jueves, 18 de octubre de 2018

"TURANDOT" (Giacomo Puccini) - Palau de les Arts - 17/10/18


Tras una espera que siempre se hace demasiado larga, ayer dio comienzo la pretemporada operística en el Palau de les Arts con el estreno de Turandot. Bueno, lo de estreno es un decir, ya que es la cuarta vez que se repone en el teatro valenciano esta producción que se ha convertido en nuestro particular Verano Azul.

Con estas funciones de pretemporada se reanuda la actividad operística tras el parón veraniego, aunque todavía tendremos que aguardar hasta el 1 de diciembre para que dé oficialmente inicio la temporada valenciana 2018-2019. Una temporada de transición entre la última medio programada por el dimisionario Davide Livermore y la primera que corra a cargo de Jesús Iglesias Noriega, el recientemente nombrado nuevo director artístico de Les Arts que se espera que se incorpore oficialmente a su despacho en el edificio de Calatravaa partir del mes de enero.

No obstante, supongo que ya se estará trabajando en el diseño de esa temporada 2019-2020 que debería anunciarse la próxima primavera y que, por una cuestión obvia de tiempo, presumo que tampoco podrá responder del todo a los planes del señor Iglesias. Sí que estaría bien que, lo antes posible, el nuevo director artístico o quienes le han seleccionado, ofrecieran al menos algún apunte de cuáles pueden ser las líneas básicas, previsiones y objetivos del proyecto vencedor de Iglesias Noriega para Les Arts. Y esto no lo pido como espectador, que también, sino sobre todo de cara al exterior para transmitir que se cuenta con un proyecto serio de futuro, dando cierta imagen de estabilidad tras los avatares sufridos en los últimos años.

Como ya he comentado en ocasiones anteriores, me parece una estupenda idea que se aproveche la pretemporada para la reposición de títulos populares a precios irrisorios como forma de atracción de nuevos públicos. Dicho eso, me planteo si no hay otras muchas producciones que puedan servir a tal fin sin necesidad de repetir ¡¡por cuarta vez!! esta Turandot. Es innegable que el éxito de taquilla está garantizado y se ha vendido todo el papel, pero creo que se puede lograr el mismo resultado con otras obras sin someter a los espectadores más veteranos a este permanente efecto pepino repetitivo.

Además, apostar por la cuarta reposición de esta producción cuenta con el riesgo añadido de que para los espectadores con mayor recorrido y memoria es imposible desligar esta Turandot en lo musical del recuerdo de la genialidad desplegada por la dirección de Lorin Maazel en 2009; y en lo sentimental, algunos siempre la tendremos asociada a la entrañable despedida de Zubin Mehta en 2014 con abucheo incluido a la ex consellera Catalá.

De la puesta en escena del director de cine chino Chen Kaige, de cuya reposición se ha encargado Allex Aguilera, poco tengo que comentar. Siempre he dicho y sigo manteniendo que visualmente tiene un poderío innegable, con la impactante escenografía de Liu King y el llamativo vestuario de Chen Tong Xun. Ya nos la sabemos de memoria y me reitero en lo ya comentado anteriormente en este blog con motivo de su última reposición y que reproduzco literalmente a continuación sin que la nueva puesta en escena me motive a cambiar nada:

“Es una propuesta que agrada especialmente a los amantes de las versiones tradicionales y estéticamente vistosas. Tiene su punto kitsch y basa toda su fuerza en el poder visual del colorido vestuario y en una escenografía de corte muy clásico. En el apartado de dirección de actores los estrechos espacios no dan mucho juego al coro y tampoco es un terreno en el que se haya hecho algo especialmente relevante, salvo en los personajes de PingPang y Pong, en los que sí se ha cuidado la actuación dramática y pienso que con éxito. También me resulta atractiva su escena inicial del segundo acto. En lo peor, siguen estando las absurdas banderitas del coro, el estilete del verdugo danzarín y sobre todo ese personaje de Altoum convertido en un idiota ebrio y con Parkinson”.

Decía antes que uno de los grandes riesgos de presentar de nuevo esta producción es que algunos nos acordemos de las maravillosas genialidades que hizo Maazel en el foso en 2009, y añado ahora que también de la brillantez obtenida de la orquesta por Zubin Mehta. Y si Galduf hubiese dirigido alguna de las pasadas Turandot, seguramente también le echaríamos de menos, y es que el debut en Les Arts del jovencísimo director británico Alpesh Chauhan al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, ha sido más que decepcionante.

Declaraba recientemente Chauhan que su versión iba a ser una Turandot muy rápida para intentar sacar todos los colores de la partitura. Pues bien, los únicos colores obtenidos fueron el rojo del rubor en mis mofletes por la vergüenza ajena sentida y el gris de una lectura plana, burda y desmanotada; y en cuanto a la velocidad anunciada, sólo fue tal a ratos. Empezó la obra imprimiendo un ritmo acelerado bastante absurdo que lo único que lograba era descontrolar el conjunto. No fueron pocos durante la noche los momentos de desfase entre foso y escena. Pero de repente intercalaba otros instantes donde imponía una lentitud exagerada, y, claro, si no tienes la genialidad de Maazel y sabes estirar la tensión al límite sin perder la brillantez, el conjunto se desploma y el bostezo se impone. Propuesta aburrida, lineal, falta de refinamiento y sin el más mínimo matiz, con un volumen por momentos insoportable, lo más opuesto a esa búsqueda de colores que declaraba que pretendía conseguir. No entiendo de quién ha sido la idea de que nos tengamos que chupar a este director porque, oído lo oído, creo que habrá, sólo en el barrio de Monteolivete, no menos de 30 seres humanos que harían mejor papel. Pese a todo se aplaude la actuación profesional de los músicos de la orquesta, con momentos solistas brillantes de clarinete, oboe, violines o chelos.

Cuando llegaron las vacaciones operísticas en Les Arts nos quedamos con la preocupación de la situación sufrida por el Cor de la Generalitat que les llevó a anunciar la posibilidad de convocar huelga y acciones de protesta para estas funciones de Turandot si la administración autonómica no daba pasos adelante hacia la solución satisfactoria de la problemática que viven los miembros de la agrupación. Finalmente no ha habido paros ni comentarios al respecto, lo cual hace pensar que ambas partes en conflicto siguen dando una oportunidad a la negociación. Ojalá todo vaya por buen camino y se solucione de la única forma justa y digna posible que no es otra que atender las legítimas peticiones del Cor. Ayer, otra vez más, la agrupación dirigida por Francesc Perales fue con mucha diferencia lo mejor de  la velada. Mostraron contundencia y poderío vocal pese a que no esté el coro todo lo reforzado que requeriría. Supongo que habrá quien diga que abusaron de volumen, pero ayer o se abusaba de volumen o Chauhan te arrollaba. Magnífica fue como siempre su prestación escénica aunque se tengan que mover en escena bien apretaícos; y de nuevo alcanzaron la excelencia en momentos delicadísimos como Perchè tarda la luna?o el “Liù bontà” con una belleza superior a la que la dirección orquestal parecía marcar. También merecen la felicitación por su rendimiento los niños de la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats.

En años anteriores las funciones de la pretemporada valenciana se han caracterizado por ofrecer producciones propias de Les Arts, generalmente reposiciones, a precios muy económicos y con voces jóvenes; pero esta vez se ha optado por incluir en el reparto, en los dos papeles protagonistas, a dos cantantes ya consagrados que han interpretado el rol en los principales recintos internacionales, como son Jennifer Wilson y Marco Berti; aunque sin previo aviso ni explicación alguna y cuando ya estaba todo el papel vendido, se ha anunciado un segundo reparto para la función del día 26 con la soprano italiana Teresa Romano y el tenor francés Amadi Lagha en los papeles de Turandot y Calaf. No conozco a ninguno de los dos, pero visto y escuchado ayer el cast titular, me parece a mí que quienes tienen entradas para el 26 habrán salido ganando.

El papel protagonista de la princesa de hielo en el estreno ha recaído en la norteamericana Jennifer Wilson, una soprano bien conocida en Les Arts por sus participaciones como Brünnhilde, Isolde o la Leonora de Fidelio. Yo reconozco que le tengo a esta cantante un cariño muy especial y jamás podré desligarla de lo que me hizo disfrutar en aquellos Anillos. Recuerdo las discusiones que teníamos entonces a la salida y en las cenas posteriores los amigos en torno a su Brünnhilde, posicionándome yo siempre claramente entre sus fervientes defensores. Nunca podré olvidar el impacto que me produjo la primera vez que la escuché, en su primer Siegfried, y cómo me estremecieron aquellos agudos luminosos, potentes y colocados como estiletes. Ha pasado ya tiempo de aquello… Demasiado…

Algunos de los que criticaron entonces a Wilson hablaban de su excesiva frialdad, una frialdad que al papel de Turandot no le va nada mal en el segundo acto, pero ayer hubo otros muchos  problemas. No voy a hacer leña de la Wilson, así que los que esperen que me ensañe quedarán defraudados, pero tampoco voy a mentir. Salí muy triste de la sala. Me apenó enormemente ver a una querida cantante en un estado vocal muy preocupante. Yo pensé si estaría enferma, pero alguien que la conoce bien me dijo que no, que lleva tiempo así. Su línea de canto es inexistente, desigualdad entre registros, zonas central y grave desgastadas, problemas respiratorios, una línea expresiva  sin que se apreciase ninguna evolución en el personaje. Los agudos están lejísimos de los de antaño, se ha perdido brillo y metal y el recurso del chillido y el portamentoestán presentes. Una lástima y una decepción, pero que no justifica en modo alguno los abucheos aislados que se escucharon en los saludos finales. El abucheo a un cantante yo sólo lo justifico al caradura, al que pretende engañar. Si un cantante por los motivos que sean no da más de sí, a quien hay que criticar es a quien le contrata sabiéndolo.

Otro viejo conocido de Les Arts fue el elegido para asumir el papel de Calaf. El tenor italiano Marco Bertique ya protagonizó el rol en los años 2008 y 2009. Poco a mejor ha evolucionado Berti vocalmente (físicamente, a diferencia de la Wilson, parece haber adelgazado como media arroba). Hay aspectos que son incuestionables, como que todas las notas escritas en la partitura son emitidas con facilidad cuando se mueve en el registro agudo; o que frente a otros tenores de emisiones y dicciones más extrañas, Berti al menos transmite cierta “italianità”. Pero tampoco admite discusión su abuso del portamento, su fraseo estentóreo de pregonero, plano, monótono e inane y la nula capacidad de transmitir con su canto al menos una chispa de emoción que nos traslade la intensidad del drama en lugar de parecer que está cantando los números del bingo. Escénicamente tampoco ha mejorado demasiado y su tradicional estatismo de click de Famobil apenas llega ahora a Madelman. La voz arriba llega a brillar, pero en el centro y grave se abre y afea enormemente. Su gran momento del Nessun Dorma pasó sin pena ni gloria, dirigido a velocidad de película de Charlot por Chauhan parecía que nos habíamos equivocado en las revoluciones del pickup; Berti caló además algunas notas en la zona media-baja y acabó con un agudo cortísimo muy decepcionante, y como el director no hizo paradinha, se fue sin aplausos.

El papel siempre agradecido de Liú, salvo cuando lo canta la Voulgaridou (que Nuestro Señor mantenga lejos muchos años), recayó en la joven soprano donostiarra, ex alumna del Centre de Perfeccionament, Miren Urbieta-Vega. Como digo, este es un rol agradecido en el que el aplauso final está garantizado. Es el personaje bueno por excelencia de la obra y tiene unos pasajes bellísimos no especialmente comprometidos, pero en los que es preciso derrochar sensibilidad, matizar, ligar, saber frasear y acabar de enganchar con el público. No se trata de buscar el imposible de la nueva Caballé, pero tampoco admitir el encefalograma plano de Voulgaridou. Urbieta-Vega superó la prueba y mostró ayer una voz de bonito color con detalles de buen gusto, con algunas frases muy bien ligadas e intentando apianar y recoger la voz. Al final, como era de esperar en una Liú, obtuvo un triunfo arrollador que creo fue merecido.

Otro ex alumno del Centre de Perfeccionament, el bajo italiano Abramo Rosalen, fue el encargado de interpretar a Timur. Estuvo correcto, aunque le falta peso a su voz y fue imposible no acordarse de la rotundidad que imprimía aquí el ruso Alexánder Tsymbalyuk. Lo que sí fue rotundo fue el mamporrazo que se pegó nada más salir a escena, cuando según el libreto ha de caer al suelo, pero tanto ímpetu le puso que a poco más se desnuca.

Muy acertados en la vertiente actoral, correctos en lo vocal y logrando el favor del público estuvieron los ministros Ping, Pang y Pong, interpretados por Damián del CastilloValentino Buzza y Pablo García López. Bastante bien.

De nuevo el papel de Altoum recayó en el tenor ilicitano Javier Agulló que sufrió otra vez una dirección escénica que convierte su personaje en un pelele y hace su voz casi inaudible cantando desde el fondo del escenario. Bastante peor el Mandarinodel alumno del Centre de Perfeccionament César Méndez con el que seré benévolo y me limitaré a calificarle de irrelevante.

Estupendas, por el contrario, estuvieron como Doncellas las cantantes del Cor de la Generalitat Carmen Avivar y Mónica Bueno.

Hubo otros intérpretes inesperados que no aparecieron anunciados en los programas de mano: los pajaritos que se colaron en la sala, vaya usted a saber cómo, y que acompañaron con sus trinos todo el tercer acto. Cuando se comenzaron a escuchar pensé que era una grabación que pretendía ambientar el momento o un móvil, pero al poco ya nos percatamos todos de que aquello no eran efectos especiales. En todos los años que llevo yendo a Les Arts no recuerdo que nunca se haya producido una invasión avícola de la sala.

El teatro anoche presentaba un aspecto inmejorable, completamente lleno y, como suele ser habitual en funciones de pretemporada, con bastante público joven. No pude fijarme demasiado en quienes ocupaban el palco aunque sí vi una nutrida presencia de miembros del renovado Patronato, con su presidenta Susana Lloret al frente. No estuvo especialmente cálido el público, pero la frialdad de la dirección y de la pareja protagonista tampoco motivaba mucho más. Tan sólo interrumpieron los aplausos la representación al finalizar Liú el Signore ascolta y tras la escena de Ping, Pang y Pong que abre el segundo acto. Al terminar la función hubo generosos aplausos para todos, a excepción de esos abucheos aislados a la Wilson que ya he comentado. Las mayores ovaciones fueron para el coro, Urbieta-Vega y la orquesta, y me pareció oír que el director Alpesh Chauhan recibía también alguna protesta. Los pajaritos, inexplicablemente, no saludaron.

Bueno, pues hasta aquí la primera crónica de la temporada. Espero que la cosa vaya mejorando cuando se inicie ya oficialmente el nuevo ejercicio operístico en diciembre. En cualquier caso el objetivo de la pretemporada está cumplido. Todo el aforo vendido y, pese a que los listillos más veteranos nos pongamos en plan exquisito, una muy buena receptividad por parte de la mayoría del público que parecía salir contento y con ganas de más. ¿Qué queréis que os diga? También hay a quien le va la disciplina inglesa…

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ACTUALIZACIÓN A 19/10/18: El Palau de les Arts ha anunciado hoy oficialmente que Jennifer Wilson cancela por baja médica el resto de funciones de Turandot que tenía previsto cantar. La italiana Teresa Romano que estaba anunciada para la representación del día 26 de octubre, asumirá además las de los días 23 y 28; mientras que será la soprano eslovena Rebeka Lokar quien lo haga los días 20 y 31.

Se insiste desde Les Arts en que la causa de la cancelación de Wilson es una baja médica. Mientras tanto, la soprano norteamericana se ha limitado a publicar en su perfil de facebook lo siguiente:

I will never forget my brief run as Turandot here in Valencia. At both the general probe and the premiere, I gave performances on a par with my best of my 80-plus Turandot shows around the globe. I greatly appreciate the thunderous ovations I received at the packed-to-the-rafters General and (with four or five noisy exceptions) at the premiere. Toi Toi Toi to my wonderful colleagues for the remainder of the run!

domingo, 23 de septiembre de 2018

PREMIOS HELGA DE ORO 2018. LOS GANADORES


Los seguidores de este blog se han vuelto a pronunciar y ya tenemos ganadores de los Helga de Oro 2018. Ante todo, os agradezco a todos los que habéis participado en esta tontería que os hayáis tomado la molestia de dejar vuestro voto. Este año, además, la participación ha sido la mayor desde que inicié estas votaciones allá por 2009 y más de 100 personas se han manifestado. Como digo siempre, el único objetivo de los premios es, dentro de la modestia de lo que no es más que un blog personal, ofrecer un retrato, más o menos fiable, de cuál es la opinión del público de Les Arts respecto a los espectáculos que se ofrecieron la pasada temporada.

Atendiendo al resultado de la votación parece bastante claro que la producción más exitosa de las que pasaron por Les Arts la temporada 2017/2018 fue Peter Grimes, que además del premio al mejor espectáculo, se ha llevado también los correspondientes a mejor dirección escénica, mejor dirección musical y mejor tenor. La Damnation de Faust ha obtenido dos galardones, los de mejor bajo/barítono y mejor mezzosoprano; e Il Corsaro se lleva el de mejor soprano.

Los premiados de este año han sido:

Helga de Oro 2018 a la mejor dirección escénica: Willy Decker por Peter Grimes

La victoria en esta categoría del trabajo de Willy Decker ha sido incontestable y pienso que es la justa ganadora, aunque, personalmente, considere que la labor de Damiano Michieletto en La Damnation de Faust merecía también un especial reconocimiento pese a que hubiese una parte del público que no acabara de entender la propuesta y rechazase frontalmente la peculiar visión que ofreció de la obra de Berlioz. En cualquier caso, pienso que, más allá de que se contacte mejor o peor con el público, ambas producciones son ejemplo de la inteligencia creativa y la calidad que a muchos nos gustaría que fuese el referente de las direcciones escénicas que se ofreciesen en Les Arts. Más atrás ha quedado el trabajo de Marco Arturo Marelli para Don Carlo.
Willy Decker (Peter Grimes): 45 votos
Damiano Michieletto (La Damnation de Faust): 27 votos
Marco Arturo Marelli (Don Carlo): 12 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor dirección musical: Christopher Franklin por Peter Grimes

Confieso que cuando abrí las votaciones en el apartado de mejor director musical no tenía la más mínima idea de por dónde pudieran ir las preferencias de los votantes este año. Finalmente me he encontrado con una pugna muy reñida entre los dos primeros clasificados que, francamente, no me esperaba. La victoria ha recaído en el norteamericano Christopher Franklin por su trabajo en Peter Grimes. Al haber asistido a todas las funciones de la ópera de Britten puedo decir que desde el estreno a la última representación fue mejorando progresivamente la labor de dirección de Franklin y los resultados finales fueron realmente satisfactorios. En segunda posición ha quedado Ramón Tebar por su Don Carlo, siendo el candidato al que ha ido mi voto, habiendo llevado a cabo un trabajo que considero muy relevante, pese a que quedase enmascarado en una producción muy irregular. También me ha sorprendido que Roberto Abbado haya quedado tan alejado de los otros dos nominados.   
Christopher Franklin (Peter Grimes): 34 votos
Ramón Tebar (Don Carlo): 31  votos
Roberto Abbado (La Damnation de Faust): 19 votos

Helga de Oro 2018 al mejor tenor: Gregory Kunde (Peter Grimes)

Otra categoría en la que ha existido una sorprendente igualdad ha sido la de mejor tenor. Cuando comenzaron las votaciones, el finalmente ganador Gregory Kunde estuvo bastante tiempo con más del 90% de los votos recibidos, pero repentinamente comenzó a registrarse una explosión de votos dirigidos a Celso Albelo, la mayor parte de las veces sin que el votante se pronunciase más que en la categoría de tenor, llegando a igualar a Kunde y manteniendo la pelea hasta el último momento. A partir de este hecho fue cuando cambié la configuración de la encuesta, obligando a acceder iniciando sesión de Google, para evitar que una sola persona fuera la responsable de una avalancha de votos. Sin apenas reconocimiento ha quedado el buen trabajo de Michael Fabiano en Il Corsaro, pese a que yo pensaba que sería el gran oponente de Kunde.
Gregory Kunde: 53 votos
Celso Albelo: 45 votos
Michael Fabiano: 7 votos

Helga de Oro 2018 al mejor bajo/barítono: Rubén Amoretti (Méphistophélès en La Damnation de Faust)

Es innegable el impacto que causó en el público de Les Arts la actuación de Rubén Amoretti en La Damnation de Faust. A la salida de cada función, más allá de los comentarios sobre la rareza de la puesta en escena, las buenas voces o el maravilloso coro, quien concentraba una unánime admiración era el bajo burgalés por su increíble derroche de sabiduría escénica y conexión con la platea. Si analizamos académicamente su rendimiento vocal podríamos sacar más pegas, pero el conjunto de su labor fue sensacional y, finalmente, ha tenido chupada la victoria en esta categoría. En segundo lugar ha quedado el Felipe II de Alexánder Vinogradov y cerrando la clasificación el estadounidense Robert Bork, quien yo esperaba que quedase en mejor posición.
Rubén Amoretti: 42 votos
Alexánder Vinogradov: 26 votos
Robert Bork: 16 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor soprano: Kristina Mkhitaryan (Medora en Il Corsaro)

Si en las categorías de mejor director musical y mejor tenor ha existido una gran igualdad, en la de mejor soprano casi se ha rozado la foto finish y la victoria se ha resuelto por apenas dos votos. La norteamericana Leah Partridge, Ellen Orford en Peter Grimes, ha atraído las preferencias de un gran número de votantes y ha estado a punto de dar la sorpresa llevándose una victoria que finalmente ha ido a parar a mi indiscutible favorita, la soprano rusa Kristina Mkhitaryan, que, pese a la brevedad de su papel en Il Corsaro, dejó entrever una técnica y facultades que muy probablemente la conviertan en breve plazo en una cantante presente en los principales teatros del mundo. En tercera posición, aunque tampoco muy alejada de las dos primeras, ha quedado valorada la Toscade la armenia Lianna Haroutounian.
Kristina Mkhitaryan: 32 votos
Leah Partridge: 30 votos
Lianna Haroutounian: 20 votos

Helga de Oro 2018 a la mejor mezzosoprano: Silvia Tro (Marguerite  en La Damnation de Faust)

Y si hablaba de posible sorpresa en la categoría de mejor soprano, pienso que podría calificarse de sorpresa confirmada la victoria de la valenciana Silvia Tro, sin que ello suponga en modo alguno cuestionar sus méritos, que los hay y muchos, pues llevó a cabo una espléndida recreación de Marguerite en La Damnation de Faust; pero, sinceramente, el impacto causado por la rusa Margarita Gritskova, como Sesto en La clemenza di Tito, pensaba que conseguiría llevarse de calle la victoria en este apartado. Quizás el que menos personas viesen esa Clemenza, al tratarse de sólo dos funciones y en el infecto Auditori, haya condicionado algo la votación final. Mucho más atrás ha quedado Violeta Urmana que ante las dos competidoras lo tenía realmente complicado.
Silvia Tro: 40 votos
Margarita Gritskova: 31 votos
Violeta Urmana: 13 votos

Helga de Oro 2018 al mejor espectáculo de la temporada: Peter Grimes

La victoria más incontestable de todas es la de la ópera de Benjamin Britten Peter Grimescomo mejor espectáculo de la temporada, obteniendo más del 60% de los votos. Esto sí que no ha sido una sorpresa, pues esta veterana producción del Teatro de La Monnaie de Bruselas ahora adquirida por el Palau de les Arts, ha sido claramente el espectáculo más brillante y completo del año, uniéndose una magnífica dirección escénica ideada por Willy Decker, la eficaz dirección musical de Christopher Franklin, un Cor de la Generalitat superando todas las expectativas, auténticamente sublime, y un equipo vocal muy homogéneo y adecuado, destacando el carismático Grimesque compuso Gregory Kunde. Ojalá que esta victoria unánime haga reflexionar a los actuales gestores de Les Arts y se dé continuidad a la programación de óperas de Britten que, pese a que no tengan el tirón inicial de taquilla de los Verdi o Puccini, año tras año han acabado obteniendo el reconocimiento del público.
Peter Grimes: 53 votos
La Damnation de Faust: 24 votos
Don Carlo: 11 votos

Pues hasta aquí los premios del blog de este año. Como siempre repito, espero que dentro de doce meses podamos seguir premiando lo bueno que nos ofrezca el presente ejercicio operístico que se inicia el próximo día 17 de octubre con la Turandot que abrirá la pretemporada y de la que espero poder escribir aquí.

Gracias de nuevo a todos los que habéis participado. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

PREMIOS HELGA DE ORO 2018. LAS CANDIDATURAS


Tras el parón veraniego y antes de que se inicien las representaciones de las próximas pretemporada y temporada operística 2018/2019 en el Palau de les Arts, traigo como siempre a este blog los absurdos y ficticios premios Helga de Oro, con los que los lectores del blog, mediante votación, designan lo que más les ha gustado de entre lo que se ha visto y escuchado en Les Arts la temporada anterior.

Como digo siempre, yo soy el único responsable de que las tres candidaturas preseleccionadas en cada una de las diferentes categorías, sean las que son. Como Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como (con perdón). Sé que siempre se discute alguna presencia o ausencia, ya que sólo mi discutible criterio es el que ha motivado la selección, aunque creo que los/as mejores de todas las categorías sí están presentes.

La encuesta para que podáis votar y elegir a los premiados de la temporada 2017/2018, se encuentra al final de esta entrada y estará disponible hasta las 18:00 horas del próximo domingo 23 de septiembre. Podéis votar a todas o sólo a alguna de las categorías y, dentro de ellas, tan sólo a un candidato.

También, antes de que venga el típico listo a decirme que por qué se llaman Helga los premios o por qué no le cambio el nombre, dejo constancia de que les puse su denominación en 2009 aludiendo a la entonces directora artística y, total para la trascendencia que tienen, no me apetece andar cambiando nombres.

Bueno, pues este año los finalistas a los premios Helga de Oro 2018 son:

Mejor dirección escénica
En este apartado, a diferencia de años anteriores, creo que ha habido producciones realmente interesantes. La terna entre las que os tocará elegir está formada por: el trabajo del suizo Marco Arturo Marelli para la producción de la Deutsche Oper de Berlín del verdiano Don Carlo que abrió la temporada pasada y que fue objeto de una puesta en escena que, pese a sus cosicas, funcionó razonablemente bien; la sensacional labor del reputado director alemán Willy Decker para Peter Grimes, en una producción del Teatro de La Monnaie de Bruselas tan antigua como eficaz, en la que destaca sobre todo el impecable trabajo de dirección de actores y movimiento escénico y que parece que ha sido adquirida como propia por el Palau de les Arts; y el controvertido pero inteligentísimo y detallista trabajo de Damiano Michieletto en la producción de La Damnation de Faust que cerró la pasada temporada, para esta nueva producción del Palau de les Arts en colaboración con el Teatro Regio di Torino y el Teatro dell’Opera di Roma que obtuvo en Italia el premio Franco Abbiati al mejor espectáculo de 2017.

Mejor dirección musical
Aunque he tenido alguna duda respecto a quienes conformarían esta candidatura, finalmente he optado por aquellos trabajos que me han dejado a la larga mejor recuerdo, así que los tres directores elegidos son: Ramón Tebar, posiblemente lo mejor de Don Carlo, consiguiendo en la orquesta unas sonoridades que recordaban los mejores momentos de la agrupación y con un extremo cuidado a las voces; el norteamericano Christopher Franklin por su labor en Peter Grimes, pese a que en el estreno abusó de volumen y de poca variedad dinámica, en las sucesivas funciones los resultados mejoraron muy notablemente; y un año más aparece aquí el ahora ya único director musical titular de la casa, Roberto Abbado, con su efectiva dirección de La Damnation de Faust, logrando unos resultados muy satisfactorios con brillantez y buena concertación.

Mejor Tenor
En este apartado vuelve a estar presente Gregory Kunde, creo que más que merecidamente, por el magnífico desempeño que llevó a cabo en el complicadísimo papel de Peter Grimes, dotando al personaje de toda su fuerza dramática y con una entrega escénica soberbia; el también norteamericano Michael Fabiano, quien, como Corrado en Il Corsaro, sorprendió al público valenciano con un poderío vocal incuestionable, con una emisión fácil y limpia, de gran volumen, y una voz no exenta de belleza; y, por último, el canario Celso Albelo que en La Damnation de Faust debutó el papel protagonista, yendo de menos a más, y superando el exigentísimo reto con nota muy alta, especialmente teniendo en cuenta los requerimientos escénicos a los que además tuvo que hacer frente.

Mejor Bajo/Barítono
En esta categoría no hemos andado precisamente sobrados esta temporada, pero pienso que merece recordarse el trabajo de los tres finalistas: el bajo ruso Alexánder Vinogradov que tampoco es la primera vez que opta a estos premios, por su papel de Felipe II en el Don Carlo que inauguró la sesión operística pasada, consiguiendo meterse al público en el bolsillo con una voz contundente;  el barítono estadounidense Robert Bork, que compuso un estupendo Balstrode en Peter Grimes, convincente en lo vocal y lo escénico y sabiendo perfilar el personaje en todas sus facetas; y el burgalés Rubén Amoretti, sorprendente Méphistophélès en La Damnation de Faust, donde hizo un derroche espectacular de sabiduría escénica, con una labor actoral sobresaliente y sin que en lo vocal se le puedan hacer demasiados reproches.

Mejor soprano
En este apartado también he tenido dudas de quiénes conformarían las tres candidaturas, pero finalmente os propongo elegir entre: la norteamericana Leah Partridge, quien nos ofreció una Ellen Orford en Peter Grimes para chuparse los dedos, cargada de sensibilidad y emoción, logrando suplir cualquier limitación vocal con una enorme expresividad; riqueza expresiva y canto refinadísimo fueron también protagonistas en la Medora que compuso la jovencísima soprano rusa Kristina Mkhitaryan en Il Corsaro, constituyendo a mi juicio una de las grandes sorpresas de la temporada; y por último, aunque a mí no acabó de convencerme, su indiscutido éxito de público protagonizando Tosca me lleva a traer aquí a la armenia Lianna Haroutounian a la que no se puede negar belleza vocal y riqueza tímbrica, pese a que su canto estuvo huérfano de matices.

Mejor mezzosoprano
Las cantantes que considero que deben disputarse el galardón en esta categoría son: la veterana Violeta Urmana que, como Éboli en Don Carlo, demostró que la pérdida de frescura vocal y problemas en los extremos de la tesitura no son óbice para seguir haciendo gala de una fuerza dramática imponente; un año más vuelve a estas candidaturas la valenciana Silvia Tro, quien salió más que airosa de un papel tan exigente como el Marguerite de La Damnation de Faust, donde no sólo enamoró al protagonista sino también al público de Les Arts; y finalizo con otra de las sorpresas de la temporada, como fue la rusa Margarita Gritskova, en su papel de Sesto en La clemenza di Tito, donde mostró temperamento y belleza vocal, adecuación estilística y una musicalidad y expresividad difíciles de olvidar.

Mejor espectáculo de la temporada
En este apartado, como siempre digo, se trata de premiar aquella producción que, valorada en su conjunto (dirección escénica, musical y solistas), nos haya parecido la ópera más redonda y equilibrada de las que pasaron por Les Arts. Mis candidatas de 2018 a este premio son: Don Carlo, Peter Grimes y La Damnation de Faust.

Pues nada, hasta aquí las candidaturas que he seleccionado este año. Ahora os toca a vosotros votar. Para hacerlo creo que os pedirá iniciar sesión en Google. Gracias por vuestra participación.