mi habitación cubierta de fotografías en blanco y negro de esta delgada y sofisticada mujer que me cautivó con su mirada, su sonrisa y su voz aguardentosa desde que la vi en la filmoteca, una tarde de verano ya bastante lejana, protagonizando To Have and Have Not (Tener y no tener).

Otra tarde de verano, unos cuantos años después, al girar una esquina en Londres, pude ver en la marquesina de un teatro del West End que la Bacall actuaba en “Sweet bird of youth” (Dulce pájaro de juventud) de Tennessee Williams, así que acudí inmediatamente a comprar una entrada, pese a que mi inglés no iba más allá de hello, thank you y my tailor is rich. No entendí nada del dramón que se desarrollaba en escena, pero la sensación de estar en ese recinto a pocos metros de la mujer que me había estado mirando en mi habitación toda mi adolescencia, fue algo realmente emocionante para un mitómano como yo.

Lauren Bacall (Betty Joan Perske) nació en Nueva York en 1924. Tras estudiar arte dramático en su ciudad natal y trabajar como modelo, apareció en la portada de la reputada revista Harper’s Bazaar, donde impresionó a la esposa del productor y director Howard Hawks, quien convenció a éste para que le diese un papel en la película que estaba preparando sobre una novela de Hemingway con guión de Faulkner, “To Have and Have Not”.
Nada más ponerse Betty delante de la cámara, Hawks supo que aquella jovencita, de apenas 19 años, iba a llenar la pantalla con su voz profunda y esa hipnotizante mirada que luego se haría famosa (fue conocida como “The Look”), la cual, como ella misma cuenta en su biografía, estuvo originada por el temblor de cabeza que le producía el nerviosismo del rodaje y que decidió combatir apoyando la barbilla contra el pecho y alzando los ojos.

Quien quedó aun más impresionado que Hawks con la neoyorquina fue el protagonista masculino, Humphrey Bogart, iniciándose un apasionado romance entre ambos que culminaría con la separación de Bogart de su tercera esposa, Mayo Methot, y la boda con Bacall en 1945.


En esos años Lauren Bacall sería la auténtica reina del cine negro participando en auténticas obras maestras del género como The Big Sleep (El sueño eterno), Key Largo (Cayo Largo) o Dark Pasagge (La senda tenebrosa), todas ellas junto a Bogart.

En la vida real, el matrimonio Bacall-Bogart protagonizó la resistencia a la “caza de brujas” lanzada por el senador McCarthy a principios de los 50, con sus denuncias falsas y listas negras en las que se acusaba de comunista a cualquiera que no aceptara sus prácticas paranoico-fascistas. Ambos encabezaron la marcha de 28 famosos a Washington para protestar ante el Congreso por la privación a los ciudadanos “de los derechos sobre sus ideales o creencias”.

A raíz de su interpretación en How to Marry a Millionaire (Cómo casarse con un millonario) en 1953, Lauren Bacall demostró desenvolverse también en la comedia con una frescura extraordinaria, lo que le condujo a protagonizar otros sensacionales films como Designing Woman (Mi desconfiada esposa), mostrando además una tremenda elegancia y sofisticada belleza inteligente que marcaron el inicio de un nuevo modelo de mujer, muy distante de las voluptuosas curvas que imperaban en la industria.

Bogart falleció en 1957, retirándose ella de las pantallas en 1959 para centrar su escasa actividad en obras teatrales, hasta 1964, cuando regresó con una espléndida interpretación en Sex and the single girl (La Pícara Soltera) de Richard Quine, en la que volvió a derrochar sus excepcionales dotes para la comedia en esta divertidísima película que protagonizó junto a Henry Fonda, Tony Curtis, Mel Ferrer y Natalie Wood.
En 1966 volvió a abandonar el cine, no regresando hasta 1974, con el maestro Sydney Lumet, en Murder on the Orient Express (Asesinato en el Orient Express).

En 1997 fue nominada al Oscar, por primera y única vez, como mejor actriz de reparto por la prescindible película The Mirror has two faces (El amor tiene dos caras), de la cual lo único realmente digno de recordar fue la interpretación de Bacall, yendo a parar finalmente el premio, para frustración de muchos entre los que me incluyo, a manos de la francesa Juliette Binoche por The English Patient" (El Paciente Inglés).

Sería deseable que, antes de que esta gran Dama del Cine, que ya ha cumplido los 84 años, nos deje para siempre, recibiese en vida el merecido homenaje que se le debe por sus compañeros de profesión. Ese oficio de actor que ella supo como nadie dotar de seriedad, elegancia y glamour, al tiempo que se ha preocupado de dignificarlo por encima de cualquier interés político o económico. Muchas Lauren Bacall y muchos Paul Newman se necesitan para regenerar una industria tan falta últimamente de humanidad y profesionalidad.

video de giulianadp